<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397</id><updated>2011-10-27T14:56:46.724Z</updated><category term='El Salvador - Honduras'/><category term='Perú'/><category term='Senegal Malí'/><category term='Reino Unido'/><category term='Argentina'/><category term='Pakistán'/><category term='Camboya'/><category term='China'/><category term='Guatemala'/><category term='Mauritania'/><category term='Chile'/><category term='Tailandia'/><category term='Rusia'/><category term='Irlanda'/><category term='Pirineos'/><category term='Alaska'/><category term='Venezuela'/><category term='Canadá'/><title type='text'>Alrededor del mundo</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>33</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-3901869335241572963</id><published>2008-04-13T17:10:00.005Z</published><updated>2008-04-13T18:20:07.144Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reino Unido'/><title type='text'>Heathrow Airport</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJA5wAquUI/AAAAAAAAIdE/ju0e2GGJRUs/s1600-h/Londres04.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJA5wAquUI/AAAAAAAAIdE/ju0e2GGJRUs/s800/Londres04.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188781081568655682" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En noviembre de 1999 volvíamos de un largo viaje por Oriente. Recalamos en Londres camino de Cork, Irlanda. Hicimos tiempo en Heathrow Airport. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Antes de amanecer el avión planeaba sobre una magnífica vista de Londres: el Támesis, el Big Ben, todo iluminado como un enorme nacimiento. Ya estábamos en Occidente; el tránsito de las cultura fijó uno de sus baluartes aquí. Este aeropuerto ayudaba a reflexionar aquella mañana sobre nuestra entidad de occidentales; venimos hablando en los últimos días las bondades de este Occidente al que tan a menudo habíamos cargado con las culpas de todos los males del hombre moderno, aunque de la mano de esa oportunidad para ejercer el propio criterio, para observar preceptos, dejar de obsrvarlo, disfrutar del ocio, hacerse mejor o peor, rezar o no, llevar velos o minifalda y, sobre todo, la oportunidad de decidir en función de la propia fuerza, los deseos cambiantes o los proyectos de vida que a uno se le pueden antojar. Poder cambiar, poder equivocarse, no tener que ir al pairo de un gobierno, una mezquita, una casta. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Habíamos viajado durante medio año adentrándonos en Asia siguiendo la ruta del transiberiano y demorándonos algún mes en China, en Pakistán, Bangla Desh, India, Irán, y abrir los ojos en Heathrow una mañana de otoño era un encontronazo agradable. Respirabamos aliviados después de dejar Irán o Pakistán, o &lt;st1:personname productid="la burocrática China" st="on"&gt;la burocrática  China&lt;/st1:personname&gt; ¿Cómo iba a ser de otro modo después de una semana de vivir en Teherán, comprobar la vigencia de las creencias hindúes, las castas, el fundamentalismo de Pakistán, las mujeres tras el shador?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Algunos valores del Islam permanecen teniendo vigencia en relación con nuestra cultura, pero hay graves dislocaciones en el sistema islámico. Puede ser un cepo para la mujer, santifica a la larga el dominio del uno sobre el otro; posibilita la creación dictatorial de una mano de hierro que se erige a sí misma en interpretadora y mediadora de los deseos de Alá.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJA7AAquWI/AAAAAAAAIdU/RrhOpiK9QrA/s1600-h/Londres07.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJA7AAquWI/AAAAAAAAIdU/RrhOpiK9QrA/s800/Londres07.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188781103043492194" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Aquella madrugada oímos en el avión por primera vez música clásica después de medio año, un violín, un cello, era como respirar un aire nuevo que venía de otro lado de un mundo en precaria evolución; música, literatura, pintura, técnica. Los beduinos viven entre las arenas del desierto, el desierto les conforma; la ciudad también nos conforma a nosotros y posibilita el despertar del espíritu en un medida imposible de alcanzar en otras latitudes; la ciudad como trampolín, en el sentido de que es la misma ciudad, sus posibilidades, la que nos pone en contacto no sólo con la naturaleza y el arte, sino también con la filosofía y los otros sistemas religiosos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJAbwAquQI/AAAAAAAAIck/yR536EuAPu8/s1600-h/Londres02.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJAbwAquQI/AAAAAAAAIck/yR536EuAPu8/s800/Londres02.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188780566172580098" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Apreciar mejor las ventajas de vivir en España, en Occidente, era uno de los resultados de ese largo trasiego por el mundo. Apreciar nuestra cultura, nuestra libertad, nuestra capacidad para quitarnos de encima la tutela católica, la tutela moral, cualquier tutela. Y si tenemos que vivir parcialmente bajo alguna de ellas que sea por nuestra propia iniciativa. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJA6gAquVI/AAAAAAAAIdM/YWqcyeuHqWk/s1600-h/Londres06.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJA6gAquVI/AAAAAAAAIdM/YWqcyeuHqWk/s800/Londres06.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188781094453557586" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y ya puestos a apreciar por qué no seguir valorando lo que tenemos, &lt;st1:personname productid="la gente. Se" st="on"&gt;la gente. Se&lt;/st1:personname&gt; sufre del espejismo de creer que lo que está más allá, detrás del monte, es mejor que lo que tenemos en la parte de acá. Tienen que pasar años para que podamos darnos cuenta de ellos. La tarea está ahí: profundizar en nuestra casa, en nuestra gente, en las relaciones, en las percepciones incluso políticas y sociales que nos llegan a través de los medios de comunicación. No todos, pero sí hay mucha gente trabajando para llevar las cosas adelante; también el partidismo político actúa negativamente en nuestras valoraciones de los que están a uno u otro lado de nuestras inclinaciones políticas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJA7QAquXI/AAAAAAAAIdc/-FNObKJH2f4/s1600-h/Londres08.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJA7QAquXI/AAAAAAAAIdc/-FNObKJH2f4/s800/Londres08.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188781107338459506" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Perdido entre viajeros procedentes de todo el mundo, paseando de aquí para allí en los pasillos atestados, uno sentía que las cosas propias son realmente pequeñas. Sentía una gran sensación de pequeñez. Sin embargo bastaba cerrar los ojos y abrir el cuaderno para que las cosas volvieran a su sitio, para que se volvieran significativas las pocas cosas que pensamos y hacemos. Era agradable encontrarse a uno mismo entre la multitud anónima, los policías armados hasta los dientes, los empleados, las tiendas, los miles de pasajeros de todo el mundo. Después de pasear un rato, me siento: ¡qué alivio encontrarse con ese poquito de si mismo y recuperar la conciencia de ese espacio y sus conexiones! ¡Ya existía un poco más!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Esto también era Occidente, el anonimato, un mundo organizado a la perfección; todos los pasajeros tienen un destino, esperan algo; pasan indiferentes entre otros tal como si lo hicieran entre árboles o piedras. En el aeropuerto todo funciona eficientemente. Todo lo contrario que en algunos de esos países que habíamos atravesado, donde el hecho de que haya muchas cosas que no funcionan deja espacio para los encuentros, los favores, la normalidad para detener a alguien y hacerle una pregunta. ¿Cómo parecería preguntar aquí a alguien por la consigna o los servicios? Imposible, no cuadraría, además de que sería completamente innecesario porque la organización y la eficiencia lo han previsto todo; el mercado marcha ya sobre otras ruedas, los organismos oficiales, la oferta y la demanda ajustan sus márgenes y nadie tiene que vocear en el vestíbulo ¡Cork! ¡Dublín! ¡Delhi! buscando pasajeros para llenar los últimos asientos sin cubrir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJAcQAquTI/AAAAAAAAIc8/yy21EeoaJrk/s1600-h/Londres05.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJAcQAquTI/AAAAAAAAIc8/yy21EeoaJrk/s800/Londres05.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188780574762514738" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me aliviaba ver mi espacio disponible más allá, un asiento, nada de carreras ni apretones; y al rato siguiente, tras una hora de vuelo, Cork y &lt;st1:personname st="on"&gt;Guille&lt;/st1:personname&gt; esperando nuestra llegada; por la tarde podríamos llamar a casa por teléfono. Alivio también de existir en alguna parte, de ser yo, fulanito, no sólo un nombre, ése cuyo nombre está escrito en el billete de avión. Alivio de encontrarme entre los otros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Un rato después volábamos sobre el Reino Unido, había nubes bajas y dispersas y el fondo era de un tono azulado muy suave.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJAbgAquPI/AAAAAAAAIcc/tKttLHNyadQ/s1600-h/Londres01.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJAbgAquPI/AAAAAAAAIcc/tKttLHNyadQ/s800/Londres01.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188780561877612786" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-3901869335241572963?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/3901869335241572963/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=3901869335241572963' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3901869335241572963'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3901869335241572963'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2008/04/heathrow-airport.html' title='Heathrow Airport'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/SAJA5wAquUI/AAAAAAAAIdE/ju0e2GGJRUs/s72-c/Londres04.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-7785964364991470688</id><published>2008-01-25T18:11:00.000Z</published><updated>2008-01-25T18:34:44.050Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alaska'/><title type='text'>Dormir desnudo</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 51);"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;Alaska: el esplendor de los fiordos&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;. Había leído en &lt;i style=""&gt;Memorias del Artico&lt;/i&gt;, de James Huston que el calor circula en el saco de dormir mucho mejor con el cuerpo desnudo. Bien, probemos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 0, 51);"&gt;&lt;a set="yes" linkindex="5" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdwgLAtYhnI/AAAAAAAACXE/V0CrPmk7ufs/s1600-h/Alaska+Seward++nubes+0181aaa+%2B%2B%2B+bbb+ppp10.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdwgLAtYhnI/AAAAAAAACXE/V0CrPmk7ufs/s800/Alaska+Seward++nubes+0181aaa+%2B%2B%2B+bbb+ppp10.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033933857034372722" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt; color: rgb(51, 0, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt; color: rgb(51, 0, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;El coche estaba aparcado a unos pocos metros del agua del McCarthy Fiord en el Parque Nacional de Kenay, Alaska. Llovía. Su salita volante &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;toda la parte trasera del Dodge&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; había sido transformada en dormitorio. No había muchas prisas para levantarse al día siguiente, las nubes flotaban bajas sobre las montañas del fiordo y el día posterior, con toda probabilidad, no habría quien emprendiera el camino del glaciar que queríamos recorrer. Así que tranquilo, una de esas noche sin prisas, la paz de la lluvia, el clap clap del agua golpeando las rocas de &lt;st1:personname productid="la orilla. Me" st="on"&gt;la orilla. Me&lt;/st1:personname&gt; introduje en el saco de dorm&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;ir; está nuevo, el tejidos sintético es suave, sentía la caricia mórbida del plumón. Me estiro dentro, acomodo la cabeza en la almohada &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;un vieja prenda de abrigo, también de plumón&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; y busco la posición exacta para mi espalda sobre el aislante. Ya está. Siguen unos minutos de silencio, es un momento importante todos los días, el final de largas horas de viaje; recuerdo alguno de los lugares por los que hemos atravesado hoy, la hora de la comida en un claro del bosque, junto a un lago, la partida de ajedrez, algunos versos sueltos; la carrera de la mañana, esa media hora que me deja el cuerpo listo para el resto del día, el rato de &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;estiramientos con el sudor cayéndome sobre el regazo, el dolor de los gemelos y los músculos dorsales cuando los fuerzo tratando de alcanzar con las manos el suelo a mis espaldas; y también viene a mi memoria el baño con el agua del bidón... (métodos rudimentarios para viajeros de presupuesto bajo. Alaska es el país más caro del mundo) mi cuerpo desnudo al aire frío de la mañana, relajado, flexible, como recién estrenado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt; color: rgb(51, 0, 51);"&gt;&lt;a set="yes" linkindex="6" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdwgKwtYhlI/AAAAAAAACW0/dR1jhWmRk8E/s1600-h/Alaska+Seward+0181aa8.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdwgKwtYhlI/AAAAAAAACW0/dR1jhWmRk8E/s800/Alaska+Seward+0181aa8.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033933852739405394" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt; color: rgb(51, 0, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt; color: rgb(51, 0, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;Continúa lloviendo, oigo la suave respiración de ella a mi lado. Repaso algunas de las cartas que recogimos en el cíber por &lt;st1:personname productid="la ma￱ana. El" st="on"&gt;la mañana.  El&lt;/st1:personname&gt; mundo está en paz, las cosas siguen su ritmo. Hay un calor que empieza a subirme despacio desde el fondo del saco. Me llevo las manos a las piernas y las hago subir por los muslos. Me admira la suavidad de mi cuerpo, allá, lentamente, donde una hermosa curva nace, se alza, se describe un gran arco y se desparrama graciosa y solemne el final de &lt;st1:personname productid="la espalda. Repito" st="on"&gt;la espalda. Repito&lt;/st1:personname&gt; la caricia, cierro los ojos, ¿habrá algo más armónico, más dulce, más sensual que esta parte de mi cuerpo?, me digo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt; color: rgb(51, 0, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;Oigo el motor de un coche sobre la pista de tierra; todo está oscuro y quieto. ¿Cuántas veces será necesario que repitamos nuestras caricias? ¿Cuántas veces bajaremos a bañarnos en este río de nuestro cuerpo a lo largo de nuestra vida? Hoy siento como si lo hubiera abandonado por una temporada, le oigo tenso todas las mañanas sobre el asfalto o los caminos, lo beso, pero a veces se me olvida acariciarlo y decirle te quiero. Es necesario que venga una noche como ésta y tenga que encontrármelo ahí, entre mis manos ociosas, para darme cuenta de su presencia, de su extrema suavidad, de la gran cantidad de ternura y placer que sus valles, sus rincones, su piel estremecida, pueden encerrar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt; color: rgb(51, 0, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;Oigo el lejano ruido de un generador eléctrico, recuerdo algunos nombres cariñosos con que bauticé alguna parte importante de mi cuerpo: mi volcancito, era uno de ellos, eso fue en Manchuria, también aquella una hermosa noche como ésta, estábamos de cumpleaños aquel día, fuera había el trajín de la gente, hacía un calor intenso que caía a plomo sobre todo el país; un gran ventilador agolpaba ráfagas de aire sobre mi desnudez, &lt;/span&gt;&lt;a set="yes" linkindex="7" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdwgLQtYhoI/AAAAAAAACXM/AUL7eyAOjM4/s1600-h/Alaska+Seward++nubes+0182aaa+%2B%2B%2B+UUU+bbb9.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 389px; height: 552px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdwgLQtYhoI/AAAAAAAACXM/AUL7eyAOjM4/s800/Alaska+Seward++nubes+0182aaa+%2B%2B%2B+UUU+bbb9.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033933861329340034" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;lo templaba y lo hacía &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;convulsionarse cuando el aire y mis &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;caricias lo tocaban. El ronroneo del ventilador de entonces y el cercano generador son los pilares sobre los que se tendía esta noche el puente de plata de una caricia interminable al borde siempre del colapso.&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; Despiertan poco a poco los recuerdos a&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;gradecidos de aquella tarde de caricias. Me recojo devotamente sobre sí, me acurruco en mi calor, traigo livianamente el recuerdo de mi amiga lejana, el de ese cuerpo que duerme a mi lado. Cuerpos, el mío, el vuestro, cuerpos todos, derroche de vida, esplendor de la naturaleza, belleza, armonía, cálida sensualidad. Como un fulgor la espera demorada, la vibración de mis músculos, el contacto cálido uno a uno de cada centímetro de mi piel, su pecho, sus pezones, mi estómago, el reino de lo innombrable, el santuario en donde la ternura y el sofisticado arte de quererse acuden para rendir homenaje ferviente a la vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt; color: rgb(51, 0, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;Cierro los ojos, pongo los pies sobre el asiento trasero del coche, mi cuerpo queda tendido como entre dos piedras sobre la corriente del río. Mis manos buscan ahora ansiosas la superficie suspendida de mis nalgas hasta arrancarles débiles gemidos a mi garganta; tocan con temblor estremecido la mata de pelo entre las piernas, se abrazan mis manos con el tesoro entre los dedos, lo miman, lo besan, lo calman. Hay una humedad dulce en mi pequeño cráter, un delgado hilo de semen se columpia entre mis dedos, lo llevo a mi boca, lo suspendo de mi lengua, cierro con más fuerza mis ojos. Como si de una lupa se tratara intento concentrar todas mis fuerzas en mi cuerpo, tendido como un arco a punto de quebrarse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style=""&gt;Sí, llueve. La ronca sirena de un barco se expandía por el aire. Las montañas, los glaciares, la lluvia, la orilla rocosa del fiordo repetían el lastimero bramido nocturno mientras la cosa pequeña de mi cuerpo, suave, pausadamente, se mecía en el extremo caliginoso de una caricia a punto de sumirse en el sueño.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-7785964364991470688?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/7785964364991470688/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=7785964364991470688' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/7785964364991470688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/7785964364991470688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2008/01/dormir-desnudo.html' title='Dormir desnudo'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdwgLAtYhnI/AAAAAAAACXE/V0CrPmk7ufs/s72-c/Alaska+Seward++nubes+0181aaa+%2B%2B%2B+bbb+ppp10.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-3575421080370715729</id><published>2008-01-25T18:10:00.002Z</published><updated>2008-01-25T18:35:00.939Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Canadá'/><title type='text'>Ir a ochenta</title><content type='html'>&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Ir a ochenta era una buena velocidad esa mañana, las suaves pendientes de la isla de Vancouver se dejaban acariciar en las primeras horas del viaje. Sí, era Serrat el que cantaba, que también acompañaba ello. El cuerpo templado, los músculos frescos y distendidos. La aguja no pasaba de ese número, estacionada, como una nube perezosa contemplando el paisaje. Miraba de vez en cuando en el retrovisor, uno, dos coches; de tanto en tanto &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;alguno aprovechaba una recta para adelantar, pero era raro, seguían dócilmente a una discreta distancia los pasos del Dodge; apacibles, tranquilos. No había prisas, pocos aparentaban tener prisa en este país.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a set="yes" linkindex="12" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rdc41Gf85TI/AAAAAAAACQg/B7ePa3meY5A/s1600-h/Ir+a+ochenta+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 396px; height: 611px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rdc41Gf85TI/AAAAAAAACQg/B7ePa3meY5A/s800/Ir+a+ochenta+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5032553593538667826" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Surgió en medio de la apacible velocidad, ahí estaba, menuda, con los ojos brillantes, colgando todavía de ellos un resquicio de sueño. Los brazos al aire, el pelo recogido, el suave vello del cuello entre sus brazos. Cuídate. Había una luz mate e impersonal en el aire. Era un recuerdo bonito en medio de esos ochenta por hora de esa mañana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Y me imaginaba esos ochenta ya siempre, todo un símbolo, quien sabe si parte ya de un sistema de vida que supiera adaptar su velocidad al promedio de esa mañana. Esta gente del norte parecía moverse bien a esta discreta velocidad; parar en el stop, mirar concienzudamente, arrancar despacio, dar descanso al acelerador... disfrutar del paseo, complacerse en el camino, gustar la demora, el retardo, la contemplación del paisaje y de los pensamientos. Y después fue la voz de mi novia al otro lado del océan&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;o, el deseo de oír; pero las palabras eran pobres para expresar estas cosas. Hoy no apetecía de palabras bonitas, quería recrearse en la seriedad de la amistad, en un afecto adusto y consistente donde cantar no fuera una necesidad nacida precisamente de un momento de especial alegría. Que no fuera necesaria una sonrisa, que no hubiera necesidad de hablar, que únicamente el contacto de las manos o la certeza de la proximidad fueran los testigos mudos de un afecto. Nada de grandes palabras, nada de emotivas efusiones, reencontrarse en el silencio, en la breve mirada.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Entre los árboles se abría de tanto en tanto un espacio que se prolongaba en los reflejos del mar y en las concavidades de &lt;st1:personname productid="la costa. Mantener" st="on"&gt;la costa. Mantener&lt;/st1:personname&gt; los ochenta, esa era &lt;st1:personname productid="la consigna. No" st="on"&gt;la  consigna. No&lt;/st1:personname&gt; permitir la presencia enloquecida de un futuro siempre en ciernes. Ceñirse al siseo monótono de los neumáticos, sumergirse, despertar al hombre bueno de los versos de Machado vibrando en las cuerdas vocales de Serrat. Es pronto, no corras, me oía decir, atrapa ese instante, ochenta, ochenta, no más... y rodar, rodar carretera adelante hasta que se acabe la tierra, hasta que se acabe el tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Veníamos del mundo de las prisas y no era fácil creerse la inutilidad de una marcha forzada. El placer de los ochenta... La vieja furgoneta de casa... también ella podía aprender... construir allí también una salita-comedor-dormitorio a ras de suelo, como en el Dodge. Parar junto a los ríos, sobre los rastrojos, en los bosques. Sí, parar, que dé tiempo a mirar, a adormecerse junto al motor caliente, a refugiarse de la lluvia bajo el cantarín repiqueteo del agua, a dormir en el medio de la tierra que cruzábamos. Y de vez en cuando emprender la marcha de nuevo; a ochenta, no más; a ochenta, hasta que yo, ellas, todos, hayamos completado nuestro ciclo vital y tengamos que ir a reposar bajo esa tierra que en vida dedicamos a surcar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a set="yes" linkindex="13" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rdc4QWf85QI/AAAAAAAACP4/Vmhc6mNqOGI/s1600-h/Ir+a+ochenta+2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rdc4QWf85QI/AAAAAAAACP4/Vmhc6mNqOGI/s800/Ir+a+ochenta+2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5032552962178475266" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Seis de agosto. Ese era el ambiente en el interior del living-room carretero que se desplazaba esa mañana (mañana-tarde porque el inevitable transnocheo del día anterior no dio para madrugar, aunque sí para correr y compartir el baño con un puñado de ranas) por la isla camino de las montañas del interior. La tarde correspondió pasarla junto a un lago de cuyas orillas despuntaban juncales. Logramos colocarnos a un metro del agua. Así que parada, fonda y buenas noches. Me esperaba el ya avanzado tomo de &lt;/span&gt;Lord Jim&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, la escritura diaria. También Victoria deseaba utilizar el portátil, que ya no se apaña, decía, con el boli, que vamos a tener que pensar en ir adquiriendo otro ordenador mientras sigan adelante las ganas de la escritura.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Sí, ya sé, demasiado despacio, ¿qué quiero decir con todo esto? nada; y es que se hace lo que se puede, no hay manera de estar a todo, el tiempo sólo tiene una dimensión. Ya conocemos la consigna de hoy, ochenta por hora, ni uno más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a set="yes" linkindex="14" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rdc4Qmf85RI/AAAAAAAACQA/AWpVj1sZOE8/s1600-h/Ir+a+ochenta+3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rdc4Qmf85RI/AAAAAAAACQA/AWpVj1sZOE8/s400/Ir+a+ochenta+3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5032552966473442578" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;Imágenes: Monte Robson (Canadá); Calgary (Canadá)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-3575421080370715729?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/3575421080370715729/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=3575421080370715729' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3575421080370715729'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3575421080370715729'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2008/01/ir-ochenta.html' title='Ir a ochenta'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rdc41Gf85TI/AAAAAAAACQg/B7ePa3meY5A/s72-c/Ir+a+ochenta+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-5370371765143173766</id><published>2008-01-25T18:10:00.001Z</published><updated>2008-01-25T18:35:21.099Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alaska'/><title type='text'>Una pequeña hecatombe</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Circulábamos por Alaska, al norte de Anchorage. Los vi por el retrovisor, unas lucecitas, roja, azul y ámbar&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; encendiéndose y apagándose como en una feria. Miré el cuenta kilómetros, no estaba mal, ciento veinte, reduje no obstante la velocidad hasta quedar en ciento y un poquito; las lucecitas se me seguían acercando, no muy deprisa pero ya estaban como a diez metros, reduje algo más la velocidad esperando que me sobrepasasen, pero tardaban mucho; al final sí, al final noté que se me ponía a la misma altura.&lt;/span&gt;&lt;a set="yes" linkindex="19" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rc0Q6Wf83VI/AAAAAAAAB7E/0ZUbYFms9UA/s1600-h/_Sonrisa+2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rc0Q6Wf83VI/AAAAAAAAB7E/0ZUbYFms9UA/s800/_Sonrisa+2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5029694953500761426" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; Ya estaba claro, seguro que querían algo, piso el freno, me voy hacia el arcén y detengo el coche. Tenía una pinta mosqueadísima el poli, como quien se acerca muy atento previendo un movimiento inesperado por parte de un desmadrado conductor, o acaso un terrorista. Unas millas más atrás había una limitación de velocidad, yo estaba circulando veinte millas por encima del cartel. &lt;i style=""&gt;I'm sorry I was not concius about that&lt;/i&gt;. Mi inglés macarrónico ya le debió de poner al poli sobre la pista de que ese individuo no era un tipo peligroso. Su actitud se hizo algo más amable, el poli pareció más relajado; nada de terroristas a la vista, parecía decir su expresión. Me pidió todos los papeles y se retiró a su coche; un rato después &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;por medio seguro que una larga consulta con el centro de alguna base de &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;datos policial de individuos sospechosos de &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;atentar contra tío Sam&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; vuelve con la papeleta y sus documentos. Una multa, tenía que girar un cantidad, mediante un cheque, a determinada dirección. Le preguntó cómo o dónde podía hacer una reclamación, &lt;i style=""&gt;to claim&lt;/i&gt;, repetía yo, pero el poli no entendía, con una amabilidad aterrizada desde el peligro eminente anterior, levantaba los&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; hombros a modo de disculpa por no entender. Nos despedimos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Y comenzó ahí, mientras el coche ascendía suavemente las curvas de una loma -eso sí, el automatismo de la velocidad a cincuenta y cinco millas por hora, ni una milla más-&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;jalonada de abetos, mi... ¿cómo diría? mi... no sé, mi deportación de este planeta; un niño chico perdido en un mundo de gente grande y alta que mirara co&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;n recelo a las pequeñas y hurañas criaturas de su entorno. Chico yo hasta enrojecer, sin voz, encogido en mí mismo, quizás como un criajo pillado en una fechoría inconsciente que ha podido provocar algún tipo de catástrofe planetaria. No te perdonamos, vaga por ahí; fuera de nuestra presencia. Y yo me encogía y me encogía bajo la pesadilla de la reciente aparición de la policía en mi vida, y veía pasar los árboles y notaba que la voz no me llegaba a las cuerdas vocales y fui consciente de que si alguien se dirigiera en ese momento a mí iría derecho a meterme deb&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;ajo del asiento del coche. Pero me armé de valor, me dije: esto no pued&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;e ser, y agarré el volante con más fuerza mientras vigilaba el cuenta kilómetros; intenté componer mi cara, llenarla de seguridad... pero fracasé estrepitosamente. Seguro que si no hubiera sido porque&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; iba acompañado habría parado el coche y me habría hecho un autorretrato; me hubiera gustado saber cómo se sostenía ese careto encima de mis hombres, qué aspecto tenía cuando le sucedían estas pequeñas&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; hecatombes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;a set="yes" linkindex="20" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rc0Q52f83UI/AAAAAAAAB68/vqbDwKfDcYM/s1600-h/_Sonrisa+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rc0Q52f83UI/AAAAAAAAB68/vqbDwKfDcYM/s800/_Sonrisa+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5029694944910826818" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;El coche siguió ascendiendo como suspenso en el espacio y en el tiempo; la pequeña hecatombe se amansaba dentro de mí, se acurrucaba en el regazo como un niño al que hubieran dejado en mitad de la calle en pleno invierno; y mi regazo desprendía calor, lo acunaba, lo estrechaba entre sus brazos. La hecatombe se adormecía, empezaba a soñar que aquello era un sueño, que dentro de un poquito se despertaría y todo sería normal, los chicos serían chicos y los grandes, grandes; pero nada más, unos y otros jugarían a seguir dando patadas a la pelota, pero nada más. No será como en esa pesadilla en donde uno pierde las piernas o en donde hay una fuerza atroz e invisible que nos agarra la camisa por detrás y no nos deja andar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;a set="yes" linkindex="21" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rc0Q6mf83XI/AAAAAAAAB7U/20j7bdpb17Y/s1600-h/_Sonrisa+4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rc0Q6mf83XI/AAAAAAAAB7U/20j7bdpb17Y/s800/_Sonrisa+4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5029694957795728754" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;Pero mientras, mi cabeza se sobresaltaba y decía: no, el poli era malo, su máquina de medir velocidades debía de estar estropeada; a ver, que me enseñen un certificado como que esa máquina funciona correctamente. Y una lucecita dentro de mi cabeza añadía: eres gilipollas, tío, ¿no ves que está muy claro, que ibas a setenta y cinco millas la hora y la señal decía que no se podía ir a más de cincuenta y cinco? Y entonces, ante este nuevo embate, el chiquitito que estaba dentro de mi torcía el gesto y volvía a esconderse debajo de la mesa tozudo y resentido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Una larga recta, unos lagos preciosos a la derecha en donde se reflejaban unas gordas nubes: frené, a ver si cambiando de posición, haciendo una foto, aflojaba un poco esto de &lt;st1:personname productid="la hecatombe. Salí" st="on"&gt;la hecatombe. Salí&lt;/st1:personname&gt;, tomé la máquina, apliqué el filtro amarillo &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;perfecto este filtro para esas nubes que se pasean por encima de las montañas&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; y disparé. Volví al coche, esto va mejorando me dije, una horita y todo ha pasado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Aparece entonces un cartel en la carretera: &lt;i style=""&gt;Cambio de huso horario, adelante su reloj en una hora&lt;/i&gt;; otro, &lt;i style=""&gt;Wellcome to Canada&lt;/i&gt;. El poli de la frontera nos recibe con un agradable, Hallo! Le doy los pasaportes, intercambiamos algunas palabras corteses, nos despedimos: ¡gente simpática esta del norte!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Poco más allá comienza a llover, mi pequeña hecatombe va disolviéndose poco a poco en el agua que repica tranquila, apaciblemente en la chapa del automóvil.&lt;/span&gt;&lt;a set="yes" linkindex="22" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rc0Q62f83YI/AAAAAAAAB7c/LoD4XtO03u0/s1600-h/_Sonrisa+5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rc0Q62f83YI/AAAAAAAAB7c/LoD4XtO03u0/s800/_Sonrisa+5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5029694962090696066" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;a set="yes" linkindex="23" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rc0T5mf83ZI/AAAAAAAAB74/PC2ITIxTjQA/s1600-h/cabecera+b.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 870px; height: 10px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rc0T5mf83ZI/AAAAAAAAB74/PC2ITIxTjQA/s400/cabecera+b.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5029698239150742930" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-5370371765143173766?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/5370371765143173766/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=5370371765143173766' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/5370371765143173766'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/5370371765143173766'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2008/01/una-pequea-hecatombe.html' title='Una pequeña hecatombe'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rc0Q6Wf83VI/AAAAAAAAB7E/0ZUbYFms9UA/s72-c/_Sonrisa+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-3143879189274768582</id><published>2008-01-25T18:08:00.001Z</published><updated>2008-01-25T18:35:42.379Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alaska'/><title type='text'>Lavar la ropa</title><content type='html'>&lt;h3 class="post-title entry-title"&gt; &lt;a set="yes" linkindex="26" href="http://escritosdeviajes.blogspot.com/2007/02/lavar-la-ropa.html"&gt;
&lt;/a&gt; &lt;/h3&gt;   &lt;p&gt;&lt;a set="yes" linkindex="27" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RchbnjVOgsI/AAAAAAAAB1g/4_aRsNPJACA/s1600-h/lavarlaropa3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RchbnjVOgsI/AAAAAAAAB1g/4_aRsNPJACA/s400/lavarlaropa3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5028369719016456898" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Hoy tocaba lavar &lt;st1:personname productid="la ropa. Recorríamos Alaska" st="on"&gt;la &lt;/st1:personname&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;st1:personname productid="la ropa. Recorríamos Alaska" st="on"&gt;ropa. Recorríamos Alaska&lt;/st1:personname&gt; por una carretera que nos llevaría a las montañas de McKinley. Pero mientras tanto no teníamos prisa. Montamos nuestro campamento base en la orilla de un gran río desde donde las grandes cumbres cubiertas por el hielo asomaban de vez en cuando entre las nubes. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Después de la carrera matinal, el baño, el desayuno frente al gran río, bajé a lavar la ropa a la orilla del gran río. Me gustaba lavar &lt;st1:personname productid="la ropa. Recordaba" st="on"&gt;la ropa.  Recordaba&lt;/st1:personname&gt; montones de ocasiones metido en estos menesteres en lugares dispares del mundo. El más exótico en el desierto argelino. Mis hijos, los mellizos, tenían un año, &lt;st1:personname st="on"&gt;Guille&lt;/st1:personname&gt;rmo cuatro; colgaba un bidón de la rama de un árbol en un oasis, conectaba un trozo de manguera con una llave de paso en el extremo y... a lavar se ha dicho. Con diez litros de agua lográbamos hacer la colada de los cinco. Mientras lavaba la ropa, un poco de jabón aquí, un restregón allá, una mancha de grasa, un palomino, un cuello con mucho roce, los pensamientos volaban apacibles de un lado para otro. A veces entretenía el rumor del agua, como era el caso de hoy, otras era la calma plana de un lago en el que iban formándose pequeñas onditas mientras mi trabajo seguía adelante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;a set="yes" linkindex="28" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rchb1TVOgtI/AAAAAAAAB1o/gOI7BMZjkZc/s1600-h/lavarlaropa4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rchb1TVOgtI/AAAAAAAAB1o/gOI7BMZjkZc/s400/lavarlaropa4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5028369955239658194" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;Cuando lavaba la ropa una calma chicha se extendía a mi alrededor. &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;Restregaba unos calcetines y ya no existía en el mundo más que ese calcetín y el bamboleante ir y venir de mis pensamientos, un trajín agradable que tenía la música de una paz tranquila. Ahora eran unas bragas, un chorrito verde de lavavajillas —que no hay otra cosa esta mañana para el caso—, se toma la prenda con la mano izquierda, se cierra el puño, se deja medio palmo libre, se cierra el otro puño y nudillo contra nudillo, frac, frac... y me enfrascaba en un diálogo inacabable: &lt;st1:personname st="on"&gt;Guille&lt;/st1:personname&gt;, ya podía escribir, ni un sólo correo en toda la semana; no, no, esta noche debí soñar con él pero no me acordaba. Mira que ha crecido Mario; parece como si fuera otra persona. Le daba un poco al elástico de la cintura y volvía a repasar la prenda, la restregaba de un extremo a otro. La estrujaba, la retorcía y la ponía a la izquierda sobre un tronco caído que estaba semienterrado en &lt;st1:personname productid="la arena. Miro" st="on"&gt;la arena.  Miro&lt;/st1:personname&gt; al agua del río, era un agua espesa; junto a la orilla un montón de troncos viejos habían quedado atrapados en el légamo del fondo. La colada hoy sólo se componía de&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;calzoncillos, bragas y calcetines. Asomaba entre el agua verdemarrón del barreño uno de esos calcetines que tienen el número de la talla en &lt;st1:personname productid="la planta. Nunca" st="on"&gt;la planta. Nunca&lt;/st1:personname&gt; lavé tantos calcetines en los viajes; esta novedad se debía a ese empeño en empezar el día corriendo media horita. Un poco de jabón, no, no hacía falta, el agua estaba suficientemente jabonosa, pensaba en mi novia ¿seguirá corriendo cada mañana? pensaba, casi seguro que no, bueno, acaso los días que esté de humor, el día de su última carta seguro que no corrió, ¿por qué será tan poco sistemática para estas cosas? no hay quien le haga entender lo importante de ciertas disciplinas. Lo guapa que estaba aquel primer día que corrimos juntos por el pinar, se le veía como que estrenaba un juguete el día de Reyes, ¡qué mujer tan difícil a veces!, sus famosos fines de semana, sus interpretaciones tremebundistas de algunos hechos baladíes; no, no lo tiene fácil de todos modos. Je, je, el día de la Galana fue un bonito día, después disfrutaba como una niña arrastrando el culo por la nieve... y ese cansancio que le doblaba las piernas cerca del coche. Hemos pasado ya momentos muy bonitos, continuaban mis divagaciones. Seguro que si no fuera tan tonta me haría más caso, debería tomarse a su cuerpo y a su espíritu con más seriedad. Y volvía ahora un calcetín de Victoria —un 35-38 en la planta—, estaba bien esto de los numeritos, si no menudo lío en una familia de corredores, pensaba. Y después era &lt;st1:personname st="on"&gt;&lt;st1:personname st="on"&gt;Lu&lt;/st1:personname&gt;cía&lt;/st1:personname&gt;, mi hija, ¿cómo le irá con sus nervios de campamento? Otra que se había hecho grande. Ahora tocaba unos calzoncillos de esos de dibujitos rosas más viejos ya que Matusalén, se veía &lt;/span&gt;&lt;a set="yes" linkindex="29" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RchbnTVOgrI/AAAAAAAAB1Y/A8LjsiwJZEw/s1600-h/lavarlaropa2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RchbnTVOgrI/AAAAAAAAB1Y/A8LjsiwJZEw/s400/lavarlaropa2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5028369714721489586" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;en seguida que el dueño de esta prenda era un poco guarreras, pensaba, está a la vista, que por sus calzoncillos los conoceréis, como cuando atravesábamos el Pirineo con los niños y le decíamos a &lt;st1:personname st="on"&gt;Guille&lt;/st1:personname&gt; que su macuto era el espejo del alma, todo en equilibrio inestabilísimo, desplomado, de cualquier manera, daba igual. En casa, no sabía bien por qué, siempre le tocó poner la lavadora y tender. A la vista estaba, lo de él siempre lo más, sí, lo más guarreras, y como, además, en casa pasaban de lejía y todo se lavaba junto y de cualquier manera, pues eso, que la colada en la cuerda ya daba datos sobre la identidad de cada uno ...Y que no se te ocurriera tender mal una camiseta de &lt;st1:personname st="on"&gt;&lt;st1:personname st="on"&gt;Lu&lt;/st1:personname&gt;cía&lt;/st1:personname&gt;, por ejemplo... que la bronca ya te había caído encima. En fin sigamos con el calzoncillo de dibujos rositas. Apuntó un&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;poco de sol entre las nubes, ¡cabrón!, un mosquito metió su trompeta en mi brazo, además se manchó de jabón el pantalón al largarle un manotazo. La culpa era mía por no darme repelente, millones de mosquitos siempre por todas partes... y es que dejaba una pasteta encima que daba pena y, más, después del baño de hace un rato; tan limpio y fresco, echarse ese potingue encima me dejaba otra vez hecho un pringue. Un chorrito verde, frac, frac, frac y se me representaba como en un cinematógrafo un montoncito de rostros de mi novia, la cara de éxtasis de cuando se le aparecía la virgen; bonito ahora el chocolate claro del río bañado de sol; su rostro meloso de chica buena, la seriedad de circunstancias, ese otro de desconfianza, que no estaba seguro que fuera de desconfianza; el miedo, un ruido inesperado, su sonrisa del camino, su ternura. ¡qué complicado era a veces eso! Oí a Clara desde más arriba, ¿Te queeeda mucho?, gritaba desde lo alto del talud.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;¡Doooos preeendas!, contesté yo. ¡Voy calentando la leche!. ¡Vale!. Ahora era un calcetín 39-42. Me estaban entrando ganas de quedarse allí, desayunamos, tendemos la ropa y cuando se seque, al final de la tarde, o acaso mañana, nos vamos, maquiné. No tiene por qué haber prisa y así, mientras, leo un rato, escribo, miro lo que dice &lt;st1:personname productid="la guía. Pasé" st="on"&gt;la guía. Pasé&lt;/st1:personname&gt; la mano por el fondo del barreño, se acabó. La verdad es que está bien esto de lavar &lt;st1:personname productid="la ropa. Me" st="on"&gt;la ropa. Me&lt;/st1:personname&gt; gusta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;a set="yes" linkindex="30" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RchbnDVOgqI/AAAAAAAAB1Q/8Xo9v0mlVRI/s1600-h/lavarlaropa1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RchbnDVOgqI/AAAAAAAAB1Q/8Xo9v0mlVRI/s400/lavarlaropa1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5028369710426522274" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;Le cogimos gusto al lugar, nos tomaron el día entero para recrearnos frente al río. Fue el primer día de mano sobre mano, la voluminosa lentitud del agua continuaba allí, a mis pies. Durante el día se fue aclarando el cielo hacia el oeste y apar&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;ecieron por encima de la línea de abetos de la orilla opuestas las majestuosas montañas del Monte Logan, una hermosa cordillera que sigue la línea de &lt;st1:personname productid="la costa. Al" st="on"&gt;la costa. Al&lt;/st1:personname&gt; final de la tarde, el espectáculo, en un momento en que levanté la vista del tablero de ajedrez, se había abierto completamente hacia el sur, dos enormes montañas apuntaban esta vez en el centro de la llanura por encima de la corriente del río, las cumbres del McKinley estaban ahí para recreo de la vista; atardecía, las montañas se vestían con los colores aterciopelados del crepúsculo. La colada ya estaba toda seca.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-3143879189274768582?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/3143879189274768582/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=3143879189274768582' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3143879189274768582'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3143879189274768582'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2008/01/lavar-la-ropa.html' title='Lavar la ropa'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RchbnjVOgsI/AAAAAAAAB1g/4_aRsNPJACA/s72-c/lavarlaropa3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-6314366360389932189</id><published>2008-01-25T18:06:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:32:07.751Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Salvador - Honduras'/><title type='text'>Viajar</title><content type='html'>&lt;a name="1365499267743153370"&gt;&lt;/a&gt;    &lt;p&gt;&lt;a linkindex="36" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RccFMjVOgpI/AAAAAAAAB1E/Fw-SDOdICE4/s1600-h/Deviaje+5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RccFMjVOgpI/AAAAAAAAB1E/Fw-SDOdICE4/s400/Deviaje+5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5027993222183289490" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;     &lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EL SALVADOR – HONDURAS&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;.&lt;/span&gt; Entre Ocotepeque y Tegucigualpa. Ojos hinchados de mañana temprana de viaje. Vida corriente a la puertas de las casas, estudiantes con mochila; pasa un viejo con un machete de medio metro colgando del cinto; pero nada del dorado madrugón de las estaciones de tren de la India de un invierno lejano que hoy añoro. En el fresco de la mañana suenan algunas bocinas, el cielo es claro,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style=""&gt; plano; después será todavía más plano, y cada vez, durante el día costará más encontrar la belleza nueva de un mundo diferente porque los colores y los semblantes tempranos de un invierno de Oriente pertenecen a un pasado difícil de reencontrar (¿o quizás no?). El invierno dorado aquel estaba hecho de dormir difícil y compartir exiguos espacios de maleteros, de sensaciones agolpadas en el alma y acrisoladas por las mixturas de las luces, el sudor de los cuerpos o el aroma de las flores. Es verdad, nunca más existió viaje como aquel del Ganges y la costa del golfo de Bengala camino de Mysore; nunca, ni los ojos, ni los niños, ni la aurora pudieron repetir su pequeño esplendor frente a mí con tal derroche de generosidad. ¿Qué ciudad sería aquella en que amaneció mi cuerpo roto en medio de un gentío, de saris, maletas, bultos, voces, con los rayos primeros del sol cayendo sobre la humanidad del vestíbulo de la estación como sobre el atrio de una catedral medieval; el sol ambarino, padre de la tierra, madre amable que venía a calentar el cuerpo entumecido de los mendigos y los viajeros?&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;  &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;a set="yes" linkindex="37" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RcYNOzVOfVI/AAAAAAAABk0/yGqGogPdcZQ/s1600-h/Deviaje+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RcYNOzVOfVI/AAAAAAAABk0/yGqGogPdcZQ/s400/Deviaje+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5027720581954305362" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a set="yes" linkindex="38" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RcYNPDVOfXI/AAAAAAAABlE/3ObptVAFI0A/s1600-h/Deviaje+3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RcYNPDVOfXI/AAAAAAAABlE/3ObptVAFI0A/s400/Deviaje+3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5027720586249272690" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-size:100%;color:black;"  &gt;Deberé volver a Oriente, el polvillo de oro flotando en el crucero, como en un templo, de la estación; los ojos de una niña que fotografié; los montoncitos de azafrán y canela; los colores de las frutas tropicales; los panales tronzados, chorreantes de miel tornasolada. No existe país alguno similar. El mundo fue de blanco y negro hasta que los dioses inventaron los colores y decidieron derramarlos por las ciudades de la India; Shiva, la de los múltiples brazos, cubrió de sangre y azafrán el ara donde dormía el linga, colmó de flores los templos, regaló los tintes del otoño en que vivían los dioses a las ciudades, los derramó por las madrugadas de todo el país.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;color:black;"  &gt;Mucho en la vida es volver a ayer, a los momentos fugaces que tuvimos la suerte de encontrarnos; momentos magníficos de gracia, de emoción contenida bailando en el pecho. Volver para saber que aún es posible, que las mañanas y las tardes pueden todavía rozar la presencia divina de lo que buscamos; podemos esperar, provocar, ir tras el momento en que nos encontraremos con ese nosotros mismos que se nutre de los regalos esporádicos de los dioses: en la selva, el río despertando de la noche con su alfombra blanca bajo los árboles, el vapor de la tierra flotando perezoso entre las garras robustas y mortales del matapalo, entre los espinosos troncos de las ceibas; en la ciudad, la pátina del tiempo, el trajín de la vida y la muerte, como en Varanasi, los restos de un tiempo ido, los muros y las fachadas de decadentes palacios, calles, como fruta en agraz, que sólo los años y el tiempo transforma, como venecias en ciernes, en herrumboso y delicado lienzo en que apagar nuestra sed de ver y guardar, la honda emoción de lo que el hombre crea y la naturaleza bautiza; en la montaña, la ladera calma, dormida, intemporal, junto al tintineo de las hojas del bosque, el salvaje derrumbe de un cielo de tormenta, la seda azul acostada entre la calina añil del valle, la noche magnífica, profunda como un pozo en cuya hondura titilan las estrellas; en el mar, donde el agua besa la arena cerca de nuestros sacos de dormir que nos protegen del frío de la madrugada, el beso de la brisa que aligera nuestro sueño y nos hace abrir los ojos para decirnos que estamos vivos, que el mar, el viento, la arena, las gaviotas revoloteando a nuestro alrededor certifican que estamos vivos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" face="trebuchet ms" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;a set="yes" linkindex="39" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RcYNPDVOfWI/AAAAAAAABk8/M9DByxI2L1k/s1600-h/Deviaje+2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RcYNPDVOfWI/AAAAAAAABk8/M9DByxI2L1k/s400/Deviaje+2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5027720586249272674" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-size:100%;color:black;"  &gt;Viajamos hacia Tegucigalpa, Tegu, que dicen aquí. Viajar, camino duro tantas veces, búsqueda. Ir al encuentro de las armonías, las estructuras, los colores, las formas, las texturas; abrir los ojos, husmear tras la poesía de los caminos, el calor multitudinario o silencioso de las calles. El alma de los viajes no aparece en las guías, yace escondida tras la esquina de cualquier calle, agazapada en las horas privilegiadas del alba; te tropiezas con ella sin buscarla, basta con estar atentos, vigilar ese tránsito por la tierra para que no se escape eso que estuvo ahí esperándote durante mucho tiempo, a ti, sólo para ti: realidad multivalente de muchos brazos, tronco de muchas ramas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" face="trebuchet ms" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;color:black;"  &gt;Y soñar. Y recordar, mientras el bus atraviesa las montañas, mientras suben y bajan pasajeros. El aire me golpea, me llena la cara de brisa y campo verde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt; font-family: trebuchet ms;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;color:black;"  &gt;Y el viaje continúa. Y el bus se mueve ligero entre los bosques, le da vueltas a las montañas. Y se oyen voces, y conversaciones tranquilas, y entre ellas la radio larga canciones y palabras por los altavoces; y pienso, cómo no, en mis hijos, en mi novia, la pequeña y silenciosa, como escondida en un rincón para no hacer ruido y pasar desapercibida; el proyecto &lt;/span&gt;&lt;a linkindex="40" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RcYNqDVOfYI/AAAAAAAABlM/NERWpVSP0ms/s1600-h/Deviaje+4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 302px; height: 194px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RcYNqDVOfYI/AAAAAAAABlM/NERWpVSP0ms/s400/Deviaje+4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5027721050105740674" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-size:100%;color:black;"  &gt;también de esculpir, de hacer arte de la cosa cotidiana, de cavar, de aprender a decirnos. En fin, en nosotros mismos, Victoria y yo, viajeros permanentes y empedernidos empeñados en sacarle las tripas a la vida sin que el juguete se nos descomponga entre las manos; y tímidos y muy ruborosos aunque no lo parezca, buscadores de color y luz, confiadores en la bondad de la existencia y en las posibilidades de que en nuestra milpa el maíz, los elotes, crezcan tiernos y amorosos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoBodyTextIndent" face="trebuchet ms" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="MsoBodyTextIndent" face="trebuchet ms" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="MsoBodyTextIndent" face="trebuchet ms" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;Las fotografías corresponden, de arriba a abajo, a: Ocotepeque (El Salvador), Agra (India), Calcuta (India), Arimtsat (India), Río Ganges, Varanasi (India) &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-6314366360389932189?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/6314366360389932189/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=6314366360389932189' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/6314366360389932189'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/6314366360389932189'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2008/01/viajar.html' title='Viajar'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RccFMjVOgpI/AAAAAAAAB1E/Fw-SDOdICE4/s72-c/Deviaje+5.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-4220362150308363789</id><published>2007-02-20T12:01:00.000Z</published><updated>2008-01-25T18:36:03.828Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Chile'/><title type='text'>Junto al estrecho de Magallanes</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-align: left;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsNNAtYhkI/AAAAAAAACWo/kPBisY6toQQ/s1600-h/_Chile+7.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 245px; height: 649px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsNNAtYhkI/AAAAAAAACWo/kPBisY6toQQ/s800/_Chile+7.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033631525696472642" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;CHILE. TIERRA DEL FUEGO. &lt;/span&gt;Nos encontramos en el extremo sur del subcontinente americano, algo al norte del estrecho Magallanes. Después de visitar Tierra del Fuego y regresar en corto vuelo a Río Gallegos atravesamos la Patagonia en dirección oeste en autostop. El coche en el que viajábamos derrapó en una curva, todo pistas de arena, y dio varias vueltas. El carro que dicen aquí quedó echo una pena, nosotros sólo salimos con algunos rasguños. La inmensidad del páramo se abría solitaria ante nosotros; decidimos seguir el camino a pie. En un mojón de la pista rezaba: km. 4578. Estábamos en la pista andina que recorre la parte oriental de los Andes hasta San Carlos de Bariloche. En seis horas no pasa más que un automóvil; no para. Hace frío y el cielo es intensamente azul. Hacia el atardecer vemos acercarse un autobús en el horizonte. Llegaremos a Puerto Natales de madrugada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-indent: 42.55pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt;Dos días después embarcamos rumbo a Puerto Montt. Los alrededores tienen el aspecto salvaje de una tierra jamás surcada. Pienso en los primeros navegantes. A cuatrocientos, quinientos a&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;ños de distancia, la historia de aquellos hombres parece digna d&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;e seres de otro planeta. Transitar por los cientos de canales llenos de hielo con rudimentarios conocimientos geográficos, un laberinto sin referencia a meses de distancia de la civilización, me parece hoy una gesta imposible. Paisaje columbrado de glaciares, montañas solitarias rodeadas de aguas oscuras. Siempre el gris de la niebla y las nubes o el viento salvaje. Lo poco agradecidos que somos a los esfuerzos de los pioneros que nos precedieron, casi siempre para el hombre de hoy una abstracción, porque el esfuerzo y la valentía de aquellos que impulsaron la civilización un poco más allá no son más que nombres en el trasfondo de la historia; es necesario constatar &lt;i style=""&gt;in situ&lt;/i&gt; la dimensión de las obras que hicieron para acercarse siquiera a su grandiosa dimensión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-align: left; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Una sensación que se acrecienta más y más frente al paso lento del paisaje, de la soledad, del frío. Emoción pura y simple. Me encuentro fuertemente excitado por las sensaciones que vienen de la navegación, un carguero con sólo siete pasajeros a bordos. Dormí bien, acunado por el runrún de los motores. Desperté al amanecer cuando la luz turbia de la mañana apenas entraba por el ventanillo de &lt;st1:personname productid="la cabina. Levantarse" st="on"&gt;la cabina. Levantarse&lt;/st1:personname&gt;, pasear por cubierta, asomarse al laberinto de los canales entre las montañas, descubrir un rayo de sol naranja filtrándose hasta posarse sobre las laderas nevadas. Día de reflexión y lectura. Me admira nuestra capacidad para hablar de la cultura, de los avances técnicos, de los descubrimientos geográficos como hechos dados, como nacidos así, por arte de magia, sin que sepamos reconocer a cada paso que damos en este mundo el esfuerzo de los hombres que nos precedieron. Uno se siente tentado a guardar reverenciado silencio de agradecimiento por el hermoso mundo en que vivimos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsI0QtYhfI/AAAAAAAACVk/wM3RXeNKQ4M/s1600-h/_Chile+3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsI0QtYhfI/AAAAAAAACVk/wM3RXeNKQ4M/s400/_Chile+3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033626702448199154" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;
&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;
&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-indent: 42.55pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt;Y continúan las montañas, tier&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;ra inhabitada e inhóspita, gélida. Las cumbres están ocupadas por densas masas de niebla, en alguna ensenada grandes hilachas alargadas cruzan el ancho de la costa, descienden sobre el agua espesa y plomiza de la mañana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-indent: 42.55pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt;Me siento como investido por la presencia de lo extraordinario, el invierno, el frío, lo excepcional del lugar, la soledad; pero también sucede lo contrario una especie de encogimiento que proviene de la admiración de la fortaleza de esos otros hombres, y entre ellos hoy recuerdo a Julio Villar, el autor de &lt;i style=""&gt;¡Eh, petrel!&lt;/i&gt;, que dio la vuelta al mundo en un embarcación de siete metros de eslora hace algunos años... me siento sombra atónita de ellos. De quien sea el mundo realmente -quien lo vive, lo recorre palmo a palmo, lo suda-... no hay duda, de aquellos que lo viven con intensidad —aventureros, alpinistas, navegantes, gente intrépida—; no hay duda. Uno siente la medida de su insignificancia cuando echa mano de la historia de la Humanidad o recorre la trayectoria de la gente que se puso el mundo por montera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsI0AtYheI/AAAAAAAACVc/kaiQJCgvmLw/s1600-h/_Chile+2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsI0AtYheI/AAAAAAAACVc/kaiQJCgvmLw/s400/_Chile+2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033626698153231842" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsI0QtYhgI/AAAAAAAACVs/Vh9RHfF6xiA/s1600-h/_Chile+4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsI0QtYhgI/AAAAAAAACVs/Vh9RHfF6xiA/s400/_Chile+4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033626702448199170" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-indent: 42.55pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt;Si miro el paisaje recordando a Magallanes o a Julio Villar, no dejo de aparecer como un turista simplón que mira distraídamente desde la cabina los paisajes agrestes que pasan más allá cargados de hielo y soledad; si leo, sucede algo parecido, uno queda maltrecho ante sus limitaciones. Me sucede hoy leyendo a Ciorán, al que le surgen como flores en primavera los pensamiento y los matices, en esta ocasión una avalancha imparable de sonidos posibles, necesarios al pensamiento, que arrastrara consigo a otros en su caída o en su desarrollo; la exuberancia del pensamiento y &lt;st1:personname productid="la palabra. Y" st="on"&gt;la  palabra. Y&lt;/st1:personname&gt; sin embargo, qué fuerza en tantas ocasiones, como esto que leí ayer, por ejemplo: “Tiene que haber alguien que rompa los silencios de la naturaleza y los entierre dentro de sí mismo”. ¿A dónde vamos? Pregunta retórica destinada a perderse en la noche de los tiempos, pero que siempre produce vértigo pensar, quizás porque amamos el peligro que tensa nuestros nervios o porque añoramos lo mejor y más genuino que puede darnos nuestro organismo. Decir dónde es buscar más allá de nuestra propia existencia diaria, reafirmar otras vocaciones, husmear otra existencia al otro lado de lo que impone la rutina y la seguridad cotidiana. Enterrar dentro de uno mismo tanto silencio como sea posible; que fermenten los silencios dentro del pecho, que susurren su misterio.&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-indent: 42.55pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt;A la mañana del segundo día atracamos en Puerto Edén, una pequeña población perdida en el laberinto de los canales. Este barco es su única conexión con el mundo. Es grato este espacio limitado del barco, un rincón del salón comedor desde donde se ven pasar los canales, las islas, las montañas, la intemporalidad, la cadencia de los horarios regidos por las comidas, el paseo periódico a la cubierta para descubrir un trazo de luz o una perspectiva nueva, algunas formas agradables y exóticas del paisaje.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-indent: 42.55pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt;Puerto Edén ¿un lugar para vivir? Esa necesidad de profundizar en la complejidad de &lt;st1:personname productid="la vida. Descubrimientos" st="on"&gt;la vida. Descubrimientos&lt;/st1:personname&gt; sucesivos, quizás la búsqueda de la armonía con la naturaleza y con uno mismo. Nuestra forma de vida nos induce a considerar ajenos y extraños &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;otros modos de hacer y vivir, pero el hecho de viajar induce sin embargo a la duda, el contacto con otras experiencias es un antídoto para salvarnos de la creencia de la exclusiva bondad del mundo que vivimos a diario. Las necesidades: ¿entidades autónomas impuestas por la biología, la psicología, la vida social, la economía? Navegando por estas tierras la palabra necesidad suena a grillete de preso, no poder prescindir de bienes, de medios, de comodidades, un atado como aquel que retiene al perro guardián frente a la casa de los amos. Algo que obliga, mediatiza la libertad y ralentiza nuestra capacidad de vivir en y de acuerdo con nuestra naturaleza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-indent: 42.55pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt;Viajar es un modo de meditar; algo que recolecta los silencios de la naturaleza y los encierra dentro de nosotros mismos. El mundo de los canales que atravesamos se cierra como una masa pesada sobre nuestra ruta tras Puerto Edén; aparecen pequeñas islas cubiertas de arbustos diseminadas a los costados del buque.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-indent: 42.55pt; text-align: left;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsI0wtYhhI/AAAAAAAACV0/qsD8woUtht8/s1600-h/_Chile+5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsI0wtYhhI/AAAAAAAACV0/qsD8woUtht8/s400/_Chile+5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033626711038133778" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-indent: 42.55pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt;Acabamos de atravesar &lt;st1:personname productid="la Angostura Inglesa" st="on"&gt;la  Angostura Inglesa&lt;/st1:personname&gt;, un estrechísimo canal sembrado de islas boscosas y solitarias. Hemos entrado en la intemporalidad permanente, el barco apenas se mueve, no hay olas, los alrededores se cubrieron de niebla y frío y sólo se siente un débil ronroneo bajo los pies. Es estar como en el limbo. Por lo demás es muy agradable, se come bien, se está caliente, leemos, salimos de tanto en tanto a hacer fotos; hoy menos porque los vientos sobrepasan los 50 kms/h. A veces llueve con gran intensidad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-indent: 42.55pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Día luminoso de nieblas brillantes cruzando en hilachones sobre los perfiles azulados y serrados de las montañas. Diseminación de islas, cormoranes, toninas saltando junto al barco, día de sol de invierno. Todo después de una tarde y una noche de agitación en la que era difícil no salir despedido de la litera, una perfecta montaña rusa durante las diez o doce horas que el barco demoró en atravesar el Golfo de Penas. Después todo volvió a ser una balsa de aceite de nuevo, la calma retornó &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;al lugar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-indent: 42.55pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt;Llegaríamos a Puerto Montt hacia el mediodía.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsJqgtYhiI/AAAAAAAACV8/ZgvhgTF9d0M/s1600-h/_Chile+6.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsJqgtYhiI/AAAAAAAACV8/ZgvhgTF9d0M/s400/_Chile+6.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033627634456102434" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.1pt; text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsKMgtYhjI/AAAAAAAACWE/SVDUCNaKDKQ/s1600-h/cabecera+b.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 676px; height: 10px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsKMgtYhjI/AAAAAAAACWE/SVDUCNaKDKQ/s400/cabecera+b.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5033628218571654706" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-4220362150308363789?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/4220362150308363789/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=4220362150308363789' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/4220362150308363789'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/4220362150308363789'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/02/junto-al-estrecho-magallanes.html' title='Junto al estrecho de Magallanes'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RdsNNAtYhkI/AAAAAAAACWo/kPBisY6toQQ/s72-c/_Chile+7.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-7394208954215111170</id><published>2007-02-06T13:37:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:31:40.666Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pakistán'/><title type='text'>Viajando por el Karakórum</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;PAKISTÁN.&lt;/span&gt; Hacíamos la ruta del Karakorum, al norte del Pakistán, un territorio que en aquellos días se disputaban India y Pakistán. Tratábamos de alcanzar la localidad de Skardú, al norte del Nanga Parbat, partiendo de Astor; dos o tres días de viaje en todo terreno a través de los salvajes valles del Himalaya que se levantan a las orillas del río Indo. En una camioneta desvencijada superaremos en cuatro horas la primera parte del valle. Más arriba seremos veintidós personas en un jeep; el camino será a veces una senda, en otras una pisa excesivamente inclinada hacia el vacío. En algún momento aparece la imponente mole del Nanga Parbat envuelta en grande&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;s &lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciOrDVOg2I/AAAAAAAAB3A/uVEG0ieAFV8/s1600-h/_Karakorum8.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciOrDVOg2I/AAAAAAAAB3A/uVEG0ieAFV8/s400/_Karakorum8.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5028425854239015778" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;cumulonimbos. Paisaje adusto, polvoriento, siempre laderas desmesuradas a ambos lados del valle. Empotrado contra las barras de hierro de la caja del jeep y con los pies inmovilizados en un reducido espacio, hago complicados esfuerzos para poder hacer alguna toma. El rostro de Victoria, sobresaliendo entre un montón de rostros morenos y viriles, ofrece una interesante perspectiva para mi cámara; frente a mi objetivo desfilan los rostros de los otros pasajeros. Miro todo esto como si me estuviera comiendo un gran plato de vida; la sensación de una cotidianidad inaugurada ya en los días en que viajamos por el norte la provincia de Yunnan, al sur de China. Viajar y dejar vagar la mente por el universo temático que me trae la mañana, se convierte en una preciosa experiencia. Viajar ya no son las montañas, este gentío enlatado en un vehículo que en cualquier momento puede precipitarse montaña abajo, son las conexiones que mi cerebro crea, una extraña mezcla en la que me sumerjo y que llena mi cuerpo de sensaciones intensas. Pienso en &lt;st1:personname st="on"&gt;Guille&lt;/st1:personname&gt;rmo, en este momento trabajando en Irlanda, imagino su cuartucho rebosante de los cuadernitos de sus diarios, unos junto a otros, como los años de la vida; lleno de los sonidos barrocos de Bach y sus conmilitones; sonidos hoy se me antojan, desde aquí, en los confines de estas montañas que me rodean, entrañables. ¡Qué ganas de volar a Irlanda! Entre zarandeo y zarandeo, las barras de hierro del jeep clavadas en los glúteos, una nube d&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;e polvo &lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciOqjVOgzI/AAAAAAAAB2o/gRbZA5lFAxU/s1600-h/_Karakorum2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciOqjVOgzI/AAAAAAAAB2o/gRbZA5lFAxU/s400/_Karakorum2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5028425845649081138" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;envolviendo a esta masa humana (calculo 22 personas, a &lt;st1:metricconverter productid="70 kg" st="on"&gt;70 kg&lt;/st1:metricconverter&gt;./por unidad humana, siete por dos catorce, me llevo una, siete por dos catorce y una quince; mil quinientos cuarenta kilos más el equipaje. No está mal para un coche que no supera el largo corriente de un turismo. A veces la pendiente hace que todos nos vayamos de narices hacia adelante o atrás, a punto de salir despedidos por encima de &lt;st1:personname productid="la cabina. Sigo" st="on"&gt;la  cabina. Sigo&lt;/st1:personname&gt; calculando ¿Qué densidad será esta, 21 tíos y una tía de pie embutidos en una caja de hierro rebosante y saltante que no debe de sobrepasar el metro&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;cuadrado?); entre zarandeo y zarandeo, decía (¡esto de los paréntesis...!) recuerdo a la Gorda, mi hija, me digo que cuando la vea en Delhi sí voy a tener que darle un buen abrazo (crac, crac, craccrac), me hacen sonreír recuerdos livianos, cómo las relaciones cotidianas de aparente simplicidad son recordadas con especial ternura. La Gorda llorona que desde el 0,7 % (un tiempo de reivindicación acampados en la Castellana) hasta nuestros días sigue todavía algo despistada, pero que poquito a poquito le va hincando los piños a &lt;st1:personname productid="la vida. Me" st="on"&gt;la vida. Me&lt;/st1:personname&gt; hacen sonreír los caminos inescrutables hacia donde van derivando últimamente sus inquietudes. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El jeep se inclina peligrosamente hacia el abismo del río, marrón, ensordecedor, tengo miedo, se bambolea, a un palmo de la rueda veo el río cien o doscientos metros mas abajo ¿A qué altura estará el centro de gravedad de este cacharro con tonelada y media de carne humana continuamente movién&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;dose &lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciOrTVOg3I/AAAAAAAAB3I/1yDY_wHxpqs/s1600-h/_Karakorum9.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciOrTVOg3I/AAAAAAAAB3I/1yDY_wHxpqs/s400/_Karakorum9.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5028425858533983090" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;a ambos lados como un velero en día de viento? Calculo la inclinación que debe tomar para que todo se vaya al garete. A veces me parece que es cosa de suerte, ni siquiera tendríamos el honor de aparecer en &lt;st1:personname productid="la prensa. Como" st="on"&gt;la prensa. Como&lt;/st1:personname&gt; además estoy en la parte mas peligrosa, aunque cayéramos en un miserable talud tendría encima esa tonelada y media de carne (crac, crac, crac, todos los huesos al carajo, estrujaditos, hechos añicos). En el traqueteo del jeep muchas de mis divagaciones tienen&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;contornos de preguntas, mi hijo Mario tiene forma de admiración e interrogación. Una esperanza, hermosa esperanza campea en torno a esta familia de cinco mientras el polvo, el cielo, la montaña, el río terrible &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;abiertas sus fauces como si se pudiera tragar toda la vida en un visto y no visto&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; gorjea y ruge en el fondo; mientras, de entre las cabezas de barbudos pakistaníes veo aparecer de vez en cuando la cabeza de Victoria, hoy con las gafas de sol que&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;nuestro ultimogénito ganó en cierto concurso radiofónico.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciOrDVOg1I/AAAAAAAAB24/Mj-t_20gQMc/s1600-h/_Karakorum7.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciOrDVOg1I/AAAAAAAAB24/Mj-t_20gQMc/s400/_Karakorum7.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5028425854239015762" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Un alto en el camino para tomar un refrigerio. Un toldo y té para todo el que quiera tomar algo caliente. El río, oscuro y pastoso, ruge ensordecedor en el fondo, doscientos o trescientos metros más abajo de la pista, de un cortado. Sobre el borde del talud hay montada una tirolina que sirve para abastecer de agua a los viajeros. El sistema recuerda a los cangilones de una noria. Hacemos turno para tirar de la cuerda y llenar nuestras cantimploras con el agua-chocolate del río. La probamos, no está mal. Ya lo dice el refrán: allá donde fueres haz lo que vieres. En esta parte del mundo no hay un chiringuito donde se pueda comprar una botella de agua mineral.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciOqzVOg0I/AAAAAAAAB2w/0fmskHieZ60/s1600-h/_Karakorum6.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciOqzVOg0I/AAAAAAAAB2w/0fmskHieZ60/s400/_Karakorum6.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5028425849944048450" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Chilin Gha. Las dificultades para entendernos con las gentes del lugar y la caradura del propietario de un todoterreno provocan esta tarde mi mal humor. Quedamos abandonados en una pequeña aldea al arbitrio del conductor, que deberá atender un buen puñado de asuntos antes de que podamos continuar viaje. Así que nos solazamos junto a un río, cuatro casuchas al lado, alguna de ellas “hoteles” (eso dice un ostentoso cartel colocado en la parte superior de la puerta). Después averiguaríamos que había dos posibilidades hoteleras, una, el hotel, consistente en una larga habitación ocupada en sus dos tercios por una alta tarima sobre la que hay extendidas esterillas y en donde pueden dormir hasta treinta personas, y dos, un cuchitril que apesta humedad. Nuestro poco sentido de la sociabilidad hizo que nos decantáramos por éste último; una reducida estancia con una esterilla en el suelo, eso era &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;todo; ni siquiera un pequeño ventanuco.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciNwjVOguI/AAAAAAAAB2A/otAsC52FjRM/s1600-h/_Karakorum1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciNwjVOguI/AAAAAAAAB2A/otAsC52FjRM/s400/_Karakorum1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5028424849216668386" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Por la tarde departimos con el militar responsable del campamento que ocupa el pueblo en su totalidad. Nos invita a té, está encantado de tener a unos viajeros con los que departir. La guerra con India en esta parte de la frontera puede en cualquier momento convertir la zona en un polvorín. Mirando aquel miserable campamento a uno la guerra le parece un juego de mal gusto entre unos pocos paranoicos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Al día siguiente el paisaje se suaviza y se llena de prados y laderas salpicas de terrazas donde apunta algún cultivo; mujeres trabajando en los campos, borriquillos cargados de hierba que son conducidos por niños o ancianos. Nos cruzamos con jeeps rebosantes de pasajeros, todos de pie sobre &lt;st1:personname productid="la caja. Saco" st="on"&gt;la caja. Saco&lt;/st1:personname&gt; alguna toma filtrada por el polvo espeso de &lt;st1:personname productid="la pista. Recuerdo" st="on"&gt;la pista. Recuerdo&lt;/st1:personname&gt; la cara sorprendida de tres escolares uniformados de corbata y camisa a rayas rojas y blancas; su pulcritud contrasta con el ambiente de la calle, adultos sucios y de pelos enmarañados que se quitan las legañas en un par de grifos públicos. Sus uniformes en un lugar así parecen dar dignidad a la escuela.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Es extrema la fraternidad entre los hombres. ¿Qué hay detrás de este puro mundo de hombres agarrados de la mano que uno ve de continuo en este mundo donde tan difícil ver una mujer? ¿Fraternizados por mor de las circunstancias? ¿Qué son realmente las mujeres para estos hombres? ¿Y las mujeres, qué hay en la cabeza de todas estas niñas, jóvenes, madres, ancianas? Adivino que en su caso ni siquiera sumisión al destino, pájaros que nacidos en una jaula, acaso no hayan desarrollado siquiera la capacidad de someterse, porque las cosas no son de otra manera que así. Es extremosamente triste pensar en las mujeres cuando se viaja por esta parte de Pakistán.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciNxDVOgwI/AAAAAAAAB2Q/HHRVVXKwE-Y/s1600-h/_Karakorum3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciNxDVOgwI/AAAAAAAAB2Q/HHRVVXKwE-Y/s400/_Karakorum3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5028424857806603010" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;Valle arriba del río Hunza, la grandeza y la vastedad descarnada del paisaje me hicieron volver a sentir esa inmensa pequeñez del tiempo que duran nuestras vidas. Las montañas se levantan, se abren grandes tajos por efecto de la erosión, miles de años, los valles se elevan con sus anchas capas de sedimentos, que son cortados de nuevo por la violencia y la perseverancia de los ríos; quedan al descubierto las entrañas de la tierra, que durmieron miles, millones de años antes de ser rajadas por el rumor cantarín&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; del agua. Y mientras, la vegetación inunda los valles se agosta, desaparece; la geología manda, la tierra se convulsiona, los glaciares vuelven a crecer y vuelven a dejar para espectáculo de milenios después la señal de su paso en las morrenas. Y el hombre, de pie sobre un canto rodado, orgulloso, creador de cultura y dioses eternos ve achicarse su orgullo hasta el punto cercano a &lt;st1:personname productid="la nada. La" st="on"&gt;la nada. La&lt;/st1:personname&gt; pequeñez, la extrema insignificancia de un hombre en medio de estos valles, de la historia que mana de las inmensas pedreras, de los sedimentos, de las cumbres por doquier, es indecible.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Nuestro hotel, una tarima tres palmos sobre el suelo, lecho común para todos los huéspedes. Cuando ya no se puede leer fuera entramos, hay tres o cuatro personas desperdigadas, una hace los rezos de la tarde, dos discuten, se turnan la alfombrilla de los rezos, encienden la televisión, sirven té con leche, entran militares con cara de frío. En la televisión parlotea una mujer, Victoria comenta que para ver mujeres pakistaníes hay que encender la tele.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Leo a Torrente Ballester, el local se ha llenado de gente; formamos dos filas; nosotros ocupamos un banco y, enfrente, en la tarima toma asiento un grupo numeroso de hombres; ven una comedia pakistaní que copia los esquema ya universales de los culebrones con risas de fondo cada dos o tres palabras. Miro sus ojos, la mirada de esta gente es vivaz, despierta, hay una sonrisa permanente mientras miran el televisor. La mismidad se extiende como una mancha de aceite por todo el planeta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Los modelos de vida. La apisonadora de nuestro modelo es un corsé para la percepción, siempre intenta ubicar otros modos en la órbita de sus propias concepciones. Viviendo de cerca las condiciones de vida de la gente me siento estos días más próximo a comprender la heterogeneidad; los parámetros en los que la gente vive, se quiere, come o fornica. Esa visión cuasi geológica representa un elemento más de compresión de la liviandad de nuestra existencia.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciNxDVOgxI/AAAAAAAAB2Y/Y34NYqi6SHE/s1600-h/_Karakorum4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciNxDVOgxI/AAAAAAAAB2Y/Y34NYqi6SHE/s400/_Karakorum4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5028424857806603026" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27.5pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Aquella noche aliviamos nuestro sueño en nuestro hotel particular. A nuestro lado el posadero roncaba como el demonio. Un individuo que ejercía las funciones de encargado de la oficina de correos; la “posada” donde dormimos era la dependencia principal de esa oficina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;El trayecto del día posterior: tierra de osos y viento. Recogemos por el camino a un niño con el oído destrozado. Su padre lo lleva al hospital en nuestro jeep, no parecen tener nada más que lo puesto, aceptan sin rechistar toda la comida que les pasamos durante el camino. Le proporcionamos algunos antibióticos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Nuestro viaje termina en Skardú, una remota y polvorienta ciudad en los confines del país lindando con Cachemira. Una larga calle polvorienta encajonada entre grandes montañas, y un ancha llanura fluvial por donde discurren los numerosos brazos del río. Un agradable motivo fotográfico para mi cámara cuando caiga la tarde.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciNxTVOgyI/AAAAAAAAB2g/mlkvla67fAI/s1600-h/_Karakorum5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciNxTVOgyI/AAAAAAAAB2g/mlkvla67fAI/s400/_Karakorum5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5028424862101570338" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-7394208954215111170?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/7394208954215111170/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=7394208954215111170' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/7394208954215111170'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/7394208954215111170'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/02/viajando-por-el-karakrum.html' title='Viajando por el Karakórum'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RciOrDVOg2I/AAAAAAAAB3A/uVEG0ieAFV8/s72-c/_Karakorum8.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-3138312496010456485</id><published>2007-01-31T00:00:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:31:16.675Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Perú'/><title type='text'>De peregrinación al Machu Picchu</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rb_fnI1BsmI/AAAAAAAABis/gC9BqizHe3M/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rb_fnI1BsmI/AAAAAAAABis/gC9BqizHe3M/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5025981572646548066" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;PERÚ. CUZCO. &lt;/span&gt;Por la noche, en Aguas Calientes, tras la ascensión al Putucusi, oía a Sabinas mientras me tomaba un café con leche. No entendía por qué no oía yo a Sabinas con más atención y con más frecuencia; a veces es sencillamente genial, me gusta esa manera de pintar los detalles y de hacer bailar en el centro del escenario cualquier historia cotidiana.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rb_fnI1BslI/AAAAAAAABik/HQFd32FS5ac/s1600-h/Cuzco2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rb_fnI1BslI/AAAAAAAABik/HQFd32FS5ac/s400/Cuzco2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5025981572646548050" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Revisaba mis notas de la mañana, un artículo que escribí pensando en colocarlo en algún periódico local de Cuzco, y que fue publicado al día siguiente en El Diario del Cusco, el periódico de mayor tirada de Cuzco; algo así como las elucubraciones de un viajero contrariado. Me gustaba. Esa mañana, influenciado por nuestra aventura par&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;a acercarnos al Machu Picchu sin pagar el canon ferroviario de treinta y cinco dólares, pensé que era oportuno escribir un artículo de opinión sobre el asunto; pero después de reunir más información vimos que los ladrones eran tantos que no tenía objeto. Era una vergüenza tratar así a los viajeros, como si cada uno de nosotros fuera exclusivamente un buen puñado de dólares: recorrido en tren de 109 kms.: 35 dólares; hacer el Camino del Inca: 50 dólares; bus entre el ferrocarril y las ruinas: 9 dólares; entrada a las ruinas veinte dólares... interminable. Están metidos todos en el robo institucionalizado. ¡Un puro aburrimiento! Victoria levanta la vista de su libro, &lt;i style=""&gt;Todas las sangres&lt;/i&gt;, de José María Arguedas y lee en alto lo que alguien dice a un terrateniente: “Tienen cogido al mundo como pulgas”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Subir hasta Aguas Calientes sin pagar el canon ferroviario, el importe por el que los señoritos de Lima compraban a los ganaderos de Ayacucho una vaca, fue una aventura que no voy a relatar. Nos bochornoso pasar por las condiciones que imponían los cuatro ladrones del lugar, los propietarios de la línea férrea que hacían el servicio entre Cuzco y la base del Machu Picchu, así hicimos de aquello una cuestión de honor y evitamos pagar el canon fijado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En Aguas Calientes, alguien, después de charlar un rato amigablemente en la estación, nos indica una excelente excursión alternativa a &lt;st1:personname productid="la multitudinaria Machu Picchu" st="on"&gt;la multitudinaria Machu  Picchu&lt;/st1:personname&gt;, un pico espectacular frente a las ruinas incas, el Putucusi, que arranca en las cercanías del Machu Picchu, pero dejando entre él y las ruinas el fondo de la quebrada por donde discurre el río. Las nubes emergen entre las montañas, altas, picudas, cubiertas de vegetación desde la base hasta &lt;st1:personname productid="la cumbre. Caminamos" st="on"&gt;la  cumbre. Caminamos&lt;/st1:personname&gt; por la vía del tren un tiempo y luego el camino se eleva rápidamente por la abrupta ladera. Es umbrío, cerrado; me pregunto cómo salvará el sendero las rocas verticales del tramo siguiente. Después de varias revueltas aparece una larga pared casi vertical por la que se eleva una larguísima escalera hecha de troncos. Impone respeto, un grupo que nos sigue se da la vuelta en este punto. El tramo me trae el recuerdo de las espectaculares vías ferratas de las Dolomitas, en Italia, aquella última que hice con Mario en Brenta. Victoria sube despacio pero segura, miro entre mis piernas a la pareja peruana que nos sigue. Al salto casi vertical de unos cien metros, siguen tramos que se salvan con cables de acero, con más escaleras, con un puente. El valle y el pueblo van quedando en el fondo bajo nuestros pies como si nos eleváramos verticalmente en un globo aerostático. La humedad del aire y el sudor han empapado mi camiseta, chorrea como si la hubiera metido en el río. Es agradable subir ininterrumpidamente, sentir el cuerpo fuerte y sano; el mal sueño del sorocho ha desaparecido, es cansado subir pero el aire llega a los pulmones con toda regularidad. Ascender en torno a la cota de &lt;st1:metricconverter productid="2400 metros" st="on"&gt;2400 metros&lt;/st1:metricconverter&gt; se convierte así en un placer. El gran meandro del río rodea el Putucusi casi totalmente y podemos ver desde esa especie de istmo de altura, a nuestros pies y a la izquierda y derecha bajar tumultuosas las aguas marrones del río, y junto a él la diminuta vía del ferrocarril.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rb_fm41BskI/AAAAAAAABic/jah9R6L6mbs/s1600-h/Cuzco1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rb_fm41BskI/AAAAAAAABic/jah9R6L6mbs/s400/Cuzco1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5025981568351580738" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La vegetación, ya sin grandes árboles, sigue siendo ubérrima en las cercanías de &lt;st1:personname productid="la cumbre. Rodeamos" st="on"&gt;la cumbre. Rodeamos&lt;/st1:personname&gt; una gran roca, subimos un estrecho pasillo y... cumbre. Entre el paisaje salvaje y agreste del frente, destaca sobre un amplio collado, al otro lado de un vuelo que atraviesa la profunda quebrada del río, los restos más notable de la civilización incaica. Montones de bucles dibujan en la ladera opuesta el trazado de carretera que usan los buses de los turistas; a la derecha los restos de las terrazas que construyeron generaciones de campesinos; y arriba, sobre los bucles, sobre las terrazas, las ruinas del Machu Picchu.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Nuestra montaña es mucho más bella y prominente que esa verbena que sirve de disculpa para exprimir a los turistas como cítridos en agraz. La niebla y las nubes quedan a un centenar de metros sobre nuestras cabezas, suben y bajan por los cerros grises y de verde intenso. A nuestro alrededor el abismo se hunde por setecientos metros bajo nuestros pies.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hacemos algunas tomas antes de que el sudor deje de brotar de nuestro cuerpo. Mi chica está muy guapa. Me gustan nuestros rostros sudorosos sobre el fondo aéreo de las ruinas, sobre las oscuridad surcada de nubes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Celebraremos nuestro retorno al valle con un litro de cerveza junto a una capilla de Santa Rosa de Lima, al pie de la estación de ferrocarril. Miramos a los centenares de pasajeros que se agolpan esperando al tren, mientras sorbito a sorbito nos vamos ventilando la cerveza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hoy dormiremos en Aguas Calientes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Incluyo a continuación el artículo que apareció en la prensa local al día siguiente:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;MACHU PICCHU Y USURA&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;(En defensa del viajero)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El pasado día diez, los campesinos de Ayacucho comenzaban una huelga de cuarenta y ocho horas. Como consecuencia de la misma el bus en el que viajaba, haciendo el trayecto Lima-Ayacucho, quedó bloqueado a las doce de la noche entre dos piquetes de huelguistas que habían cubierto la carretera con grandes bloques de roca. Todo el pasaje hubo de pasar la noche, y la mitad del día siguiente, en &lt;st1:personname productid="la puna. Tuve" st="on"&gt;la puna. Tuve&lt;/st1:personname&gt; tiempo de hablar con algunos campesinos, durante esas horas, sobre los temas de malestar que les llevaba al paro. Su principal queja: el producto de su trabajo se lo llevaban las especulaciones de los intermediarios; una vaca se la compraban por cien soles, decían, y añadían: ahora, pregunte usted cuánto cuesta una vaca en Lima. Y así todo el producto de su trabajo. Peruraíl, S.A. cobra a los pasajeros no locales ¡ciento veintiséis soles! por un trayecto de ciento nueve kilómetros, el equivalente a una vaca ayacuchina comprada a los campesinos de la puna.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me pregunto si es ésa parte de la filosofía económica del país. Que haya de pagarse el equivalente al importe de una vaca comprada a los ganaderos, para hacer el trayecto Cuzco-Aguas Calientes, dice mucho del desprecio con que los que tienen dinero tratan al resto de los ciudadanos. No sería de extrañar que los que compran la vaca en Ayacucho fueran los mismos que los que imponen sus tarifas en el ferrocarril. Siempre fueron los mismos los que como sanguijuelas vivieron el hartazgo de la sangre de los otros ante la mirada bobina de los gobiernos de turno. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Uno, amante de los viajes y del conocimiento de los pueblos que atraviesa, queda desagradable y admirativamente sorprendido ante la impunidad con que los responsables del ferrocarril que hace el servicio Cuzco-Aguas Calientes, son capaces de promover disposiciones legales que prohíben terminantemente el uso de alguno de sus trenes a los pasajeros no locales, con la intención evidente de procurarse un lucro desmesurado y abusivo, al obligar a los pasajeros no locales a tomar el tren llamado turístico, que fija una tarifa muy superior a la que podría pagarse en los países más ricos del mundo por un servicio similar (Los datos: &lt;st1:metricconverter productid="109 kil￳metros" st="on"&gt;109 kilómetros&lt;/st1:metricconverter&gt;; dos tarifas: una, para los pasajeros locales, de 10 soles; otra, para los no locales, de 126 soles, el equivalente a 35 dólares). &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Las autoridades responsables del turismo local deberían considerar que el tomar a los turistas como estúpidos objetos de expoliación no es un criterio de corte ético ni civilizado; más, es claro que estas medidas contribuyen a que ante esta expoliación el turista sienta el comprensible desprecio que merece todo tipo de usurero. Y en el mismo paquete van tanto los que se lucran como los que con su política permiten que estos hechos tengan lugar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;¡Promover el turismo! Esto no es promover el turismo, esto es consentir y ayudar a que cuatro listos, los de siempre, hagan su agosto con la venia y el apoyo de las autoridades correspondiente. Es una idea mostrenca y zafia esta de considerar al turista como una billetera ambulante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cualquier persona de mediana inteligencia que eche un vistazo a la normativa en uso, que los responsables del ferrocarril se encargan puntualmente de poner en conocimiento del público en todas las estaciones, comprenderá que la tal normativa no hace más que empañar la imagen de honradez presumible en las instituciones; su puesta en vigor atenta contra el concepto de respeto que las empresas y los responsables del turismo deben tener con los usuarios de los medios de transporte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Es una lástima, todas estas circunstancias conjugan mal con la idea esa de Patrimonio de la Humanidad, de Santuario. Los usureros ensucian el entorno más que si de toneladas de basura se tratara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Habría que añadir, para finalizar, que no es sólo Perurail quien ejerce la usura en torno al Machu Picchu, y si no echen un vistazo a las tarifas según las distintas opciones: entrada a las ruinas, veinte dólares; hacer el Camino del Inca, cincuenta dólares; el bus entre Aguas-Calientes y las ruinas, nueve dólares. Como se ve, el Machu Picchu se parece más a las minas del Rey Salomón que a otra cosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;... Y mientras, a escasos metros de la estación de Cuzco, en la calle del mercado, tener que sortear las ratas muertas, el barro, la falta más elemental de higiene antes de tomar el tren.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;¡Vivir para ver!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt; font-family: trebuchet ms;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rb_fnI1BsmI/AAAAAAAABis/gC9BqizHe3M/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rb_fnI1BsmI/AAAAAAAABis/gC9BqizHe3M/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5025981572646548066" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rb_fnI1BsmI/AAAAAAAABis/gC9BqizHe3M/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rb_fnI1BsmI/AAAAAAAABis/gC9BqizHe3M/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5025981572646548066" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-3138312496010456485?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/3138312496010456485/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=3138312496010456485' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3138312496010456485'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3138312496010456485'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/01/de-peregrinacin-al-machu-picchu.html' title='De peregrinación al Machu Picchu'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Rb_fnI1BsmI/AAAAAAAABis/gC9BqizHe3M/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-4936709102565521553</id><published>2007-01-28T10:31:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:30:56.671Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Perú'/><title type='text'>“Trasero aloca ministro”</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbyFe41BsYI/AAAAAAAABgM/DVOFHOMJuBs/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbyFe41BsYI/AAAAAAAABgM/DVOFHOMJuBs/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5025038049935995266" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;  &lt;/p&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;PERÚ. ALDAHUAYLAS-ABANCAY. &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;El largo caminar entre Lima y Cuzco cubría hoy el trayecto Andahuaylas-Abancay. Nos subimos al bus temprano. El paisaje empieza a discurrir hermoso y llenos de matices que sugieren la calidad de una aguada. Un viajero a mi izquierda está enfrascado en las páginas de un enorme periódico en cuya portada, a grandes titulares, ocupando media página, puede leerse: “Su trasero aloca ministro”. Habíamos dejado hacía un rato Andahuaylas y comentábamos el alocamiento del señor ministro del Perú, a quien algún lindo trasero había de haberle hecho perder &lt;st1:personname productid="la compostura. Y" st="on"&gt;la compostura. Y&lt;/st1:personname&gt; es que el señor ministro no es un raro, el trasero es una de las cosas más bellas y excitantes que Dios Padre puso en esta tierra de hombres y mujeres. No hace falta ser muy sagaz para imaginar las posibilidades que esa combinación de belleza, de cosa ininteligible y deseosa puede provocar en &lt;st1:personname productid="la hip￳fisis. Combinaciones" st="on"&gt;la hipófisis. Combinaciones&lt;/st1:personname&gt; explosivas y tiernas cuyo conocimiento y contacto, de haber sustituido en nuestra tierna infancia a aquel otro del catecismo Ripalda, habría hecho posible en el &lt;i style=""&gt;homo sapiens&lt;/i&gt; una sabiduría de mucho más grosor y consistencia.&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: center; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbyD341BsXI/AAAAAAAABf8/75jT4L8GlTI/s1600-h/culo+copia.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbyD341BsXI/AAAAAAAABf8/75jT4L8GlTI/s400/culo+copia.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5025036280409469298" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; Pedriza de Manzanares&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Traseros; redondos, suaves, adaptadas sus curvas al movimiento natural de las manos que acarician y que gustan describir lentas circunnavegaciones; y como el bus de hoy, adentrarse en los valles, atravesar los prados, subir y bajar por las lomas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Hoy el paisaje está lleno de caderas, de largas y verdes espaldas, de alguna que otra hondonada donde se anuncia el ombligo, de algún que otro muslo desnudo por donde campea una niebla azulada que hace más vivo el color de la carne, tostada como después de un largo verano de playa. La umbría de las nalgas, abajo, deslizándose hacia la quebrada oscura del valle de Loinnombrable, rincón recoleto, puerta loca de la imaginación, juega en mi curiosidad viajera esta mañana el papel de la rocalla en donde cantaban las sirenas homéricas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Divina capacidad esa de alocarse con un trasero, señor ministro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Y el viaje continúa, hoy, casual e inesperadamente como un regalo para la vista; la carretera semejante a&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;una avioneta que diera vueltas y más vueltas acariciando las laderas, una, otra, cien, sobrevolando los valles y altas montañas encopetadas de nubes y nieve. Primero fueron laderas labradas asomadas a la reciente madrugada con las filigranas de miniaturas de hileras de habas y papas; paisaje ajedrezado donde el amarillo del trigo y las verduras parecen componer un cuadro cuya armonía merece las paredes de un museo. Después vinieron montañas más agrestes, empericotadas cresterías azules al fondo, la carretera como una línea insinuada en el ocriverde vertical de las laderas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Viaje de andar por las nubes y de ajetreo autobusero, que deja en la mañana la curiosidad latente de conocer &lt;i style=""&gt;in situ &lt;/i&gt;ese trasero que ayer mismo volvió loco al señor ministro del Perú.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbyD3o1BsWI/AAAAAAAABf0/nSzBrDTLNzo/s1600-h/culo1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbyD3o1BsWI/AAAAAAAABf0/nSzBrDTLNzo/s400/culo1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5025036276114501986" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;Cercanías de Aldahuaylas&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-4936709102565521553?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/4936709102565521553/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=4936709102565521553' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/4936709102565521553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/4936709102565521553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/01/su-trasero-aloca-ministro.html' title='“Trasero aloca ministro”'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbyFe41BsYI/AAAAAAAABgM/DVOFHOMJuBs/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-2917947173119431024</id><published>2007-01-27T16:32:00.002Z</published><updated>2008-04-13T18:30:23.218Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Perú'/><title type='text'>Huelga en el altiplano andino</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuC3Y1BsRI/AAAAAAAABeg/kCI_CcKsobw/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 100px; height: 53px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuC3Y1BsRI/AAAAAAAABeg/kCI_CcKsobw/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5024753697331196178" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;




&lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;PERU. ENTRE LIMA Y AYACUCHO. &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;Aquella noche soñé&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; —o mejor, lo pensé en la oscuridad del bus entre Lima y Ayacucho— que había un hueco alrededor en donde estaba yo, y tú, y tú y mis hijos, y el hueco era como un patio, un campo en donde había todo lo suficiente para pasar &lt;st1:personname productid="la vida. No" st="on"&gt;la vida. No&lt;/st1:personname&gt; era lugar cerrado, estaba abierto, se podía ir lejos y volver. El lugar era cálido, no ocupaba ninguna propiedad, se vivía sin más&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;en él y, aunque el resto de ese mundo existía, importaba poco, nosotros teníamos ese rincón donde lo único que había que hacer era vivir. No había grandes filosofías por allí, al menos no se las veía a simple vista. El espacio en donde crecía ese campo, que por cierto estaba resguardado del viento, pero abierto a las estrellas en el momento en que me sentí allí dentro, era oscuro y acogedor.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuBoY1BsPI/AAAAAAAABeQ/RteLMelPjp4/s1600-h/Ayacucho9.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuBoY1BsPI/AAAAAAAABeQ/RteLMelPjp4/s400/Ayacucho9.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5024752340121530610" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Estaba convencido de que eso era todo lo que había, y quizás lo que necesitaría en el futuro, y ello me producía una gran sensación de paz y libertad. En la televisión del bus habían puesto una película de caballos muy mala (&lt;i style=""&gt;Running free&lt;/i&gt;), sin embargo, algún remoto lugar del mundo con agua, pasto y tierra para correr parecía la aspiración decisiva de un potrillo en busca de sí mismo. Yo procuraba esconderme de la pantalla con el asiento delantero, pero algo me llegaba. Luego acabó la película y, en la oscuridad empezaron a sonar canciones que estaban entre Nino Bravo y Serrat. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Era placentero dejar vagar el pensamiento mientras el bus hacía kilómetros y kilómetros, arrebujarse como tantas veces en los rostros, en las miradas, los recuerdos, en la recomposición de ese rincón que era como un universo en el que todo dependía de nosotros mismos. Allí llegaban muy atenuados los ruidos del mundo, y lo que llegaba no interfería en absoluto en la plenitud del momento. El autobús llevaba diez horas rodando camino del sur, hacia el lejano Machu Picchu; miraba fuera, era hermoso vivir, mirar, ver. Minutos de plenitud sobrevenida que vienen sin más como un regalo a ese rincón de oscuridad. Le pasé distraídamente&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la yema del dedo por la mejilla; ella puso su mano sobre mi pierna. Fuera estaba la oscuridad y el perfil acarbonado de la noche.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuBno1BsLI/AAAAAAAABdw/N8-6AamZQgM/s1600-h/Ayacucho5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuBno1BsLI/AAAAAAAABdw/N8-6AamZQgM/s400/Ayacucho5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5024752327236628658" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;No duraría mucho aquello. Estamos a cuatro mil metros. A la una de la mañana el bus se detiene en mitad de &lt;st1:personname productid="la oscuridad. Los" st="on"&gt;la  oscuridad. Los&lt;/st1:personname&gt; campesinos han cortado la carretera en mitad del altiplano. Una huelga que comenzó a las doce y durará cuarenta y ocho horas. El pavimento está ocupado por grandes rocas de granito. Llega un coche patrulla, la huelga estaba anunciada, la empresa lo sabía, pero... El recorrido no lleva más de seis horas desde Lima, el tiempo suficiente para haber pasado los piquetes de huelgas antes de medianoche, pero nosotros hemos empleado doce horas: el paso está cortado. Aires de revolución en el bus, lleno a tutti plen, gritos contra el conductor, contra la empresa; opciones posibles: darse la vuelta y volver a Lima; quitar las piedras, grandes rocas algunas de las cuales superan la tonelada de peso, e intentar pasar arriesgando un enfrentamiento con los campesinos que vigilan ceñudos al otro lado de la barrera de piedras, dispuestos a romper todas las lunas del bus a pedradas. Se mezclan los desairados con algún que otro bromista que propone alquilar burros para continuar el viaje.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;A las ocho de la mañana estamos en medio de una batalla campal: la policía disparando botes de gases lacrimógenos contra los campesinos y los campesinos desprendiendo grandes bloques de piedra desde un alto talud que corona &lt;st1:personname productid="la carretera. Una" st="on"&gt;la carretera. Una&lt;/st1:personname&gt; larga fila de autobuses, más de veinticinco se han ido acumulando entre la una y las ocho de &lt;st1:personname productid="la mañana. Cuando" st="on"&gt;la  mañana. Cuando&lt;/st1:personname&gt; los antidisturbios habían dejado el paso expedito y los autobuses empezaron a circular después de retirar los bloques de granito, en una ladera más arriba empezaron a desprenderse rocas. Los campesinos se han hecho fuertes y torean a los policías, insuficientes a todas luces, yendo de un lado a otro del monte. Los gases lacrimógenos tienen poco efecto a campo abierto, el viento los dispersa en seguida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Todo empezó después de &lt;st1:personname productid="la medianoche. La" st="on"&gt;la  medianoche. La&lt;/st1:personname&gt; carretera había sido cubierta por rocas a lo largo de cientos de metros. Estaba nublado, lloviznaba. Los pasajeros, después de un pequeño revuelo, deciden parlamentar con los campesinos. Son tajantes, no podremos pasar por allí durante dos días; tampoco podremos dar la vuelta porque la carretera ha sido bloqueada a medianoche en distintos tramos. En el bus hay de todo, niños muy pequeños, ancianos, mujeres, hombres... y algún loco de atar suelto. La algarabía, los intentos de aunar posiciones, los gritos, las amenazas al conductor, forman un cuadro alucinante y &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;esperpéntico en la noche oscura del altiplano. Describir esto requeriría el genio del Balzac; alguna exaltada llega a pedir el cuello del conductor; de los campesinos, con semejante oscuridad, mejor no hablar muy alto porque el campo puede estar lleno de lobos, aunque el apelativo más suave que reciben es el de borrachos.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuEr41BsSI/AAAAAAAABeo/QfXVNkBsaag/s1600-h/Ayacucho+a+5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuEr41BsSI/AAAAAAAABeo/QfXVNkBsaag/s400/Ayacucho+a+5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5024755698785956130" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Por &lt;st1:personname productid="la mañana Victoria" st="on"&gt;la mañana Victoria&lt;/st1:personname&gt; y yo nos vimos en la obligación moral de poner las cosas en su sitio, arremetimos al unísono contra la mitad trasera del bus. Increíble. Les pusimos a parir y resultó un silencio mágico de aquella bronca que lanzaban dos extranjeros que no habían abierto la boca durante siete horas, que no habían retirado ni una sola piedra pese a las exhortaciones de muchos pasajeros y pasajeras, y que habían dormido flamantemente entre la palabrería interminable de la mayoría del personal. Los campesinos no están borrachos, señoras; ustedes parecen todo menos adultos; les debería dar vergüenza ser peruanos; ¿por qué no se van ustedes a insultar a los señores de la plata que viven en Miraflores, en Lima, en lugar de a esta gente pobre que lo único que hacen es exigir sus derechos? Cosas así:&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;silencio; hasta la tía que había estado despotricando toda la noche detrás de nosotros no volvió a abrir la boca. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Un autobús lleno de hombres y mujeres puede ser un ejemplo en pequeño del funcionamiento de una sociedad, ejemplo deprimente de “pueblo” en funciones. No tengo ánimo para describir esto pero es estremecedora la destemplanza, la bazofia que hay encerrada en una parte importante del común de los mortales cuando estos se hacen masa (hay que recordar una vez más el lúcido trabajo de Elias Canetti, en &lt;i style=""&gt;Masa y poder&lt;/i&gt;).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Fuera, los campesinos exigían precios dignos para sus productos; los mayoristas les compran una vaca por cinco mil pesetas, un kilo de patatas por cinco; cuando llegan a los mercados estos precios se han multiplicado por diez, por veinte, por cincuenta. Si los campesinos de todo el mundo han sido siempre los parias de la tierra, los del Perú parecen estar en la rama más baja de esta clase social. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;A&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;las cinco de la mañana nuestra fila de autobuses se engrosa con siete u ocho más; el desplazamiento del equilibrio de fuerzas se salda con mucho a favor de los pasajeros. Se ha hecho de día y el miedo a la oscuridad cede a un arrojo que aumenta con la luz y con el número. Los pasajeros se enfrentan directamente con los campesinos y éstos ante el lenguaje de los números y la actitud amenazante de muchos, ponen pies en polvorosa mientras los pasajeros despejan la carretera de rocas. La ruta queda abierta y los buses se precipitan por el estrecho pasillo de rocas abierto en el asfalto. A los pocos kilómetros un camión, con todos los campesinos del puesto de vigilancia anterior, adelanta velozmente a los autobuses y viene a pararse frente al siguiente bloqueo, mucho más importante y numeroso que el previo. Los campesinos suman centenares. En este punto la carretera está invadida por bloques de granito que necesitan el concurso de diez o doce hombres para hacerlos rodar. Cuando llegamos al primer bus le han roto la luna delantera y dos personas son atendidas con heridas de pedradas. En medio de la carretera arde una gran fogata. Los pasajeros se mezclan con los campesinos que vocean sus razones en pequeños grupos. Las mujeres acarrean carrizos y&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;paja para alimentar &lt;st1:personname productid="la hoguera. Los" st="on"&gt;la hoguera. Los&lt;/st1:personname&gt; campesinos piden que se forme una comisión de pasajeros para hablar con ellos.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuC3I1BsQI/AAAAAAAABeY/hwYUUYXvR2E/s1600-h/Ayacucho10.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuC3I1BsQI/AAAAAAAABeY/hwYUUYXvR2E/s400/Ayacucho10.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5024753693036228866" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Merodeo entre el gentío con las dos cámaras en las manos. Luz de amanecer, tonos apagados, colores salidos de la noche y la humedad para envolver en un ambiente duro y ocre un montón de rostros trasnochadores. Mi pasión de fotógrafo de retratos puede sobre cualquier otra cuestión (recuerdo a los mineros norteamericanos de la exposición de Avedon de que hablaba Marisa): son rostros duros, entecos, oscuros, ásperos, de mirada hundida; el frío los trae embutidos en largos ponchos, su aspecto es mísero y primitivo. Tres o cuatro hablan con empaque explicando las razones de la huelga a los pasajeros. En algún instante, inesperadamente, empiezan a llover piedras por&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;todos los lados; salimos corriendo en desbandada intentando proteger &lt;st1:personname productid="la cabeza. Cuando" st="on"&gt;la cabeza. Cuando&lt;/st1:personname&gt; nos encontramos a cierta distancia de la lluvia arremetemos Victoria y yo gritando a los hombres de los alrededores que tiran piedras contra los campesinos; vuelve a producirse el efecto mágico de un rato antes en el autobús, los increpados dejan inmediatamente las piedras en el suelo y se escurren silenciosamente entre &lt;st1:personname productid="la multitud. Obedecen" st="on"&gt;la  multitud. Obedecen&lt;/st1:personname&gt; como sorprendidos por la violencia de nuestra exhortación. Cesan las piedras en &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;ambos sectores. Los elementos violentos son fácilmente identificables en ambos bandos y la cordura tanto de los campesinos como la de los pasajeros ha terminado por imponerse.&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Se decide esperar hasta que lleguen los periodistas; dejarán pasar con la condición de que les permitan hacer pintadas en todos los buses, además de transportar hasta Ayacucho diez campesinos en cada carro; es decir una supermanifestación motorizada entrando en Ayacucho a lo grande.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Mientras tanto pegamos la hebra con dos hombres. Una ilustrativa conversación con gente muy informada y de aspecto ecuánime. Hablamos largamente sobre el país. Fujimori, el Chino, se presenta ya de manera reiterativa como un hombre que supo aplicar criterios de gobierno muy positivos para el país, mientras que la credibilidad de Toledo parece ir en picado. Estando en estas conversaciones aparece una camioneta de &lt;st1:personname productid="la policía. En" st="on"&gt;la  policía. En&lt;/st1:personname&gt; poco tiempo la carretera queda despejada, los acuerdos quedan en agua de borrajas. Subimos a los buses, nos ponemos en marcha, pero no hemos avanzado doscientos metros cuando volvemos a detenernos. Sobre un talud más arriba vuelan las rocas, los pasajeros se parapetan contra las piedras dirigidas directamente al bus. En seguida empiezan los disparos y los botes de humo. Pero los policías son tan pocos que el humo después de los primeros instantes se convierte en una atracción de feria. Los campesinos corren hacia el talud, se hacen fuertes en la parte prominente, los disparos parecen no llegar hasta allí. Los policías trepan la cuesta y los campesinos y campesinas, muchas metidas en el meollo, se desperdigan y aparecen un poco más arriba. El juego del ratón que te pilla el gato. Media hora después los antidisturbios han claudicado ante su inferioridad numérica. Los campesinos imponen sus condiciones y comienzan a pintar los autobuses.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuBn41BsMI/AAAAAAAABd4/_uL6xTwnfTQ/s1600-h/Ayacucho6.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuBn41BsMI/AAAAAAAABd4/_uL6xTwnfTQ/s400/Ayacucho6.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5024752331531595970" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Es esmalte, amigo, oigo gritar a alguien. Los campesinos se han agenciado dos grandes cubos de esmalte color rojo y haciendo muñequillas con papel higiénico van dibujando todas sus consignas sobre los autobuses: “Viva la huelga campesina”, “fuera Toledo”, etc. La pintada de los autobuses casi parece una fiesta, los pasajeros miran riendo con las manos en los bolsillos. Cuando todos los buses están todos pintados se oye decir que no los dejan pasar. Es el momento del mercadeo entre los pasajeros, aparecen por arte de magia coca-colas, bollos, magdalenas, quesos, todo mercancías que hasta ahora viajaban en las bacas de los autobueses. Las magdalenas que debían de costar a dos pesos el paquete, en quince minutos se disparan a los cinco pesos paquete: ¡plena aplicación de la ley de la oferta y la demanda! Dos enormes cajas con bollos, que transportaba una pasajera en la baca del bus se vacían en un santiamén. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;En la curva se ha reunido una pequeña multitud, arriba del talud siete u ocho individuos con un solo empuje pueden desprender media montaña sobre la carretera si se lo proponen.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Y ahí estoy, tomando el sol, viendo en qué para &lt;st1:personname productid="la cosa. De" st="on"&gt;la cosa. De&lt;/st1:personname&gt; momento hay bastantes pasajeros que cogieron sus bártulos y caminan carretera adelante hacia Ayucucho (más de veinte kilómetros). El resto hace bulto, un bulto como el cuerpo de una ballena, desde donde se eleva de tanto en tanto un chorro de gritos. La señora de las magdalenas hace su negocio. ¡Ajá! Me estaba preguntando desde hace un rato por dónde estaría Victoria que había ido a buscar un rinconcito por ahí y que tardaba en llegar y ¡zas! ¿dónde está? Pues haciendo sus compras de mercado, en la cola de la señora de las magdalenas, ¡justo, comprando magdalenas! Qué previsora. La veo acercarse con una bolsa en la mano, sólo los pudo comprar a cinco... ¡es que la vida sube que es una barbaridad! Ya tenemos desayuno, comida, merienda, cena... y vaya usted a saber si no se arregla esto...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Y yo que había dejado estas anotaciones anoche, cuando me apagaron la luz, en medio de un halo poético; creo que hablaba de mi rincón vital y del perfil acarbonado de la noche, pero ahora ya no es posible retomar el tema en&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuBoI1BsNI/AAAAAAAABeA/4PiVsifaus0/s1600-h/Ayacucho7.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuBoI1BsNI/AAAAAAAABeA/4PiVsifaus0/s400/Ayacucho7.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5024752335826563282" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; medio de esta algarada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;De pronto follón, vocerío, y, como en la guerra, pam, pum, pom, pam, y vuelan los gases lacrimógenos dibujando pequeñas culebrillas de humo en el aire. Parece que estamos en la feria de mi pueblo. Ahora, eso sí, la gente corriendo mogollón, por si acaso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="text-align: justify; text-indent: 21.3pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;No resisto seguir con este cuento. Desde ahí, dos horas de negociación. Se pasa, pero cinco kilómetros más allá volvemos a encontrar otro centenar de envalentonados campesinos. Llegamos por fin a Ayacucho, veinticinco horas después de haber salido de Lima, quinientos kilómetros al norte. Después tardeamos plácidamente, aunque un poco soñolientos, en una habitación en la esquina de la plaza de Armas (todo pueblo, toda ciudad tiene su plaza de Armas, sí señor), bonita, colonial... un regalo para terminar un día sumamente entretenido e ilustrativo. Para cosas de éstas sirve viajar, ¡qué leñe!&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuBoI1BsOI/AAAAAAAABeI/PqlxflJls6E/s1600-h/Ayacucho8.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuBoI1BsOI/AAAAAAAABeI/PqlxflJls6E/s400/Ayacucho8.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5024752335826563298" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-2917947173119431024?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/2917947173119431024/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=2917947173119431024' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/2917947173119431024'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/2917947173119431024'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/01/huelga-en-el-altiplano-andino.html' title='Huelga en el altiplano andino'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbuC3Y1BsRI/AAAAAAAABeg/kCI_CcKsobw/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-4674067073043250268</id><published>2007-01-25T13:07:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:30:00.537Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Perú'/><title type='text'>En los valles del Huascarán</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjUpY1Br-I/AAAAAAAABb4/9sRW06LS1dk/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 100px; height: 71px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjUpY1Br-I/AAAAAAAABb4/9sRW06LS1dk/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5023999191836372962" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 0pt;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;PERÚ, &lt;/span&gt;&lt;st1:personname productid="LA CORDILLERA BLANCA. Habíamos" st="on"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;LA CORDILLERA BLANCA&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;/span&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;st1:personname productid="LA CORDILLERA BLANCA. Habíamos" st="on"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; Habíamos&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; dejado el grueso de nuestro equipaje en el hotel, en Lima, y tomado muy temprano un autobús para Huaraz: ocho horas de bus. No sé lo que sucede, mi cuerpo se sumerge durante casi todo el viaje en un puro sopor del que a duras penas salgo; pasa un paisaje desértico frente a la ventanilla, los acantilados se alternan con &lt;st1:personname productid="la arena. En" st="on"&gt;la  arena. En&lt;/st1:personname&gt; la puerta de uno de estos sopores me encuentro con una leve excitación, a la que logro despertar poco a poco; la alargo en el duermevela, pasan los minutos, sube y baja como una fiesta que hubiera comenzado a medianoche y quisiera prolongarse hasta el alba. ¡Buen sitio el autobús! Y nada mejor que arroparse en la humedad y seguir duermeveleando. Ahí nada más, al otro lado de un cabeceado de ocho horas aparecerá Huaraz, otra de las mecas del alpinismo mundial.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;h2  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt; font-weight: bold;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHFI1BrlI/AAAAAAAABYM/6eWvlEkkiUM/s1600-h/_Huascar%C3%A1n2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHFI1BrlI/AAAAAAAABYM/6eWvlEkkiUM/s400/_Huascar%C3%A1n2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5023984275414953554" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;h2  style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt; font-weight: bold;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Altos de Huaripampa&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Sumé, éramos veintiuna personas en la Toyota, veintiuna más una torre de equipaje en &lt;st1:personname productid="la baca. La" st="on"&gt;la baca. La&lt;/st1:personname&gt; pista de tierra da docenas de tornantis antes de llegar a los cuatro mil ochocientos metros del Portachuelo de Llanganuco. El paisaje: la espalda del Huascarán, glaciares extensos naciendo de las faldas de la niebla, celosa ella ocultando parte de la cordillera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Mientras miro el abismo por donde vamos subiendo veo a Victoria, ella delante departiendo con Jaime, el delegado de la zona para las próximas elecciones. En los lagos Llanganuco, cuando se bajan los tres israelitas que ocupan los asientos del fondo, ambos se vienen atrás y... charlamos, inevitablemente, de política. La gestión poco positiva de Toledo, las expectativas de Alán García y las nulas posibilidades de Fujimori. Somos el país más inculto del mundo, dice con acento circunspecto, desesperanzador, Jaime.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El paisaje al otro lado del puerto también está cubierto parcialmente por las nubes. Nos bajamos en Vaquería, cuatro casas; Jaime viene a despedirse efusivamente de nosotros. Un arriero nos indica con amabilidad el camino hacia el valle de Huaripampa. Nos cruzamos con una niña que, agarrándole de la mano, va tirando de su hermano que a su vez arrastra un&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;cochecillo que a falta de asfalto sigue a su dueño dando vuelcos boca abajo entre las piedras. Los paisanos y paisanas con que nos encontramos son exquisitamente amables, no hay nadie con quien nos crucemos que no dé unas buenas tardes llenas de cordialidad. Nada que ver con los indios aymara de Bolivia, cholos y cholas de intratable y desabrido carácter.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Después de Huaripampa nos quedamos solos definitivamente, el valle sube lentamente por un paisaje de árboles pequeños, el suelo está tapizado por una hierba rala y apretada; me recuerda el valle de Ara en el Pirineo, nada más pasar el poblado de Bujaruelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;h2 face="trebuchet ms" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt; font-weight: bold;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHl41BrpI/AAAAAAAABYs/heIAdxKynTg/s1600-h/_Huascar%C3%A1n6.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHl41BrpI/AAAAAAAABYs/heIAdxKynTg/s400/_Huascar%C3%A1n6.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5023984838055669394" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt; &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Tres horas y media de marcha; un pequeño grupo por el camino, un ruso solitario que lleva una semana deambulando por la cordillera, son todas las personas con que nos cruzamos esta tarde. El lugar de la acampada es un bello prado desde donde se ven asomar los glaciares y una larga crestería totalmente blanqueada por las nevadas últimas. Ponemos la tienda junto a un estruendoso riachuelo. Día sin lectura, sin escritura, nada; después de instalar la tienda y comer algo caeré como un ceporro desplomado dentro de mi saco de dormir; la altura, el peso (comida para cuatro o cinco días, sacos, tienda, infiernillo, etc.) y la falta de entrenamiento me han dejado el cuerpo como unos zorros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;No tardaría en ponerse a llover. Una lluvia discontinua caerá hasta las primeras luces del alba. El suelo estaba condenadamente&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;duro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;h2 face="trebuchet ms" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt; font-weight: bold;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHl41BrqI/AAAAAAAABY0/dAAddktb8DU/s1600-h/_Huascar%C3%A1n7.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHl41BrqI/AAAAAAAABY0/dAAddktb8DU/s400/_Huascar%C3%A1n7.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5023984838055669410" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent3" style="text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;h2 face="trebuchet ms" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Punta Unión&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Colocamos nuestro vivac a &lt;st1:metricconverter productid="4.750 metros" st="on"&gt;4.750 metros&lt;/st1:metricconverter&gt;, un nido de águila en el que es difícil respirar. No hemos cumplido las normas básicas para estas alturas —algún día de aclimatación antes de acercarse a la barrera de los cinco mil metros— y ahora cada vez que nos movemos tenemos que emplear un buen rato para ingerir un poco de oxígeno. No era cosa de tomarse a broma esta excursión y vinimos pertrechados para cualquier eventualidad que se nos pudiera presentar; equipo de alta montaña, por tanto, y comida en abundancia. La altura y el peso desproporcionado que cargamos ha hecho extremadamente penosa &lt;st1:personname productid="la subida. Los" st="on"&gt;la subida. Los&lt;/st1:personname&gt; últimos doscientos metros los he tenido que hacer a un ritmo lentísimo y con una gran cantidad de sufrimiento encima. No podía caminar más de diez minutos seguidos sin sentir que un paso más de ese tiempo me&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;haría reventar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El collado de Punta Unión es un balcón rodeado de glaciares y picachos de &lt;st1:metricconverter productid="6.000 metros" st="on"&gt;6.000  metros&lt;/st1:metricconverter&gt;, pero &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;h2 style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt; font-family: trebuchet ms; font-weight: bold;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHmI1BrrI/AAAAAAAABY8/svJTolhO0vo/s1600-h/_Huascar%C3%A1n8.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHmI1BrrI/AAAAAAAABY8/svJTolhO0vo/s400/_Huascar%C3%A1n8.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5023984842350636722" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;las cumbres están cubiertas por &lt;st1:personname productid="la niebla. En" st="on"&gt;la niebla. En&lt;/st1:personname&gt; un valle más abajo está el Alpamayo, una de las montañas más bellas del mundo. No se ve apenas nada, pero nos resistimos a marcharnos sin echar una ojeada a las montañas de los alrededores, así que plantamos nuestro campamento en espera de que despeje, en espera de esa luz ambarina que ya vimos el día anterior cubrir las grandes montañas de &lt;st1:personname productid="la Cordillera Blanca" st="on"&gt;la  Cordillera Blanca&lt;/st1:personname&gt; desde la terraza del hotel en Huaraz. Amanecer a cinco mil metros en un paisaje tan salvaje y tan increíblemente hermoso, bien vale la contrapartida de esta dificultad de moverse uno y sentir como que no hay aire suficiente en todos los alrededores para seguir respirando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Hace un rato se desplomaron enormes bloques de seracs en los glaciares superiores del circo, pero no logramos localizar &lt;st1:personname productid="la avalancha. Es" st="on"&gt;la avalancha. Es&lt;/st1:personname&gt; siempre un estruendo sobrecogedor. Ahora, después de dos días de caminar, nos queda por debajo un hermoso y larguísimo valle en cuyo fondo espejean dos lagos de aguas verdeazuladas. Dejo de escribir, asomo la cabeza por la puerta de la tienda y veo los glaciares iluminados por el sol, su blancura es blancura recién estrenada; hace un par de días las nevadas acabaron con la época seca y las montañas estrenaron nuevo ropaje.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;h2 style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt; font-family: trebuchet ms; font-weight: bold;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHFI1BrkI/AAAAAAAABYE/kFiCL2zQ2yA/s1600-h/_Huascar%C3%A1n1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHFI1BrkI/AAAAAAAABYE/kFiCL2zQ2yA/s400/_Huascar%C3%A1n1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5023984275414953538" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Hace frío, la niebla hizo un vano intento por abrirse. La cantidad de años que llevo haciendo montaña y no dejo todavía de preguntarme por la razón&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de mi fidelidad hacia ella; lo mal que lo hemos pasado hoy, por ejemplo; este lugar en donde hemos puesto la tienda, lleno de piedras, incómodo, frío, vivaqueando como lo hiciera un amante de la obra de Leonardo da Vinci frente al Louvre, porque sólo le dieran una única oportunidad para ver la sonrisa enigmática de &lt;st1:personname productid="la Mona Lisa" st="on"&gt;la Mona Lisa&lt;/st1:personname&gt;; igual nosotros a la espera del siguiente amanecer. Hay un toque de encanto en estas circunsta&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;ncias; en el caso de hoy, nada más llegar a este lugar, recordé otros muchos vivacs, en la cumbre del Naranjo de Bulnes, por ejemplo, en montones de cumbres del Pirineo que acogieron mi visita solitaria y la de mi igloo de tela. Son ese tipo de vivencias que uno se llevará como un regalo a &lt;st1:personname productid="la tumba. Un" st="on"&gt;la tumba. Un&lt;/st1:personname&gt; pozo de muchas cosas sencillas tiene la montaña; la vida apasionante que encontré aquí durante unos pocos años de recién estrenada juventud, parece como si hubiera servido para alimentar un amor que durará sin duda hasta entonces, hasta ese preciso momento. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;La montaña es una amante a veces exigente. Es incomprensible un amor que no exija un esfuerzo importante; se me ocurre que el amor a la vida no es una excepción, que si se quiere vivir hay que llenar la vida de esfuerzos y trabajos (trabajo, nada que ver con eso de ganarse un jornal). Ser permanente descubridor de juguetes podría ser un oficio alternativo al de un &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;Principito&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; que buscara la otra cara de su ya recorrido universo para sumirse en indagaciones planetarias de un mundo todavía por construir.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHFY1BrmI/AAAAAAAABYU/oheBJ3YCO8k/s1600-h/_Huascar%C3%A1n3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHFY1BrmI/AAAAAAAABYU/oheBJ3YCO8k/s400/_Huascar%C3%A1n3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5023984279709920866" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;La blancura de las montañas y sus precipicios inútiles continúa ahí, como una referencia, mostrando la desnudez de un ser cuya belleza intemporal le viene de la meteorología, de la hora, de la altura, de las armonías que nuestro cerebro les ha otorgado. Alguna cuestión: ¿la montaña sería algo calificable como bello si no hubiera un cerebro que le adjudicara tal apelativo? ¿Es la belleza un atributo de las cosas? ¿Es la belleza una determinada ordenación de algo perceptible por los sentidos como armónico? ¿Depende la belleza de las maneras en que el cerebro ve, relaciona los materiales que le llegan a través del sistema nervioso? En una primera aproximación la belleza no parece que pueda ser algo autónomo, su ser se comportaría como si dependiera del modo en que el cerebro creó estructuras en sí que determinan lo que es bello y lo que no lo es.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHFo1BrnI/AAAAAAAABYc/jqL5QNDECBQ/s1600-h/_Huascar%C3%A1n4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHFo1BrnI/AAAAAAAABYc/jqL5QNDECBQ/s400/_Huascar%C3%A1n4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5023984284004888178" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Pero entonces, ¿qué criterio sigue el cerebro para funcionar de una manera y no de otra, para hacer bello y no feo algo? ¿por qué no pudo ser de otro modo? Y entonces, vistas así las cosas, este amor a la montaña, podría ser una especie de proyección de nuestro ser que busca ciertos compañeros de viaje, conmilitones, con quien arreglar las cuentas de su soledad primera, ciertas proyecciones de uno mismo en donde tratamos de hallar un estado de vivencia, de vida más armónica, equilibrada, frente a otras posibilidades menos gratificantes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;¿O será, por el contrario, que la belleza estará plenamente encerrada en las cosas y le corresponderá al cerebro la labor de detectarla? Seleccionar aquello que sirve al placer se convertiría en otra fuerza básica con que el organismo impulsa la evolución. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El recorrido de Punta Unión a Cachapampa nos llevó casi diez horas. Cargar con tanto peso hace que disminuya el placer de caminar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Al final amanecimos envueltos en la niebla, pese a que había estado estrellado durante casi toda &lt;st1:personname productid="la noche. El Alpamayo" st="on"&gt;la noche. El Alpamayo&lt;/st1:personname&gt; sólo pudimos verlo durante unos segundos, ni siquiera el tiempo para sacar una fotografía. El ambiente se parecía en mucho al de las altas rutas del Himalaya: nuestra tienda por encima de los glaciares, la niebla, la hora temprana preparando el&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;desayuno junto a nuestro nido de águila. La vivencia de la noche despertando en varias ocasiones con el fragor de los derrumbamientos de miles de toneladas de hielo desde las montañas próximas no tiene parangón siquiera en los Alpes. Vivir este espectáculo desde el centro mismo del escenario de las laderas altas del nevado Taulliraju, era un privilegio notable para nosotros; igual que era un privilegio oír a un inacabable Mozart enlatado en mp3 al final de una jornada como la del día anterior.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Embutirse en el chubasquero, cargar el macuto, meter las manos en los bolsillos y bajar sin prisas, contemplando los juegos de la niebla, dejando posar los pensamientos, charlando a ratos, mientras el lago verde del fondo se acercaba, era toda nuestra labor para el resto la jornada.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHFo1BroI/AAAAAAAABYk/8z5nwpHBod0/s1600-h/_Huascar%C3%A1n5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjHFo1BroI/AAAAAAAABYk/8z5nwpHBod0/s400/_Huascar%C3%A1n5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5023984284004888194" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-4674067073043250268?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/4674067073043250268/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=4674067073043250268' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/4674067073043250268'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/4674067073043250268'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/01/en-los-valles-del-huascarn.html' title='En los valles del Huascarán'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbjUpY1Br-I/AAAAAAAABb4/9sRW06LS1dk/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-2853289963017212506</id><published>2007-01-22T16:15:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:29:37.575Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Camboya'/><title type='text'>Con el buda a cuestas</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTsY41BrXI/AAAAAAAABUw/BHEZXRPlBh8/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 100px; height: 50px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTsY41BrXI/AAAAAAAABUw/BHEZXRPlBh8/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022899396740754802" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;














&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;CAMBOYA. &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;Camboya me recordaba la selva boliviana, campos encharcados, casas a modo de palafitos para protegerse de la humedad, chozas de caña. búfalos arando en los arrozales, los ferries atravesando los grandes ríos, ahora el Mekong. Y llovía, llovía ininterrumpidamente, pero no tenía excesiva importancia, la vida seguía igual, la lluvia no interrumpía ninguna tarea en este país. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTre41BrVI/AAAAAAAABUg/PYrHCY8HvLE/s1600-h/Camboya13.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTre41BrVI/AAAAAAAABUg/PYrHCY8HvLE/s400/Camboya13.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022898400308342098" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;Ahora seguía el itinerario de Pierre Lotti camino de Angkor. Es su encuentro con el bosque devorador de ciudades; la selva, los grandes ficus, abrazan los sillares y los templos hasta deglutirlos y convertirlos a la realidad de un tiempo que se ríe irónico de la arrogancia humana. Troncos entre cuyos dedos Angkor duerme su sueño húmedo, entre cuyas manos estrangula el tiempo a los dioses, a sus pedestales de piedra, en canal exudando abiertos la efímera eternidad que administra la muerte con nuestros restos. Rueda por los valles de las montañas viejas el rumor de una vanidad que no encuentra apenas el eco de su voz entre los guijarros viejos, un Indo que socava la tierra y que convierte en desierto los Olimpos de todos los tiempos. Reptan la verdioscura mampostería de los templos grandes serpientes de fábula que resquebrajan los sillares y siembran de caos y misterio la selva, la vanidad de los hombres, sus dioses todos, dormidos hoy como niños abandonados a la espera de hombre o mujer que quiera mecerlos en sus brazos. Niños chicos todos que la soledad y la muerte crearon para darse ellas mismas alojo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTreY1BrTI/AAAAAAAABUQ/McHos3Fz3uo/s1600-h/Camboya11.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTreY1BrTI/AAAAAAAABUQ/McHos3Fz3uo/s400/Camboya11.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022898391718407474" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;De Angkor nacerá el proyecto de transformar el dormitorio de mi casa en bosque, jungla, templo budista, sin olvidar la figura omnipresente de las Apsaras danzando siglo tras siglo en los bajorrelieves de ésta ciudad mítica. Mi cuaderno de notas se llenó en aquellos días con los diseños que me sugerían la emocionada visita a algunos lugares de la jungla, y especialmente aquella parte de Angkor que era devorada por árboles y raíces. Cuando me disponía a abandonar Siem Reap, había ya en mi cabeza un proyecto avanzado de lo que sería aquella habitación. En ella no podría faltar la enigmática expresión del buda ni la elástica figura de aquella cortesana que los muros de Angkor repetían en todas las ramificaciones de sus templos.&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Así pues, a última hora se habían añadido a mi equipaje dos grandes paquetes. Uno, de casi un metro de largo, otro, de un poco menos pero mas grueso. Me dije: bueno, de todas maneras, salgo de aquí... trayecto directo a Bangkok, lo dejo en el hotel y más tarde, un taxi al aeropuerto soluciona el problema del transporte... Todo aparentemente muy fácil. &lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTreo1BrUI/AAAAAAAABUY/t5QjAiVeecc/s1600-h/Camboya12.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTreo1BrUI/AAAAAAAABUY/t5QjAiVeecc/s400/Camboya12.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022898396013374786" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTrfI1BrWI/AAAAAAAABUo/d1XDjRg7YeI/s1600-h/Camboya14.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTrfI1BrWI/AAAAAAAABUo/d1XDjRg7YeI/s400/Camboya14.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022898404603309410" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Arrancamos. No muy lejos de Siem Reap (Angkor) el asfalto desaparece, queda una cuarta parte del país por delante,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;el minibús debe llevar años sin suspensión, se parece al Toyota de su inestable y amorosa Osita. Enormes socavones surcan la pista como si de la superficie lunar se tratara. Unos kilómetros más adelante la carretera queda en un ancho de apenas dos metros. La estación de las lluvias deja el campo inundado, en algún momento la carretera desaparece bajo el agua,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;el conductor arremete valientemente timón en mano la travesía; yo le miro la cara, nada, impasible, una ligera sonrisa, como si&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;fuera pensando en su novia o en el chiste que le contaron durante el desayuno. Tras una corta tregua aparece&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;el barro, grandes rodadas hundidas alternativamente en uno y otro lado de la pista forman un barrizal sólo apto para el  paso de elefantes; pero nada, el conductor apenas si hace un gesto, el minibús escora a estribor, escora por estribor, se le hunde el culo, resbala, el motor ruge y poco a poco, con ligeros resoplidos acompañados de&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;resbalones, termina por alzarse sobre el talud de barro de la parte opuesta. El argumento se repite durante horas.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTq141BrOI/AAAAAAAABTo/GstTYpkOwmk/s1600-h/Camboya06.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTq141BrOI/AAAAAAAABTo/GstTYpkOwmk/s400/Camboya06.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022897695933705442" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTq2I1BrPI/AAAAAAAABTw/erVHUnLxyhQ/s1600-h/Camboya07.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTq2I1BrPI/AAAAAAAABTw/erVHUnLxyhQ/s400/Camboya07.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022897700228672754" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;Los niños de todas las aldeas salen a la pista con una emoción y una sonrisa esplendorosa a cantar su bye-bye. Cabañas de paja, alguna casa, carros, agua, barro, mas barro. Por delante asoma una larguísima caravana de camiones. Paramos, se baja el conductor, echa un vistazo hacia el principio de la fila y vuelve a subir, arranca y tira&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;por el carril de la izquierda; sobrepasamos a treinta o cuarenta camiones, llegamos al puent&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;e, detiene el vehículo, evalúa la situación,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;calcula. Al puente de hierro le falta una segunda mitad en sentido longitudinal, no se ve; cuando el minibús avanza se puede observar que parte de la estructura se ha derrumbado y a partir del medio, después de un brusco cambio de rasante marcado por el hundimiento, la pista se ha transformado en un peligrosísimo plano&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;inclinado que por supuesto el minibús atraviesa con decisión pero con los huevos de los pasajeros a la altura del cuello. La ley de la gravedad desplaza a todo el mundo ahora peligrosamente hacia babor.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTq2I1BrQI/AAAAAAAABT4/rWR9kp0gIAQ/s1600-h/Camboya08.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTq2I1BrQI/AAAAAAAABT4/rWR9kp0gIAQ/s400/Camboya08.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022897700228672770" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Después variaciones sobre el mismo tema. Nueva parada, asomo la cabeza &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;por la ventanilla, enfrente hay otra interminable fila de camiones, esta vez mucho mas larga que &lt;st1:personname productid="la anterior. Me" st="on"&gt;la anterior. Me&lt;/st1:personname&gt; bajo junto a otros pasajeros, labor exploratoria; después de doscientos metros aparece un puente y un trajín de gente que sube arena y&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;piedras hasta una enorme hormigonera que lo cruza de parte a parte. Un numeroso grupo de hombres y mujeres atraviesan el río por un vado con el agua hasta la cintura empujando un par de carros a través de &lt;st1:personname productid="la corriente. Me" st="on"&gt;la corriente. Me&lt;/st1:personname&gt; imagino esperando que fragüe el cemento para poder pasar. Un rompecabezas que no logro descifrar. Mientras tanto me dedico a lo mío, el reportaje fotográfico de la ocasión no se hace esperar; mi cámara recorre los rostros de la gente del país, de los niños, de los acarreadores de graba, de las incidencias del río que ruge achocolatado allá abajo. Pero de pronto el corazón me da un brinco, sea lo que sea están los&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;paquetes, sí, los paquetes, casi dos metros de paquetes si se pone uno a continuación del otro. Si me subo a ellos puedo hacer&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;una balsa y atravesar el río sobre ella, pienso. Eso veo hacer a muchos pasajeros, coger el petate, arremangarse y meterse en el río; después&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de todo la idea no es tan mala. Dos estructuras de hierro lo cruzan de parte a parte, ayudando al miedo a protegerse contra&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la corriente, que es muy fuerte en el centro. Otro problema añadido, la cercana&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;frontera la cierran un par de horas mas tarde. Ya me veo con mi balsa-paquete transformándola en un paquete-vivac al pie de&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;st1:personname productid="la frontera. No" st="on"&gt;la frontera. No&lt;/st1:personname&gt; sería la primera vez, que ya me tocó pasar la noche a cuatro mil metros de altura en un gélido collado de los Andes a la espera de que abrieran el garito de la aduana. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;¡Oh!, pero basta de bromas, cuando llego al minibús, observo que la mitad de los pasajeros han recuperado sus pertenencias y se dirigen al puente. Oigo que van a&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;cruzar el río y que en el otro lado tratarán de encontrar un motocarro para llegar a tiempo a &lt;st1:personname productid="la frontera.  Estoy" st="on"&gt;la frontera.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Estoy&lt;/st1:personname&gt; desorientado, me imagino arrastrando mis delicados envoltorios por medio mundo, a través del barro, caminando en la noche como en un mal sueño. El río, el camino, la frontera, un puente, la otra frontera y buscar un hotel en la noche, si&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;lo hay. Y empiezo a sudar por culpa de mis paquetes, yo tan presumido todo el viaje con mi escaso equipaje de siete kilos, sin tropezarme nunca con viajeros cuyos pertrechos no abultasen menos del doble del mío; y ahora esto. Ahora soy el hombre equipaje, todo bultos con un&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;resquicio para asomar la cabeza sobre ellos. Sudo devanándome los sesos para encontrar una solución. Me entero, además, de que hasta la frontera faltan cuarenta kilómetros de barro y rodadas; queda un puente derrumbado y unas cuantas contingencias todavía no imaginadas. Cuando me voy haciendo una idea del asunto, alguien se ofrece a ayudarme, aunque la persona en cuestión me mira con recelo pensando si&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;habré entendido que habrá de haber propina, sin lugar a dudas. &lt;i style=""&gt;Tip, tip&lt;/i&gt;, repite de continuo, aquel hombre. &lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTq2Y1BrRI/AAAAAAAABUA/HsA0nny1g2w/s1600-h/Camboya09.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTq2Y1BrRI/AAAAAAAABUA/HsA0nny1g2w/s400/Camboya09.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022897704523640082" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Cargamos cada uno un paquete y una mochila y abandonamos el minibús. Llegando al puente, se abre una luz en mi intriga cuando veo que mi acompañante, junto con otros pasajeros, toma un camino a la derecha, en lugar de aquel que usan los lugareños para atravesar el río. Un espabilado ha encontrado el modo de escalar los&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;contrafuertes del encofrado que están llenando de hormigón y allá van. Atravesamos sobre unos tablones, que se&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;comban peligrosamente sobre el vacío, hasta alcanzar el principio de una alta estructura de hierro, en donde una numerosa fila de pasajeros se van pasando los bártulos por una escala vertical metálica de unos tres o cuatro metros de altura que les separa del otro lado de la&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;calzada, mas allá de la parte derrumbada del puente. Yo veo pasar mis paquetes, mi macuto, de mano en mano. Después soy yo el que se encarama a la estructura de hierro. Ejercicio de escalada sobre las aguas rugientes del río. Indiana Jones en escena. El agua ferruginosa&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;ruge entre los barrotes del andamiaje indiferente a esta improvisada procesión de alienígenas con voluminosos bultos entre las&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;manos. Sobre la tierra firme, ya al otro lado, alcanzamos el camino sorteando entre hondos charcos y camiones cuyos bajos, al otro lado del puente, aparecen pertrechados para una larga espera; la paciente población de la carretera duerme la siesta o juega a las carta esperando a que fragüe el hormigón que una larga fila de peones fabrica cubo a cubo transportando cemento, arena, y agua desde el río.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Dos, tres, cuatro, diez días de espera, ¡quién sabe!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El barrizal de la carretera internacional Camboya-Tailandia está sembrado por un trafico paciente y con humor. Tras un&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;kilómetro, la pista se despeja, un matrimonio francés de mi edad que no habla inglés, intenta aclararse de lo que sucede; hablan circunspectos del futuro mas inmediato. Metros mas allá tropezamos con un motocarro. Los primeros pasajeros están discutiendo el precio con el conductor, dos horas hasta &lt;st1:personname productid="la  frontera. Me" st="on"&gt;la&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;frontera. Me&lt;/st1:personname&gt; acerco, cargado todavía con el paquete más voluminoso; el precio queda fijado en diez mil reales, o en cien bath, o&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;en dos dólares y medio  por pasajero, como se quiera. La cifra universal de pasajeros por vehículo de estas características y en estas circunstancias está en torno a las veintidós&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;personas (ya lo constaté en Pakistán atravesando el Himalaya, o en Chiapas, en &lt;st1:personname productid="la Selva Lacandona" st="on"&gt;la Selva Lacandona&lt;/st1:personname&gt;), veintidós personas, sólo que en&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;este caso son veintidós más veintidós macutos, más mis dos &lt;i style=""&gt;breakable&lt;/i&gt; paquetes (frágiles, vamos). Así que veintidós, y en el centro &lt;i style=""&gt;the breakable parcels&lt;/i&gt;. Siempre habrá alguien que advierte al que se&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;sube de nuevo en el motocarro: “breakable”.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Fotos a mogollón, todo el mundo quiere llevarse un recuerdo de este cacho de aventura.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTq2o1BrSI/AAAAAAAABUI/JJH61ErKnFs/s1600-h/Camboya10.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTq2o1BrSI/AAAAAAAABUI/JJH61ErKnFs/s400/Camboya10.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022897708818607394" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Y arrancamos y aparecen los paraguas, que cubren a todos los viajeros; y las japonesas que van encima del voladizo sobre el&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;conductor se ríen a carcajadas, divertidas como niños pequeños. El autocarro salta como un demonio amenazando con hacer caer de su púlpito a&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;las niponas; zozobra, resbala; no hace falta repetirlo, barro a montones, el motor ruge endemoniadamente. Alguien señala unas nubes cercanas, se hacen apuestas. Al poco rato empieza a chispear. Yo saco mi impermeable para tapar cuidadosamente mis paquetes. Lo que había que ver, yo mojándome y mis paquetes tapaditos, los trato como si fueran bebes. El motocarro para y el conductor rebusca entre la impedimenta una lona con la que cubre pasaje y equipaje. Llueve, las bromas se prolongan un rato. A lo lejos retumba la tormenta&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;haciendo culebrillas sobre el horizonte. Pero la cosa no llega a más. Una hora mas tarde llegamos a &lt;st1:personname productid="la frontera. Descargo" st="on"&gt;la  frontera. Descargo&lt;/st1:personname&gt;, arrastro los paquetes hasta el control de pasaporte, paso por la aduana; el aduanero me mira circunspecto, señala mis paquetes, yo pongo cara de cordero degollado cuando éste hace intención de abrirlos. Asustado, saco precipitadamente de mi cartera un papelito azul, la factura; se &lt;st1:personname productid="la tiendo. El" st="on"&gt;la tiendo. El&lt;/st1:personname&gt; aduanero lee despacio su contenido, se le escapa una apacible sonrisa cuando su mirada cae sobre las líneas que describen el&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;contenido de los paquetes. Me devuelve la factura y me indica amablemente que puedo pasar: ¡Ufffff!. Mis paquetes y yo atravesamos la frontera, un quebradizo puente de madera. Estamos &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;en Tailandia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Dentro de los paquetes, celosamente protegidos, a salvo del barro y de las aguas achocolatadas del río, viajan el enigmático buda y la apsara que había comprado antes de abandonar Angkor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTpfI1BrJI/AAAAAAAABTA/p4lOArqA8a0/s1600-h/Camboya01.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTpfI1BrJI/AAAAAAAABTA/p4lOArqA8a0/s400/Camboya01.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022896205580053650" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTpfY1BrKI/AAAAAAAABTI/O6UBtlGYHH0/s1600-h/Camboya02.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTpfY1BrKI/AAAAAAAABTI/O6UBtlGYHH0/s400/Camboya02.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022896209875020962" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTpfo1BrLI/AAAAAAAABTQ/desEAu7USs0/s1600-h/Camboya03.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTpfo1BrLI/AAAAAAAABTQ/desEAu7USs0/s400/Camboya03.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022896214169988274" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTpfo1BrMI/AAAAAAAABTY/a586aUsRBKs/s1600-h/Camboya04.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTpfo1BrMI/AAAAAAAABTY/a586aUsRBKs/s400/Camboya04.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022896214169988290" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTpf41BrNI/AAAAAAAABTg/zNDM9zsDN9Q/s1600-h/Camboya05.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTpf41BrNI/AAAAAAAABTg/zNDM9zsDN9Q/s400/Camboya05.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022896218464955602" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-2853289963017212506?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/2853289963017212506/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=2853289963017212506' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/2853289963017212506'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/2853289963017212506'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/01/con-el-buda-cuestas.html' title='Con el buda a cuestas'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTsY41BrXI/AAAAAAAABUw/BHEZXRPlBh8/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-6179954280219785149</id><published>2007-01-21T13:48:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:29:16.230Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tailandia'/><title type='text'>Bangkok</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvqo1BrfI/AAAAAAAABWs/RzSqWqN20F0/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvqo1BrfI/AAAAAAAABWs/RzSqWqN20F0/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022903000218316274" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;














&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;THAILANDIA. &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;Los recuerdos de un reciente viaje a Oriente son hoy media hora de vuelo, unos visillos que movía la brisa de la mañana, una madrugada en Angkor, algunas incidencias en el transporte de una talla en madera de un enigmático buda y la experiencia de una noche de anhelos.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvLY1BrZI/AAAAAAAABV8/LamfgPefZ7Y/s1600-h/Tailandia+2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvLY1BrZI/AAAAAAAABV8/LamfgPefZ7Y/s400/Tailandia+2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022902463347404178" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El avión sobrevolaba alguna parte de Alemania. Un viaje a Oriente ¿en busca de qué? ¿el Santo Grial? ¿el Vellocino de oro? No sabía muy bien por qué me había visto envuelto en aquella repentina decisión. Quizás una revista encontrada accidentalmente en la que había leído un artículo sobre Halong Bay en las cercanías de Hanoi, acaso un libro de Pierre Lotti, hojeado apresuradamente en &lt;st1:personname productid="la Cuesta Moyano" st="on"&gt;la Cuesta Moyano&lt;/st1:personname&gt;, que hablaba de Angkor. Por lo que fuera, parece que a última hora me había impuesto la necesidad de estar despierto, de agarrar las disposiciones tomándoles la delantera; en este caso asomarme a la ventana del mundo para contemplar si éste me decía algo o no en ese preciso momento de un mes de julio. Uno se hace en cierto momento árbol del camino, crece y echa raíces, se aúpa sobre el paisaje y envuelto por la noche o por la meteorología hace sus deducciones sobre el mundo y sus senderos; los ciclos de la vida se repiten y un buen día nos quedamos mirando al horizonte con la mirada perdida porque la realidad llega a nuestros sentidos envuelta en reit&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;eraciones, sopla un viento agradablemente tibio que ayuda a mantener nuestro gesto amable, tranquilo de quien ya vivió muchos inviernos y muchas primavera antes de llegar aquí. Miraba distraídamente por la ventanilla del avión un mar de nubes a la caída de &lt;st1:personname productid="la tarde. No" st="on"&gt;la tarde. No&lt;/st1:personname&gt; debo tener prisa, intentaba convencerme; ni eso ni tratar de verlo todo; escucharme, mirar, recordar el timbre de la voz de la gente, tiempo de reflexión.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvqY1BrdI/AAAAAAAABWc/a7Wz-iWynGs/s1600-h/Tailandia+6.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvqY1BrdI/AAAAAAAABWc/a7Wz-iWynGs/s400/Tailandia+6.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022902995923348946" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Cuando el avión se vuelve a elevar sobre la ciudad de Frankfurt, el polvo del camino subía a lo lejos. La lluvia lava las hojas de una tarde llena de oro, el viento las mece colgadas sobre el cielo como si fuera una colada; el duro sol del verano abrasa el asfalto, la línea oscura que corre entre el amarillo pajoso y los árboles solitarios. Media luna flota en el horizonte adornando el lienzo con ramas, árboles y campo tostado. Un árbol tiene algo de eso que yo percibo en sí mismo esta tarde. Me siento más árbol que viajero. Marcharse a Oriente para ver qué pasa; es una buena razón, una luz, una idea, una emoción. La laxitud se corresponde con las cualidades del árbol. Ahora me pesa el ánimo tanto como a esa rana del relato de Faulkner a la que hicieron tragar un puñado de perdigones.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvqo1BreI/AAAAAAAABWk/GtGE1IpueDo/s1600-h/Tailandia+7.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvqo1BreI/AAAAAAAABWk/GtGE1IpueDo/s400/Tailandia+7.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022903000218316258" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Bangkok. Dos días después me despierto bajo el chorro del ventilador con el sol ya alto. Me llega una agradable sensación de bienestar; abro los ojos despacio despacio, saboreando el e&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;ncuentro con &lt;st1:personname productid="la ma￱ana. Enseguida" st="on"&gt;la mañana. Enseguida&lt;/st1:personname&gt; me llama la atención el suave balanceo de los largos visillos del ventanal frente a la cama, los miro durante un rato como si contemplara las llamas en el fuego de &lt;st1:personname productid="la chimenea. El" st="on"&gt;la chimenea. El&lt;/st1:personname&gt; movimiento de la tela me recuerda aquella mañana otros visillos que colgaban hacía muchos años en una habitación de&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Cevo, un pequeño pueblo de &lt;st1:personname productid="la Alta Lombard￭a. Compart￭a" st="on"&gt;la Alta Lombardía. Compartía&lt;/st1:personname&gt; la habitación con mi amiga María; una gran cama de matrimonio y una ventana en donde el gracioso balanceo del organdí de los visillos distraía mi tensa vigilia mientras ella dormía plácidamente a mi lado cargada con el peso de una promesa de castidad hecha a su previsora madre poco antes de salir de casa. Un exceso que hube de sobrellevar todo lo que duró mi larga estadía en los Alpes. ¡Oh, las enseñanzas de la madre y su muy bien aprendida lección de llegar intacta al matrimonio...! Así se quiso desquitar después, cuando las celebraciones de la boda quedaron lejos; ella, que albergaba en sí una folladora compulsiva sin saberlo, sólo unos débiles apretones permitió, y eso tras la larga travesía de la Meije, en circunstancias un tanto heroicas después de pasar la noche en una grieta abierta en el glaciar a más de cuatro mil metros de altura donde nos retuvo una aparatosa tormenta. A un apretón apresurado bajo las mantas de un refugio y a un ejercicio de emergencia entre sus muslos bajo su provocadora minifalda, quedaron reducidos los escarceos con María por aquellos tiempos.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvLI1BrYI/AAAAAAAABV0/vxqCB4Ziggg/s1600-h/Tailandia+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvLI1BrYI/AAAAAAAABV0/vxqCB4Ziggg/s400/Tailandia+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022902459052436866" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El bamboleo de los visillos termina por llevarme a los muslos calientes de María. He recuperado el sueño del viaje y me siente bien aunque con una sexualidad disparada que se despierta despacio con la brisa, la tela, la ventana, aquella lejana noche de castidad. Coloco el escenario, rindo tributo al lingam erguido entre mis piernas, celebro el encuentro consigo mismo, la suavidad con que las piezas de la melodía van encajando unas con otras. Llamo a paisajes concomitantes, busco en el tiempo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Pienso en cómo la pereza y el desajustado sentido del tiempo estropean una parte importante de &lt;st1:personname productid="la sexualidad. Raramente" st="on"&gt;la sexualidad. Raramente&lt;/st1:personname&gt; la oportunidad y las disposiciones se ponen de acuerdo para diluir el tiempo en un vagar de olas y sensaciones, raramente. Vagar de olas, curiosear, tocar. Cuando en &lt;st1:personname productid="la India" st="on"&gt;la India&lt;/st1:personname&gt; se visitan esos pequeños templos cuya desnudez se viste de flores en torno al lingam&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;, que preside el lugar, uno es parte de esa liturgia intemporal que debería presidir una parte de &lt;st1:personname productid="la vida. Una" st="on"&gt;la  vida. Una&lt;/st1:personname&gt; liturgia que no imagino ni exclusivista, ni de pareja, que pienso como tributo a los cuerpos, a ellos mismos en la tibieza de la mañana, al calor del atardecer. Reflexiono sobre la gratuidad de vivir el momento, sobre las inhibiciones, los omnipresentes y embrollados estados mentales que atan al hombre de la calle de Occidente.
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Me encuentra ligero de equipaje esta mañana. Estiramientos, desayuno frente al tránsito de la calle, y a caminar. En la mochila la cámara, un cuaderno y un bolígrafo, todos los pertrechos necesarios para patear &lt;st1:personname productid="la ciudad. Hoy" st="on"&gt;la  ciudad. Hoy&lt;/st1:personname&gt; serán las calles y las techumbres de los palacios apuntando al cielo y a las nubes, los retratos, escenas de mercado, el río y los chiquillos desnudos saltando al agua desde un trampolín improvisado. Más de cinco toneladas de plata para enlosar el suelo de &lt;st1:personname productid="la Silver Pagoda" st="on"&gt;la Silver Pagoda&lt;/st1:personname&gt;, mil kilos de oro para un buda, más un millar de diamantes para completar la decoración del lugar. La fijación universal de las religiones en torno al oro y la plata, una notable incongruencia de la que no escapa ninguna de ellas... Miro aquello y soy incapaz de encontrarle significado al asunto. El valor de las cosas, la moneda en uso a lo largo de la historia de la humanidad, también sirve para la ultratumba y las reencarnaciones de todos los colores.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvLo1BraI/AAAAAAAABWE/pFpLClDg44k/s1600-h/Tailandia+3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvLo1BraI/AAAAAAAABWE/pFpLClDg44k/s400/Tailandia+3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022902467642371490" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El ostentoso abigarramiento, el lujo y el valor monetario como expresión de incapacidad creadora. La riqueza confundiendo con su halo de poder y sugestión al mundo entero de todos los siglos. Los poderosos valiéndose de los técnicos y de los artistas para hacer posible el camino de sus excentricidades, se tornan patéticos cuando no son capaces de superar el binomio arte-lujo, arte-exhibicionismo de poder. Quien tiene el poder expolia al que no lo tiene, y convierte el producto de la expoliación en cadenas, en altar, en los que los expoliados rendirán pleitesía en el futuro a sus explotadores y a los ancestros de los explotadores. Ese puede ser uno de los significados, de los atributos del oro. Los creadores permanecerán en el anonimato porque serán solo un utensilio en la consolidación de las relaciones de poder.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvLo1BrbI/AAAAAAAABWM/ZZz0Ew0VwAo/s1600-h/Tailandia+4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvLo1BrbI/AAAAAAAABWM/ZZz0Ew0VwAo/s400/Tailandia+4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022902467642371506" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;A la salida del palacio&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de Vimanmek, se desplomó el cielo y la ciudad se hizo agua y estrépito. Junto a unos soportales en que nos refugiamos el conductor de la motocicleta y yo, el agua llegaba más arriba de los tobillos.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvqo1BrfI/AAAAAAAABWs/RzSqWqN20F0/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 100px; height: 54px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvqo1BrfI/AAAAAAAABWs/RzSqWqN20F0/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022903000218316274" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-6179954280219785149?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/6179954280219785149/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=6179954280219785149' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/6179954280219785149'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/6179954280219785149'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/01/bangkok.html' title='Bangkok'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RbTvqo1BrfI/AAAAAAAABWs/RzSqWqN20F0/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-4981084463479732579</id><published>2007-01-18T10:33:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:28:50.923Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Senegal Malí'/><title type='text'>Hacia Tombuctú</title><content type='html'>&lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;DAKAR-BAMAKO-TOMBUCTU. 2 &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;“¿Qué vamos a hacer?”, leía en aquella ocasión en &lt;i style=""&gt;Posesión, &lt;/i&gt;el libro de Byatt. Estaba con la correspondencia entre Christabel LaMotte y Robert Ash. El largo viaje invitaba a reflexionar. Hacía unas horas Demba se había empeñado en regalarme una fotografía en la que aparecía él con su novia, una joven senegalesa pintada como un cromo, que se abrazaba a su novio con una cara de embeleso propia de algún&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;meloso culebrón de televisión. Eso que con sus múltiples variantes llamamos amor. También él se derretía por su chica negracomoeltizón. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9SJ4vaPuI/AAAAAAAABGM/KS5v5DEpv4w/s1600-h/Mali+7.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9SJ4vaPuI/AAAAAAAABGM/KS5v5DEpv4w/s400/Mali+7.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5021322439344930530" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;Volvía a hacer un calor espantoso dentro del autobús, estacionado ahora en la calle de un pequeño poblado. Los pasajeros buscaron alivio fuera del vehículo, mientras otros bajaban su equipaje después de revolver en la torre todo su contenido a la búsqueda de algo que una simple previsión habría hecho que colocaran aparte. Luego el conductor anduvo hurgando en el motor por enésima vez. Después desapareció. Los viajeros que aguardaban sentados a la sombra de un muro frente al autobús, tuvieron tiempo suficiente para ver cómo la sombra desaparecía y el espacio de la calle se hacía puro sol. Terminaron por dispersarse por los alrededores buscando agua o un entretenimiento en donde matar el tiempo. Esperábamos en una calle polvorienta&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;inundada por el olor acre de la basura y donde el sol caía a plomo a las once de la mañana. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9RmovaPqI/AAAAAAAABFs/jzE2d5ikWwA/s1600-h/Mali+3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9RmovaPqI/AAAAAAAABFs/jzE2d5ikWwA/s400/Mali+3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5021321833754541730" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;¿Qué se puede hacer, ahora, aquí, en África? A fin de cuentas la vida es un continuo interrogante, un qué hacer a cada instante. Qué se podría hacer y no se hace porque el país, la gente están inmersos &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;en una realidad global que arrasa la posibilidad de redención de los individuos. Y era el sida, la carencia de agua potable, la falta de iniciativa, la ignorancia, la suciedad, la dificultad de mantener una higiene. Era desesperanzador viajar por esta parte de África, asumir que durante décadas estas tierras habrían de vivir en la miseria, bajo el signo de una mortalidad escalofriante, mientras el resto del mundo disfruta un eufórico progreso, con un vergonzoso nivel de vida que llena impúdicamente los programas televisivos que llegan a este charco de miseria minuto a minuto estimulando la única salida posible, es decir, saltar de cualquier manera por encima del mar para encontrar un trabajo en Europa. La patera parecía ser la única solución posible para este continente.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;La calle apestaba, el autobús yacía a pleno sol, vacío y solitario como un cadáver que no fuera a moverse más. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Mi entusiasmo africano se desmoronaba. Me entraron unas enormes ganas de huida. La desesperante ineficiencia, la mugre, la convicción de que sería imposible que África superara nunca los siglos que la separaban del resto del mundo, mermaban mi gusto por el viaje. También había miseria en la India, pero era una miseria de distinto signo, menos mineral. En África subsahariana no transcurre el tiempo, todo parece destinado a seguir ig&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;ual por los siglos de los siglos, aquí apenas cuentan los milenios de cultura que el hombre fue acumulando en sus huesos.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9Rm4vaPrI/AAAAAAAABF0/PA2nUEhylJg/s1600-h/Mali+4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9Rm4vaPrI/AAAAAAAABF0/PA2nUEhylJg/s400/Mali+4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5021321838049509042" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9RmYvaPoI/AAAAAAAABFc/p9c62-i1I_U/s1600-h/Mali+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9RmYvaPoI/AAAAAAAABFc/p9c62-i1I_U/s400/Mali+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5021321829459574402" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;¿Qué haremos? A mí me interesaba más el mundo sutil de Byatt que todo esto. La posibilidad de encontrar la síntesis, de acceder a las creaciones de la cultura y el arte, de aprender a ver los matices y las implicaciones, a discernir tonalidades. Estar liberado del trabajo de la subsistencia, de la impetuosidad de la presencia de los acontecimientos para dedicarse a las cosas del espíritu, al amor, al arte. África había empezado a quedar muy lejos en mi ánimo.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9SJovaPtI/AAAAAAAABGE/Ki_QqmhLdXc/s1600-h/Mali+6.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9SJovaPtI/AAAAAAAABGE/Ki_QqmhLdXc/s400/Mali+6.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5021322435049963218" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El autobús dio una breve señal de vida, arrancó con un ruido un poco asmático, dejó una nube de humo en el aire y volvió a callarse. Miraba pasar a una mujer con su acostumbrado paquete a la espalda, en esta ocasión un niño de algunas semanas. Su cabeza colgaba como una calabaza fuera del refajo. Me estremecía verlo, me costaba creer que no estuviera ya desnucado, tal era el salvaje balanceo a que se veía sometido. ¡Era tan diminuto su cuerpo! Una estampa muy folclórica, una mujer, un llamativo vestido color mostaza, y un recién nacido a la espalda moviendo la cabeza como un badajo dentro de la mísera campana de la calle. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style=""&gt;Demain matin, demain matin&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style=""&gt;, se oía entre los pasajeros. Quizás llegaran al día siguiente. Estábamos a doscientos kilómetros de Bamako.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;A fin de cuentas tantos milenios de trabajo deberían hacer posible la dedicación plena a lo que da profundidad y significación a la vida, por más que la vida no tenga sentido. El qué haremos me sonaba entonces como un grito retórico que necesitara llenarse de significado. Era necesario dar las gracias a los hombres y mujeres que durante milenios habían trabajado para hacer posible que uno pudiera plantearse estas cosas. Algunas mujeres golpean en la ventanilla desde fuera con una lata; piden comida. ¿Qué haremos? En mi cabeza volvía a sonar como una tarantela el interrogante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;No habíamos andado diez minutos —caminar enfermo y renqueante— cuando el autobús volvió a detenerse en las afueras de Keyes. Nuevo control policial. Esta vez tocaba registro a fondo. Mientras se realizaba éste, el conductor y su ayudante se dedican a labores de mantenimiento, desplazan una tapa en la parte central del autocar, a la altura de su asiento, y desarman la bomba del gasóleo. Yo empezaba a soñar con interrumpir este viaje para finalizarlo en la isla de Hierro o Lanzarote. El gasoil se salía a chorros por las juntas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Anocheció. La masa humana del autobús se cocía. La tierra roja, llena de grandes agujeros, obligaba a una velocidad ambulante, una larga derivación por una pista anchísima a la búsqueda de un paso. Y dentro todo era agobio y sudor. La lata herrumbrosa en la que viajábamos parecía estar destinada a convertirse en habitáculo vitalicio. El acre olor del sudor de los cuerpos invadía el angosto y sofocante espacio del autobús.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9SJ4vaPvI/AAAAAAAABGU/fYQq488fAhA/s1600-h/Mali+8.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9SJ4vaPvI/AAAAAAAABGU/fYQq488fAhA/s400/Mali+8.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5021322439344930546" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;A medianoche tocó vivac bajo la luz de la luna en medio de &lt;st1:personname productid="la carretera. Esta" st="on"&gt;la carretera. Esta&lt;/st1:personname&gt; vez hubo más suerte, dispusimos de grandes esterillas que unos avispados críos, conocedores de las vicisitudes del transporte africano, vendían en la oscuridad de un descampado. Hacía tiempo que el agua potable había desaparecido. Hube de beber de sospechosos recipientes, líquidos teñidos de té o café. No había otra opción. El campamento se instaló en la misma carretera, delante del autobús. En torno a su esterilla los vecinos departían; me encontraba entre un grupo de instruidos emigrantes que recorrieron el mundo con trabajos de tres cuartos, pero que conocían de la política mundial y sabían bien a quienes había que bendecir y a quien abominar; entre los elegidos estaba Hugo Chávez, que gozaba de gran prestigio entre los concurrentes. Asombraba el conocimiento que tenían sobre España, Europa, Estados Unidos. Un senegalés, un enorme individuo procedente de Gambia, un maliense, Demba, las dos chicas de Nigeria. Las esterillas se habían extendido sobre el suelo formando un mosaico colorista que era frecuentado por distintos pasajeros; también estaba &lt;st1:personname productid="la niña Sandra" st="on"&gt;la niña Sandra&lt;/st1:personname&gt;, &lt;st1:personname productid="la guapa Sandra" st="on"&gt;la guapa Sandra&lt;/st1:personname&gt;, con la que yo hacía dibujos en mi bloc de campaña. Era una charla agradable en este principio de madrugada; en medio de la oscuridad llegaban de lejos las ofertas de los vendedores, bollos, leche, café, mazorcas de maíz, poco más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Los durmientes empezaron a movilizarse a las cinco de la mañana, se oía por todo el campamento el bonjour de rigor, &lt;i style=""&gt;avez vous bien dormi&lt;/i&gt;? Demba, mi autoacogido senegalés dormía como un lirón en medio de mi esterilla. Demba quería que yo le enviara a Brazzaville una carta de invitación para poder trasladarse a España. A estas alturas se me había pegado de tal manera que no me dejaba a sol ni a sombra. Cada vez que paraba el autocar intercambiábamos invitaciones, él venía con un refresco y yo le invitaba a un &lt;i style=""&gt;café au lait&lt;/i&gt;. Yo no dejaba de pensar, viéndole dormir en mitad de la esterilla, en qué se podía convertir aquel negro sonriente y complaciente si llegara a instalarse por unos días en mi domicilio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Tercer día de viaje. Me sentía bien dentro de esa negritud viajera dispuesta a sobrevivir con un plato de arroz, un poco de agua y un trozo de suelo donde descansar de las fatigas del camino. Estaba increíblemente sucio, los pantalones, la camisa, el calzado, el macuto, todo se encontraba embebido de polvo, sudor y arena. La contestación al qué haremos del día que comenzaba se nutría del cansancio, la suciedad y de esa sensación de desesperanza que embarga a uno viajando por estos países. Tampoco ayudaba el paisaje que se repetía llano y reiterativo desde que subimos al autobús. Tampoco ayudaba la cochambre y la pobreza que adivinaba irían creciendo y creciendo hacia el este.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9RmovaPpI/AAAAAAAABFk/9lCtllbUiqg/s1600-h/Mali+2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9RmovaPpI/AAAAAAAABFk/9lCtllbUiqg/s400/Mali+2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5021321833754541714" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;A las cuatro de la tarde el autobús entraba en Bamako. El tiempo apremiaba para tomar esa misma tarde el barco que, Niger arriba, me llevaría a Tombuctú. No podría esperar en Bamako una semana para tomar el siguiente barco. Ya tendría tiempo al regreso de parar algunos días en la capital.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El final de una pesadilla, que fue el viaje en autobús, no tardó en convertirse en el principio de una nueva inquietud. Apenas llevaba medio día a borde del barco que me llevaría desde Bamako a Tombuctú,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;a través del río Níger, cuando tuve la impresión de que aquel viaje no iba a terminar bien del todo. Me habían adjudicado un reducida cabina en el primer nivel. Nada más abrir la puerta el encargado, el olor acre de la descomposición me recibió como una bofetada; el sudor, la miseria y la suciedad poblaban aquel habitáculo desde hacía décadas. Subí a cubierta; allí sin embargo la vida era una fiesta, la megafonía hacía vibrar los cristales, un volumen muy al gusto de los pasajeros que bailaban apasionadamente ritmos africanos bajo una noche estrellada. Niños, jóvenes, mayores, parecían llevar la música en el cuerpo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.25pt; text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Durante tres días fui sacando penosamente tomas de todo cuanto veía desde cubierta. Era un mero impulso del deber. La delicada luz del amanecer o del crepúsculo con los barcos de los pescadores al fondo, el desierto besando las aguas del río, la negritud y los colores de la vestimenta de las mujeres vendiendo sus mercancías a los viajeros desde los improvisados muelles de &lt;st1:personname productid="la orilla. Un" st="on"&gt;la orilla. Un&lt;/st1:personname&gt; variopinto paisaje humano que miraba con el estómago revuelto, sintiendo pasar el tiempo increíblemente lento, pesado, azorado por el sol y por el calor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.25pt; text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Había abandonado definitivamente mi cabina donde sonaba siempre una música estruendosa que la familia que la habitaba se negaba a interrumpir hasta bien entrada la noche; los colchones de goma espuma sin cubierta, mugrientos, los restos de comida por los suelos... tan increíblemente sucio todo; fue imposible permanecer allí. Me instalé en uno de los pasillos de cubierta. Soplaba el viento, hacía frío. El segundo día empecé a sospechar que mi organismo no estaba bien, había perdido completamente el apetito y tiritaba. Un negro pesimismo me invadió. Me arrebujé dentro de mí y pasé dos días más tumbado a la sombra, en uno de los corredores. Al mediodía me levantaba e iba a alimentarme al bar, pedía leche y galletas, lo único entre lo que allí se vendía que mi cuerpo no rechazaba. La comida del barco era imposible digerirla.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9SKIvaPwI/AAAAAAAABGc/jZ5TJKSj22o/s1600-h/Mali+9.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9SKIvaPwI/AAAAAAAABGc/jZ5TJKSj22o/s400/Mali+9.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5021322443639897858" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.25pt; text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El último día la fiebre subió a cuarenta grados. El barco atracó al mediodía en las cercanías de Tombuctú. La legendaria ciudad fue sólo el fondo de una pesadilla. Demoré allí sólo el tiempo necesario para que mi organismo se repusiera un poco. Algunos días después regresaba precipitadamente a Bamako. Mi periplo africano había concluido.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9Rm4vaPsI/AAAAAAAABF8/ihnFKY3tBoM/s1600-h/Mali+5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9Rm4vaPsI/AAAAAAAABF8/ihnFKY3tBoM/s400/Mali+5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5021321838049509058" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-4981084463479732579?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/4981084463479732579/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=4981084463479732579' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/4981084463479732579'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/4981084463479732579'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/01/hacia-tombuct.html' title='Hacia Tombuctú'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra9SJ4vaPuI/AAAAAAAABGM/KS5v5DEpv4w/s72-c/Mali+7.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-7846943133155429222</id><published>2007-01-17T12:18:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:28:27.344Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Senegal Malí'/><title type='text'>Paciencia africana</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4XoIvaPnI/AAAAAAAABFQ/RiRuPAvHj2k/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4XoIvaPnI/AAAAAAAABFQ/RiRuPAvHj2k/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5020976612873223794" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;DAKAR-BAMAKO 1&lt;/span&gt;. Estos días se celebraba una famosa competición que tiene su final en Dakar. Esta crónica que inicio hoy, comienza en Dakar y termina en Bamako, capital de Mali. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Hora prevista de salida del autobús de Dakar-Bamako: las cuatro de &lt;st1:personname productid="la tarde. Sobre" st="on"&gt;la tarde. Sobre&lt;/st1:personname&gt; las cinco empezaron a subir el equipaje a la baca, grandes fardos, bolsos, hatos, sillas de plástico, una motocicleta. Era un vehículo excesivamente antidiluviano para correr ininterrumpidamente durante dos días por carreteras de dudoso tránsito, que en ocasiones desaparecerían en la oscuridad, convertidas en arena, charcos, enormes badenes difíciles de sortear, pero...
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4WCYvaPiI/AAAAAAAABEQ/fvCwB9HtCX8/s1600-h/Senegal+2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4WCYvaPiI/AAAAAAAABEQ/fvCwB9HtCX8/s400/Senegal+2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5020974864821534242" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;A las seis el autocar parecía estar casi listo, los viajeros ocupábamos disciplinadamente nuestros puestos con el autobús a pleno sol, dado que por razones inescrutables habíamos sido obligados a subir a él a fin de que no hubiera duda de que al menos el pasaje estaba en orden. Sin embargo desde la ventanilla veía cómo se acercaban nuevas carretillas llenas de fardos que de mano en mano se alzaban, más todavía, hasta la baca mientras los pasajeros limpiábamos de nuestras caras grandes chorreones de sudor. El mayor calor del mundo estaba en ese cacharro cerrado a cal y canto a la suerte de una climatización natural que procedía de unos ventanucos de medio palmo en lo alto del todo por donde se colaba una brizna de aire. Éramos setenta personas las que nos cocíamos a fuego lento dentro de estos hierros. Pasó una hora, el autobú&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;s tenía el motor en marcha desde hacía tiempo. Después dos hombres volvieron a subir a la baca para tirar de otra motocicleta hacia la cumbre de metro y medio que formaba ya el equipaje. Se añadieron nuevas sogas al cordaje anterior. Sospechando que iba a necesitar más agua de la prevista, bajé a comprar otra botella. A las ocho el autobús se puso en marcha, empezó a correr un poco de aire que aliviaba el calor agobiante. Torcimos por una calle y nos detuvimos en una gasolinera; media hora más. La ropa hacía tiempo que había empezado a despedir el olor acre propio de la situación; se oía el frufrú de los abanicos, unas sencillas superficies de palma trenzada cosida a un palo. El negrísimo cráneo del vecino de enfrente dejaba resbalar por su superficie regueros como de lluvia descendiendo por una cristalera. Hacía tiempo que se había hecho de noche. Arrancamos, doblamos por un par de calles y en unos minutos más entramos en un recinto que parecía una estación de autobuses. Lo era: la misma de la que habíamos salido media hora atrás.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4W0IvaPmI/AAAAAAAABEw/IWqU4O2p3Co/s1600-h/Senegal+6.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4W0IvaPmI/AAAAAAAABEw/IWqU4O2p3Co/s400/Senegal+6.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5020975719520026210" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Sobre las diez todo parece estar dispuesto nuevamente. El autobús se puso en marcha. Las afueras de Dakar eran a veces inmensos lagos donde los coches quedaban atrapados con el agua hasta el chasis. Por turno los vehículos van entrando en estos grandes socavones que cruzan la calzada, luego los motores rugen hasta el último resuello en su trabajo por salir al otro lado del hoyo. Algunos son empujados por los pasajeros con el agua hasta &lt;st1:personname productid="la rodilla. Tardamos" st="on"&gt;la rodilla. Tardamos&lt;/st1:personname&gt; una hora larga en salir de la c&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;iudad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Pasajeros pacientes éstos como no los había visto en ninguna parte del mundo, pensaba yo. ¡Cómo no iban a venirme a la cabeza aquellos rostros negros que los siglos de esclavitud dejaron sobre la memoria colectiva! El cerebro creaba sus propias asociaciones en función de la información acumulada desde la infancia, y el ambiente de sudor, de negritud en la oscuridad, no sugería otra cosa que los barcos que salían de la isla de Goré cargados de esclavos, camino de América.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El autobús paró numerosas veces por la noche, pero me había&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;propuesto dormir por encima de todo, y dormí. Era un asiento casi vertical, como hecho incómodo a conciencia, además el compañero de viaje de atrás se empeñaba en meterme las rodillas por los riñones. Tampoco había mucho espacio, y los senegaleses eran gente grande. Me despertaba el calor en las paradas pero aun en ellas me esforzaba por no abandonar la postura erguida con la cabeza reposada en la parte alta del asiento. Había comprobado en otros muchos viajes, que esta postura aparentemente incómoda, era totalmente higiénica; podía llegar a dormir durante ocho horas con el resultado de un fuerte dolor de cuello por la mañana, pero era algo que se iba después con algunos ejercicios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Algún niño lloraba de tanto en tanto. Entre sueños vi clarear la franja del horizonte. Pocos minutos después paramos en una calle de tierra roja. A ambos lados había dos largas filas de casuchas de madera de aspecto miserable. Los niños llevaban en las manos latas cilíndricas de chapa donde recogían la comida que les daban algunos pasajeros. Sólo había mendrugos de pan en ellas. Era necesario poner atención a donde se arrimaba uno: alguno de los poyetes están llenos de excrementos. Muchas mujeres ya no buscan un lugar discreto para orinar, lo hacen ahí mismo, sin ningún recato, con las ropas hasta la cintura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Fuera había un campo verde plano salpicado de acacias; algún baobab se perdía en el horizonte. Atravesamos chabolas, un poblado con cabañas en forma de glande en medio del cual, atada a un palo, flameaba la bandera senegalesa. En el poblado se barría de mañana temprano el suelo de tierra batida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Parecidos paisajes y razonamientos recordé entonces, eran los viajes por las zonas más míseras de América Latina: brutedad, ignorancia, falta de liderazgo, el provecho de unos cuantos, la extorsión durante siglos de los recursos del continente por los países ricos. Pero sobre todo la calamitosa historia de los Amines, de los verdugos de todo color, del provecho de unos pocos para encauzar la riqueza hacia sus bolsillos. Y sin embargo, ¿no le salvaba al mundo, en definitiva, la clase más emprendedora, aunque necesariamente ésta hubiera de valerse de aquellos con menos capacidad de iniciativa? ¿Sin ella habría sido posible un mundo como el nuestro?&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4WCIvaPhI/AAAAAAAABEI/BBVbAioquyU/s1600-h/Senegal+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4WCIvaPhI/AAAAAAAABEI/BBVbAioquyU/s400/Senegal+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5020974860526566930" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El autobús no podía rodar sin detenerse a cada momento. Controles de policía, agua que echar en el radiador, comprobación de las ruedas, alguna meada... pero había otras muchas ocasiones en que no parecía haber causa aparente para ello. El paisaje era ahora una interminable pradera de hierba alta salpicada de acacias y esporádicos ejemplares de baobabs; también se ven enormes termiteros que superan la estatura de un hombre. Parada de mediodía. Los pasajeros se dirigieron a un chamizo de palma e hicieron cola ante una oscura habitación. También yo me acerqué. No había carne, ni pescado, ni verdura; sólo arroz, me decía Demba, un joven, negro como el betún, que a esta hora se había convertido en mi guía. Era senegalés e iba a buscar trabajo a Brazzaville, en Congo; el itinerario pasaba por atravesar Senegal, Malí, Burkina Faso y Benín, donde tomaría un avión rumbo al Congo; su compañero de asiento seguía un itinerario similar, aunque éste camino de Libreville, en Gabón. Los pasajeros salían todos con un plato de plástico lleno de arroz. Yo di cuenta de mis propias provisiones: un par de huevos cocidos, una mazorca de maíz y un plátano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Departí un rato con un serio estudiante de Tombuctú. Los senegaleses hablaban continuamente de fútbol. Hice algunas fotos a Sandra, la simpática nena que regresaba de vacaciones, desde casa de sus abuelos, en Dakar, a la de sus padres en Bamako. Llevábamos dos horas esperando, nada se movía, los empleados de la aduana trabajaban diligentemente en sus papeles. Los senegaleses habían pagado cada uno mil cefas, el canon que exigía la policía para no revisar la montaña de equipaje de la baca; sin embargo había dos pasajeros que se negaban a pagar; tampoco dos muchachas de Nigeria estaban dispuestas a ello. Transcurrieron dos horas más antes de llegar a un acuerdo. Arrancamos. Minutos después, cuando el autobús no había recorrido apenas medio kilómetro, fue detenido de nuevo por &lt;st1:personname productid="la policía. Nos" st="on"&gt;la policía. Nos&lt;/st1:personname&gt; hicieron bajar. Nuevo control de pasaportes. Un buen rato más tarde el autocar retrocedió y quedó aparcado a un centenar de metros del puesto de policía. Algún imponderable desconocido impedía en esta ocasión viajar de noche. Todos los pasajeros formaron una larga fila sobre el talud de la carretera a la espera de acontecimientos, lo que aproveché para tomar una instantánea. De inmediato oí una voz imperativa que me llamaba: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;—¡&lt;i style=""&gt;Monsieur, monsieur&lt;/i&gt;! —Ya está, en un abrir y cerrar de ojos vi la trampa, el poli de turno había encontrado una excelente disculpa para usurparme la cámara fotográfica, el sueldo de varios meses de cualquiera de ellos.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4WC4vaPjI/AAAAAAAABEY/3kWjlvy73XQ/s1600-h/Senegal+3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4WC4vaPjI/AAAAAAAABEY/3kWjlvy73XQ/s400/Senegal+3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5020974873411468850" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;En efecto, ceñudo, haciendo teatro, me llevó hasta el garito de aduana. Entrando en el mismo, otro policía pretendió arrancarme la cámara de las manos; forcejeamos pero no la solté; me empujó violentamente hacia el interior del cuartucho donde otros dos atendían las diligencias de los pasajeros. Uno de ellos, sentado en el centro de la mesa, tiró de nuevo de la cámara con violencia logrando arrancarla en esta ocasión de mis manos y dejándola fuera de su alcance. Salté sin dudarlo tras ella por encima de las piernas del policía, que me agarraba del brazo y me miraba con suma indignación, posiblemente admirado de una respuesta tan desacostumbrada. No sirvió de nada que le explicara que allí no había ninguna toma de las instalaciones fronterizas, un conjunto de dos o tres chozas, que la fotografía tomada era de los compañeros de viaje, con un fondo en dirección opuesta a la aduana, que era muy fácil mostrárselo sobre &lt;st1:personname productid="la c￡mara. El" st="on"&gt;la cámara. El&lt;/st1:personname&gt; policía exhibió una pose de ridícula dignidad. Me pidió el pasaporte con el cuello muy estirado y me dijo que esperara fuera. Después salió del garito y se dirigió a un lugar situado&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;unos cincuenta metros más allá. Mientras, yo vigilaba la silla donde estaba depositada la cámara, junto a una ventana sin marco ni cristales que se me hacía sospechosa. El responsable del autocar volvió en ese instante con el policía; era un hombre grueso de aspecto decidido. Trató durante un rato de hacerle entrar en razón, pero éste terminó dándole &lt;st1:personname productid="la espalda. Retorn￳" st="on"&gt;la espalda. Retornó&lt;/st1:personname&gt; al garito, tomó la cámara y salió con mi pasaporte. Un grupo de mujeres se interesaban vivamente por el asunto, un círculo de gente alrededor expresaba su solidaridad a voces. Más allá había un boana repantigado en una silla de juncos de plástico frente a una pequeña mesa con restos de té. Vestía una camisa blanca con grandes manchas negras irregulares. Su aspecto indolente y distante indicaban que era el &lt;i style=""&gt;chef&lt;/i&gt;. Mientras apuraba un vaso de té ojeaba la cámara, el pasaporte; terminó pidiéndome el carrete. Aquello, le explicó Tomas, no tenía carrete, y cogió la cámara y &lt;st1:personname productid="la encendi￳. Por" st="on"&gt;la encendió. Por&lt;/st1:personname&gt; las ventanilla trasera iban apareciendo las tomas de las últimas semanas, escenas de la ciudad de San &lt;st1:personname st="on"&gt;Lu&lt;/st1:personname&gt;is, Dakar, la isla de Goré, algunos retratos femeninos. El rostro del &lt;i style=""&gt;chef&lt;/i&gt; adquirió cierta curiosidad satisfecha mirando las fotografías. Cuando llegó la última en donde aparecían los viajeros sentados en el talud junto al autobús, le dije: &lt;i style=""&gt;c’est tout&lt;/i&gt;. Se había formado un gran corro junto a la cámara, mujeres y hombres metían la cabeza para ver qué sucedía entre el policía y el viajero. El &lt;i style=""&gt;chef&lt;/i&gt; le devolvió al fin la cámara acompañándola con un breve discurso sobre la prohibición de hacer uso de la misma en determinados lugares oficiales. ¡Que no vuelva a suceder! dijo ceñudo, a modo de despedida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4WDIvaPkI/AAAAAAAABEg/RG8R63TBpfU/s1600-h/Senegal+4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4WDIvaPkI/AAAAAAAABEg/RG8R63TBpfU/s400/Senegal+4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5020974877706436162" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;Y la carretera, que se había transformado en asfalto unos kilómetros atrás, se hizo de nuevo pista tortuosa y polvorienta que llenaba el interior del autocar de pastoso polvo arcilloso. Media hora más tarde, unos bidones de hierro se interponían en mitad del camino. Otro puesto de policía. Todos abajo. Esta vez no había cáscaras, estábamos en un llano inmundo y polvoriento en donde no había siquiera un miserable techo donde guarecerse. No se pasaba y no se pasaba. A lo lejos el cielo se iluminaba por los relámpagos de &lt;st1:personname productid="la tormenta. Comenz￳" st="on"&gt;la tormenta. Comenzó&lt;/st1:personname&gt; a llover débilmente, y en el horno del autobús era absolutamente imposible permanecer con aquel calor. Terminamos por rendirnos a la evidencia de que no había otra opción que la de tumbarse sencilla y llanamente en el polvo del camino y tener la suerte de que no lloviera. La cámara me sirvió de a&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;lmohada, preferí no mirar donde me había tumbado. La noche era densamente oscura. El lugar quedó sembrado de bultos humanos entre los cuales los más agraciados eran los que llevaban encima las esterillas que usaban para sus oraciones a lo largo del día; sobre ellas dormirían. Yo no tenía Alá a quien encomendarme, así que me tocaría rebozarse toda la noche en el polvo. No olvidé elevar una plegaria al cielo para que los mosquitos no fueran muchos ni muy agresivos. La tormenta terminó por alejarse.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoFooter" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Y dormí bien, casi benditamente bien. De vez en cuando me despertaba y comprobaba que podía aguantar sin demasiados problemas las picaduras de los mosquitos; no darse por enterado, no tocarlas, no hacerles caso, refugiarse en el sueño; la maravillosa capacidad del hombre para adaptarse a la situaciones más dispares funcionaba bien en esta ocasión. Me alzó en la noche para ver el campamento barrido por la luna, un suelo sembrado de durmientes con la silueta de un autocar más allá, sobre el talud; nada se movía, no se oía ningún ruido. Me volvió a dormir, pero al rato me despertó un rumor de voces. Me incorporé, algunos hombres salmodian de pie los versos del Corán. La luna recortaba ahora sus siluetas oscuras contra el cielo ceniciento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Cerca del alba, el estudiante de Tombuctú me golpeó en la pierna, Alberto, decía, &lt;i style=""&gt;bonjour, nous partons&lt;/i&gt;. Los durmientes se sacudían el polvo de la noche y caminaban ya como sonámbulos hacia el autocar. El pasaje se puso en marcha en medio de un silencio lleno de sueño.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4WDYvaPlI/AAAAAAAABEo/sKkqy5viTwQ/s1600-h/Senegal+5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4WDYvaPlI/AAAAAAAABEo/sKkqy5viTwQ/s400/Senegal+5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5020974882001403474" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-7846943133155429222?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/7846943133155429222/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=7846943133155429222' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/7846943133155429222'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/7846943133155429222'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/01/paciencia-africana.html' title='Paciencia africana'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ra4XoIvaPnI/AAAAAAAABFQ/RiRuPAvHj2k/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-4699495811122481324</id><published>2007-01-14T00:42:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:27:45.556Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pirineos'/><title type='text'>Un hayedo al norte del Pirineo</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Las hayas chorreaban aguas milenarias, lo habían estado haciendo durante cientos de años. Esos dos días y medio, esa noche, eran sólo una parte ínfima de aquella secuencia de nieblas y lluvias. Repicaba el agua sobre el tejado de pizarra con la misma aburrida reiteración con que las olas besan las arenas de la playa desde el principio de los siglos. Gruesos goterones atravesaban los numerosos huecos que el tiempo había ido abriendo obstinadamente entre las losetas de pizarra dejándose caer sobre los charcos del suelo de tierra con la monotonía exasperante de un grifo mal cerrado que alejara el sueño de un cuerpo cansado. Fuera, las hayas lloraban repletas de niebla y pena. Llegaba la voz anónima de un arroyo que corría entre la espesa hojarasca como un tímido que atravesara la vida de puntillas para no hacer ruido a su alrededor, un ruido amortiguado de tripas corriendo valle abajo con el corazón lleno de pena.&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ral9-IvaPUI/AAAAAAAABCA/m6dUzNZ5TjI/s1600-h/hayas+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ral9-IvaPUI/AAAAAAAABCA/m6dUzNZ5TjI/s400/hayas+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5019681766132825410" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;Los muros de piedras, apuntalados con gruesos travesaños de madera, combaban hacia el interior amenazando con devolver a la tierra de donde se habían alzado, quizás un siglo atrás, rocas, madera y pizarra. Apenas se sostenían en pie, pensé, mirando aquella ruina, cuando me asomé por la puerta en medio del aguacero. Con un poco de suerte no revienta estando yo dentro, calculé. Junto a la entrada, el suelo estaba seco, el único metro y medio de aquella ruina. En el exterior había una gran puerta de madera apoyada sobre el muro. La arrastré hasta el interior de la casa y la coloqué sobre el suelo. Después, algunos sillares desprendidos sirvieron para calzarla y obtener la sensación de cómodo hábitat protegido de &lt;st1:personname productid="la lluvia. Me" st="on"&gt;la lluvia. Me&lt;/st1:personname&gt; cambié de ropa y la puse a secar en unos clavos sobre las traviesas que hacían de contrafuerte. Recostado sobre la jamba de la entrada fui masticando unas almendras mientras miraba la lluvia cayendo como una cortina de agua entre los robustos troncos de las hayas. ¿Cuántos días llevaba ya caminando? Lo había olvidado, en bosques como aquel, el país encantado de las hadas, era inútil tratar de llevar las cuentas al tiempo, éste se negaba a dejarse engañar por la rutina del paso de las horas. Quizás fueran dos o tres semanas, era lo mismo. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;Algunas mañanas, del cielo brotaba el sol y la luz, y el calor inundaba las montañas y los neveros; otros se llenaba de relámpagos y truenos y el agua apagaba los colores hasta hacer del día la noche mientras en la escueta tienda de campaña, arrasada por el diluvio, el caminante hacía cuentas del día y de la salvaje belleza que lo visitaba en ese instante. A veces surgía una exclamación contenida de mis labios, que expresaba el placer ilimitado de estar vivo, mientras el cielo se desplomaba sobre mi tienda.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;st1:personname st="on"&gt;Lu&lt;/st1:personname&gt;ego estaban los días como el de hoy, lluvia y niebla suficiente para llenar el ánimo con el espesor de la nostalgia. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;Me encontraba en la vertiente norte del Pirineo, un corredor de hayedos que atravesaba día a día, oyendo el agua plañir con una ternura irredenta.&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ral9-YvaPVI/AAAAAAAABCI/d7rdljiLfOo/s1600-h/hayas+2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ral9-YvaPVI/AAAAAAAABCI/d7rdljiLfOo/s400/hayas+2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5019681770427792722" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;El suelo bañado del bosque, cubierto por su manto de hojas pardas, parecía una esponja a la mañana siguiente. Había recogido el saco, digerido un buen poto de muesly con leche, hecho el macuto, y ahora era hora de ponerse en camino de nuevo. Caía un débil chirimiri que no resultaba desagradable; la pierna me molestaba discretamente. Los bastones en&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;las manos se habían convertido en compañeros inseparables de mi caminar. Sólo unas pocas cosas para vivir, catorce quilos a la espalda, unas botas, unos bastones y la fuerza de una plenitud rondando el alma y el cuerpo; era todo lo que necesitaba esa mañana para seguir mi largo peregrinaje entre el Mediterráneo y el Cantábrico a través del Pirineo.&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ral8x4vaPSI/AAAAAAAABBw/2aPcwF6ka1o/s1600-h/Caminar+y+hayas+2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ral8x4vaPSI/AAAAAAAABBw/2aPcwF6ka1o/s400/Caminar+y+hayas+2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5019680456167800098" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-4699495811122481324?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/4699495811122481324/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=4699495811122481324' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/4699495811122481324'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/4699495811122481324'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/01/un-hayedo-al-norte-del-pirineo.html' title='Un hayedo al norte del Pirineo'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/Ral9-IvaPUI/AAAAAAAABCA/m6dUzNZ5TjI/s72-c/hayas+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-3968533192753843016</id><published>2007-01-11T17:02:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:27:08.449Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alaska'/><title type='text'>Parque Nacional de Denali</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RaZvOovaOyI/AAAAAAAAA60/YzWNbYyw5oU/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RaZvOovaOyI/AAAAAAAAA60/YzWNbYyw5oU/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5018821131996117794" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;ALASKA.&lt;/span&gt; Recorríamos un país que en los últimos días recordaba una inmensa Asturias cubierta de lluvia y abetos. Era un paisaje dilatado, pesado, algo melancólico. El parque nacional de Denali ocultaba celosamente la cumbre del McKinley tras una masa de nubes. Abandonamos por primera vez el confort del coche, nos adentramos en las montañas con pertrechos para una semana. Tierra salvaje, tierra sin caminos, no había rastro de pisadas; como a la tierra la trajeron al mundo, igual. Fue duro caminar, pero la sensación de tierra inédita y salvaje era extraordinaria. El miedo a los osos alertaba nuestra atención. Los grandes ríos discurrían lunáticos y torrenciales divididos en largos brazos que cruzaban el fondo aluvial de valles que desaparecían tras las nubes. La lluvia nos recogió pronto en nuestra casa de tela. Lluvia que fue regalo de fondo para una larga tarde de lectura al final de una fatigosa marcha.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RaZuA4vaOvI/AAAAAAAAA6Q/rsnuotOHIL4/s1600-h/Denali+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RaZuA4vaOvI/AAAAAAAAA6Q/rsnuotOHIL4/s400/Denali+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5018819796261288690" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;McKinlely, Alaska&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Acampamos temprano junto a un riachuelo cantarín. &lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Polychrome Mountains era el nombre de las montañas que ascenderíamos al día siguiente. El arduo trabajo de atravesar las masas de arbustos fue desapareciendo según se ganaba en altura; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;el blando y espumoso colchón de la tundra también quedó atrás; hacía arriba se elevaba una ladera de hierba rala ribeteada con una bella extensión de flores alpinas y pequeños arbustos de arándanos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;El paisaje que se abría, según ganábamos altura, era soberbio, de medidas colosales. Las grandes montañas nevadas y los glaciares cerraban por el sur el gran arco del horizonte. A nuestros pies cruzaban los grandes ríos de múltiples brazos, bajaban llenos de luz culebreando desde los glaciares abriéndose paso entre las morrenas o sobre el plano inclinado del valle aluvial. Desde la cumbre nos asomamos a las montañas próximas, áridas, desprovistas de vegetación, el filo de las estribaciones y las cumbres describiendo filigranas tonales sobre el lienzo de &lt;st1:personname productid="la mañana. Posé" st="on"&gt;la mañana. Posé&lt;/st1:personname&gt; el zoom sobre sus laderas y recorrí uno a uno los rincones de los valles, desnudos, sobrios, como nacidos de un desierto de arena y roca. Tres horas de subida y una larga y afilada cresta al final asomada al vacío multicolor de los valles, nos habían dejado sobre un mirador que se volcaba como un espectador frente a un cuadro que recordaba las gamas tonales de las pinturas de Tapies. Al sur descendía una fuerte pendiente de rocas color caramelo: el tabaco, el tofe con leche, los matices enteros de un amarillo desvaído que iban cobrando fuerza y densidad hasta hacerse marrón empastado de burdeos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Por ese paisaje desolado bajamos de &lt;st1:personname productid="la cumbre. Descendimos" st="on"&gt;la cumbre. Descendimos&lt;/st1:personname&gt; hasta quedar otra vez sobre los llanos blandos de &lt;st1:personname productid="la tundra. Las" st="on"&gt;la tundra. Las&lt;/st1:personname&gt; sendas que dejan los animales nos llevaron, dando un gran rodeo, hasta el prado donde habían instalado el campamento.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RaZuA4vaOwI/AAAAAAAAA6Y/xLYe4U5qx80/s1600-h/Denali+2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RaZuA4vaOwI/AAAAAAAAA6Y/xLYe4U5qx80/s400/Denali+2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5018819796261288706" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:78%;" &gt;Parque Nacional de Denali, Alaska&lt;/span&gt;
&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;El día se puso gris hacia el final y el iglú de tela se convirtió en una silenciosa biblioteca asomada a la corriente del río. Era día de cumpleaños. Sentí, allá, en lo alto, perdidos entre las montañas, la nostalgia metérseme por los rincones del alma; la llamada de los míos, muy lejos de allí, suscitó una repentina sensación de cariño y ternura; me bailó un título en la cabeza, escribí: &lt;i style=""&gt;Os quiero&lt;/i&gt;.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Dejé un espacio en blanco sobre la libreta y a continuación reseñé una lista de nombres: hijos, sus chicas o chico, algún amigo; continué:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;“Os quiero. Así terminaba el último correo de mi hijo mayor. Hemos colocado nuestra tienda en lo alto de un promontorio desde donde se divisan todos los valles adyacentes, a lo lejos está el ancho caudal del río Toklak, cuyo volumen de agua nos ha obligado a dar un gran rodeo. Cuatro horas de caminar duro sobre una tundra de altos arbustos y laderas encenegadas. Nos topamos con un inmenso caribú a pocos metros, algo más allá un águila nos miraba casi apaciblemente posada sobre la hierba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Se cubrió, después de la comida me tumbé junto a nuestro iglú de material sintético y dejé que la lluvia, un orvallo claro y silencioso, me cayera sobre &lt;st1:personname productid="la cara. Miraba" st="on"&gt;la cara. Miraba&lt;/st1:personname&gt; las nubes, los montes de enfrente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Recordé detalles, en la memoria siempre otros detalles vuestros, mi gente. Después me dediqué a acariciar esos sonidos que titulan el comienzo de esta crónica de viaje de hoy: os quiero. No sé, son las palabras de &lt;st1:personname st="on"&gt;Guille&lt;/st1:personname&gt; de ayer, os quiero; me gustan, me dejan el corazón tierno. Puede ser que el caudal de ternura baje a veces con mucha más fuerza y anegue en su ímpetu los prados circundantes. La fuerza de la ternura puede con el rubor, rompe con la timidez y se abre en la mañana de hoy como una flor plena de ganas de vivir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Os quiero. Miraba a las nubes, cerraba los ojos y me dejaba atrapar por las imágenes que me traían, os quiero. Distintas, heterogéneas, se aproximaban a mí por los cuatro puntos cardinales. Detrás de un beso de despedida hay siempre un te quiero, cierto, pero en este caso era un sonido cristalino de campanillas alborotadas.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RaZuBIvaOxI/AAAAAAAAA6g/ayf4U7L4_5U/s1600-h/Denali+3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RaZuBIvaOxI/AAAAAAAAA6g/ayf4U7L4_5U/s400/Denali+3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5018819800556256018" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;" lang="ES-TRAD"&gt;Polychrome Mountains, Denali, Alaska&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;El orvallo arreció y empezaron a sonar secas las gotas sobre mi ropa. Me metí en nuestro iglú sintético. No sé qué voy a hacer cuando se caiga de viejo este iglú, es nuestra salita de los caminos, el viejo iglú de las grandes tormentas del Pirineo, de los aguaceros, de los intenso fríos del Parinacota en los Andes; seguro que el lugar más acogedor del entero Parque de Denali. Ahora las gotas golpean sobre su tela tensa, es un repiqueteo suave que despierta la música de cientos de días y noches amparados al calor de esta bóveda de un metro cuadrado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Es una tarde larga; aquí, en medio de las montañas más salvajes de Alaska, a la vera del McKinley, el gran señor de este continente que se rodea de glaciares y ríos tumultuosos. La soledad, el descanso que brota del cuerpo como un dulcísimo compañero de viaje, por fuerza nos termina contagiando con las energías elementales de &lt;st1:personname productid="la naturaleza. Os" st="on"&gt;la naturaleza. Os&lt;/st1:personname&gt; quiero, os quiero montes, os quiero aguas, os quiero nubes, lluvias. El vuelo ampuloso y tranquilo del águila esta mañana, el plácido yantar del caribú, las perdices de ala blanca, esos osos que vamos espantando a voces cuando nos metemos entre los altos arbustos (normas básicas para andar por estos caminos), todo canta esta tarde la misma música.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Y el canto que nació al abrigo de un chirimiri en la tundra necesariamente vuela hoy sobre estas tierras, la isla de Baffin, el Atlántico entero, para despertar a toda la familia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Continúa lloviendo, el tic, tac sobre nuestra bóveda de poliéster suena suave como una nana. Atardece.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Un beso.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;En días posteriores el cielo se cerró apretadamente sobre las montañas y caminar fue chapotear continuamente sobre una superficie mórbida en donde los pies se hundían para salir chorreando agua. El paisaje había desaparecido tras la grisura intemporal de &lt;st1:personname productid="la niebla. Rehiciemos" st="on"&gt;la niebla. Rehiciemos&lt;/st1:personname&gt; el camino de vuelta hacia la pista embarrada que recorría el parque del Mackinley. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Junto a un lago, al frente, sobre el agua —una ligera ondulación en ella— las laderas de abetos disolviéndose en la niebla, nos rodeaban cuatro o cinco abetos robustos. Conduciendo hacia el oeste habíamos entrado en la península de Kenai, un típico y bello paisaje nórdico en el dominio de los hielos. Las laderas nevadas comenzaban un poco más arriba de la carretera, el asfalto corría adornado por dos anchas líneas violetas de arvejillas. Los fiordos, el agua calma de los lagos, las laderas perdidas entre las nubes desfilaban apacibles sobre un fondo envueltos en música de Haydn.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RaZvOovaOyI/AAAAAAAAA60/YzWNbYyw5oU/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RaZvOovaOyI/AAAAAAAAA60/YzWNbYyw5oU/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5018821131996117794" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-3968533192753843016?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/3968533192753843016/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=3968533192753843016' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3968533192753843016'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3968533192753843016'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/01/parque-nacional-de-denali.html' title='Parque Nacional de Denali'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RaZvOovaOyI/AAAAAAAAA60/YzWNbYyw5oU/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-7734297253008140471</id><published>2007-01-04T11:40:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:26:51.127Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Venezuela'/><title type='text'>En la proa andina</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzrD5N_L4I/AAAAAAAAAr8/5MtRbg1xbJ0/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzrD5N_L4I/AAAAAAAAAr8/5MtRbg1xbJ0/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5016142537115512706" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 0cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 0cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 0cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: left; text-indent: 0cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;VENEZUELA. MÉRIDA.&lt;/span&gt; Esta mañana, tras el desayuno, no encontré otro lugar más apropiado en que adentrarme que los alrededores del pico Bolívar, en los Andes Venezolanos, muy cerca de la ciudad de Mérida. Unas semanas antes de nuestra llegada a Manaus, había generado un tipo de convicción que corría paralela a esos descubrimientos puntuales que los instantes de inspiración producen de vez en cuando. Entonces fue la necesidad de vivir el presente lo que se me impuso en medio de la nevada y del doloroso esfuerzo por llevar el aire a los pulmones. Una convicción surgida del dolor como una exigencia interior en donde el sufrimiento podía representar su papel en pie de igualdad con la belleza estética o con la satisfacción lúdica de sentir el cuerpo trabajando orgullosamente durante horas de penosa subida.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzolpN_LyI/AAAAAAAAAq0/_ptXhe28uQo/s1600-h/Merida1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzolpN_LyI/AAAAAAAAAq0/_ptXhe28uQo/s400/Merida1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5016139818401214242" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: center; text-indent: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:78%;" &gt;Puesto de policía de Los Nevados, Venezuela&lt;/span&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 0cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Finalizada la excursión era agradable rememorarla con los pies en un barreño lleno de agua. Habíamos partido del pueblo de Los Nevados con noche cerrada; mucho antes de que los gallos echaran a cantar ya íbamos camino de los cuatro mil trescientos metros del Alto de &lt;st1:personname productid="la Cruz. Noche" st="on"&gt;la Cruz. Noche&lt;/st1:personname&gt; de ligerísima luna con un Orión en mitad del cielo que más parecía, como consecuencia de nuestro cambio latitudinal, que estuviera echándose la siesta que yendo de caza. Era curioso ver en esta parte del hemisferio las constelaciones en poses tan desacostumbradas.&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Primera parada a las tres horas, la segunda una hora más tarde; empezaba a notarse la altura, las laderas se habían llenado de los anunciados frailejones, planta de aspecto aterciopelado, con un ostentoso rosetón de pétalos amarillos; sus hojas lanceoladas, de un delicado verde blanquecino, se elevaban como una gran flor de loto. Los frailejones trepando por la pendiente, sembrando las oscuras laderas con sus tonalidades afelpadas y algodonosas, sustituían aquí a la paja brava de los Andes Bolivianos que adornaban el páramo como si de pequeñas llamas se tratara. Junto a los frailejones vivía una hermana de la &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;dafne acaulis&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; del Pirineo y los Alpes, una pequeña flor muy olorosa con cuatro pétalos de un rojo intenso tirando a burdeos. Me paré, el bufido de los bronquios se remansó un tanto, contemplé el cielo que poco a poco se había ido tragando las cumbres de los alrededores. Al fondo se veían atravesar gruesas nubes sobre los collados, caían como olas hacia este lado sobre los valles altos de Los Nevados. Devoramos las extremidades de un pollo, estaba seco e inapetecible.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzomJN_LzI/AAAAAAAAAq8/Jnk0_kgp3rQ/s1600-h/Merida2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzomJN_LzI/AAAAAAAAAq8/Jnk0_kgp3rQ/s400/Merida2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5016139826991148850" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: center;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Alto de la Cruz, Venezuela&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Después de una segunda parada comenzó a nevar, la temperatura descendía según íbamos ganando altura; el ruido de los pulmones se hacía más violento. Era bonito ese paisaje que se abría y cerraba con la niebla y que rayaba con su cortina de nieve el exuberante manto vegetal de la alta monta&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;ña. El paso era necesariamente muy lento; en lo alto, todavía lejos, una cruz marcaba el punto más elevado de nuestra ascensión de hoy; su silueta se fue acercando poco a poco. El cuerpo me pedía descanso pero me impuse llegar allá arriba sin volver a pararme; Victoria era un punto pequeño unos cientos de metros más abajo. De entre el cansancio y los copos de nieve surgió una pequeña certeza, la de concentrar toda mi atención en lo que sucedía en mi cue&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;rpo entero; hacía rato que mis pensamientos rondaban en torno a la idea de intensificar la vivencia del presente. El concepto parecía tener más posibilidades según transcurrían el tiempo. Me agradaba ahondar en ella, me esforzaba por convertirla en una forma de vida más allá de la enunciación de un concepto. Aplicaba algo del andamiaje teórico a esa lucha por respirar y por mantener un esfuerzo continuo; contemplaba los músculos de mi&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;s piernas, intentaba ver cómo estaban trabajando; observaba mis bronquios; miraba al paisaje, y desde dentro de mi cansancio, me &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;sentía feliz como un niño. Las sensaciones de peligro se van desvaneciendo con la experiencia, uno entra en comunión con los elementos, con la naturaleza plena de estas alturas, consigo mismo, con su presente, como quien descubriera en el paisaje cotidiano un crepúsculo imprevistamente bello... No existía nada en el mundo que tuviera verdadera importancia en esos momentos; los ojos sorbían las circunstancias excepcionales de esta proa andina en &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;donde nos encontrábamos &lt;/span&gt;-&lt;span style=""&gt;y que tenía su larga popa en Tierra del Fuego&lt;/span&gt;-&lt;span style=""&gt; y, aunque nevaba y hacía frío, había consuelo para todo, me puse unos calcetines de guantes, que no tenía, y me las apañé para sacar la cámara sin que se mojara &lt;/span&gt;-&lt;span style=""&gt;imposible perder la oportunidad de fotografiar lo inmediato, los frailej&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;ones, la niebla, los troncos de rojo fuego de unos árboles desconocidos&lt;/span&gt;-&lt;span style=""&gt;. Exhausto, hice tiempo en el collado esperando a Victoria que también luchaba para hacer llegar suficiente oxígeno a su pecho. La vi aparecer como un fantasma amarillo en la horca del collado. Nos sentamos, la hago partícipe de ese presente continuo de que estoy lleno esta mañana, y ella asiente con una sonrisa. Por un rato descendemos bajo la nevada trenzando y destrenzando esta idea del presente que teníamos que aprender a vivir, que tan sustancial nos parecía a veces y que en tantas ocasiones habíamos sobrevolado vaciándolo de significado por el hecho de nombrarlo en exceso asociado a bagatelas, cuando no a esa necesidad de huir de la angustia del tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzpCZN_L3I/AAAAAAAAArc/IcV_5xu8KC0/s1600-h/Merida6.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzpCZN_L3I/AAAAAAAAArc/IcV_5xu8KC0/s400/Merida6.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5016140312322453362" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Frente al Pico Bolívar&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzomZN_L0I/AAAAAAAAArE/H56toD6zDfg/s1600-h/Merida3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzomZN_L0I/AAAAAAAAArE/H56toD6zDfg/s400/Merida3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5016139831286116162" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: center;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Frailejones&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;¡Qué hermosa es la montaña! Hoy, mientras charlamos descendiendo el collado en medio de esta nieve amiga, el pico Bolívar insinuándose a nuestra derecha, sentí muy fuerte contra mis entrañas el calor de los hombres y las mujeres que llamamos familia, amigos, novia, amante. ¡Qué poder el de los elementos, el esfuerzo, el cansancio!&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzomZN_L1I/AAAAAAAAArM/PEYQXYanyXI/s1600-h/Merida4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzomZN_L1I/AAAAAAAAArM/PEYQXYanyXI/s400/Merida4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5016139831286116178" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Había que seguir bajando; vi asomarse dos lagunas a mis pies por encima de unas flores azules sobre las que se alzaba la llama blanca de los frailejones. Nos esperaban tres mil metros de desnivel para llegar a nuestro destino. Dejó de nevar, nos cruzamos con unos arrieros, charlamos. El pollo volvió a hacer acto de presencia; queso, jamón york, una manzana. Si encontramos un lugar apropiado más abajo haremos el descenso en dos días, no hay prisas, quizás las nubes se levanten y podamos contemplar los picos Humboldt y Bolívar. A mitad de camino nos tropezamos con la casa de Pedro Peña, el nieto del primer escalador del Bolívar. Nos habían hablado del lugar y tuvimos la idea de que podríamos pegar la hebra durante un buen rato, pero... el hombre joven que era el tan Pedro Peña resultó excesivamente tímido, no respondía a ninguna de nuestras bromas, esa especie de compadrazgo que tan bien funciona en los lugares poco habitados y que invita a la gente a rajar y a sentirse más cerca. Ese hombre dice cosas como que allí siempre hacía frío, que no era un lugar agradable. Nos ofreció té, pero su actitud y su manera de hablar como un adolescente con la mano frente a la boca, lo que hacía ininteligibles sus palabras, nos decidieron a marcharnos. Quedaban tres horas de descenso por un bosque encantado que se transformaba continuamente según íbamos perdiendo altura; el camino, desagüe natural muy apropiado, se convertía más abajo en un jeroglífico de cárcavas que en algún momento tuvimos que escalar. La vegetación, exuberante en todo momento, cubría las cárcavas y el camino hasta transformarlo en un difícil jeroglífico. Llegamos al valle al final de la tarde; el pueblo estaba en fiestas, pueblo con cerveza, pueblo con buseta que nos llevaría entrada la noche a nuestro hotel. Una, dos, tres, cuatro cervezas con el culo en tierra firme era una justa recompensa para el final de una caminata de doce horas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 42.55pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzrD5N_L4I/AAAAAAAAAr8/5MtRbg1xbJ0/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 100px; height: 51px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzrD5N_L4I/AAAAAAAAAr8/5MtRbg1xbJ0/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5016142537115512706" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-7734297253008140471?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/7734297253008140471/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=7734297253008140471' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/7734297253008140471'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/7734297253008140471'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/01/en-la-proa-andina.html' title='En la proa andina'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZzrD5N_L4I/AAAAAAAAAr8/5MtRbg1xbJ0/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-8874539156095632315</id><published>2007-01-03T11:07:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:26:32.040Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Guatemala'/><title type='text'>el fasto vaticano</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuPnJN_K0I/AAAAAAAAAfI/HaAXJatAdaA/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 100px; height: 44px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuPnJN_K0I/AAAAAAAAAfI/HaAXJatAdaA/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5015760512659434306" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;GUATEMALA &lt;st1:metricconverter productid="2. A" st="on"&gt;2. &lt;span style="font-weight: normal;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/st1:metricconverter&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; la tarde, la débil luz de la habitación me impide seguir con la lectura de Chomsky; me tomo una tableta de chocolate, un vaso de leche, me enchufo los auriculares a Mussorsky, y agarro el portátil. Encontré la letra courier, le puse la negrita y enseguida me pareció que estaba con el clac, clac de la máquina de escribir golpeando sobre el rodillo de goma. Viejos tiempos aquellos de la pequeña máquina que tantos trabajos sacó adelante y que mis hijos se rifaban ahora como lujo paleolítico de la escritura.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 0cm;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuO1ZN_KzI/AAAAAAAAAe0/-Pb_5D6fqzQ/s1600-h/Guatemala23.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuO1ZN_KzI/AAAAAAAAAe0/-Pb_5D6fqzQ/s400/Guatemala23.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5015759657960942386" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Vi al Papa a través del zoom de trescientos, ocupaba todo el rectángulo del objetivo, estaba encorvado, con la cabeza inclinada a un lado, tenía aspecto de sumo cansancio; el papamóvil atravesó por delante de nosotros a una velocidad desconsiderada, poco cortés diría yo, para la multitud que se había apostado en las calles durante horas esperando el paso del Santo Padre. Seguía detrás del papamóvil un microbús lleno de “personalidades” eclesiásticas; varios de ellos sonreían melifluamente y hacían gestitos de saludo con las manos desde su sonrisa profidén. Los coches doblaron rápidamente por la calle de la izquierda y se perdieron en otro codo que los dejaba en la Nunciatura. Inmediatamente un triple cinturón de policías acordonó la entrada a la calle. El Papa quedaba debidamente enlatado. Durante toda la mañana, jóvenes universitarios habían engalanado todo el pavimento de las calles por donde pasaría con dibujos y pinturas en bajorrelieves fabricados con serrín de distintos colores; los regaron durante horas para que mantuvieran sus formas y no fueran arrastrados por el viento. Primorosas filigranas, trabajo minucioso probablemente preparado durante semanas para homenajear al “Mensajero de la Paz”. El coche de este mensajero pisoteó a una velocidad de visto y no visto toda aquella alfombra primorosa. Y los gilipollas de bonete rojo sonreían y meneaban la mano a la multitud que llenaba la calle, mientras el público miraba perplejo en qué habían quedado sus expectativas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Trabajo rutinario de masas. Masa distante, carne de cañón. Ceremonia de la confusión. Burócratas de sotana roja o blanca. Si Jesús se levanta y ve esto le da un patatús. Parece como si unos pocos programas de televisión, un Papa, y el uso medianamente inteligente de los medios de comunicación fueran capaces de tragarse los pocos metros de dignidad que un pueblo puede desarrollar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuO1ZN_KyI/AAAAAAAAAes/IokSCFlwGi0/s1600-h/Guatemala22.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuO1ZN_KyI/AAAAAAAAAes/IokSCFlwGi0/s400/Guatemala22.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5015759657960942370" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Incontenible emoción, lágrimas, cuadros para una exposición antropológica en donde se encierran muchas de las claves del comportamiento de la humanidad. Era imposible no ver la mentira, me decía, este papamóvil impoluto y limpio llevando el mensaje de la esperanza al pueblo pobre, mísero, al que vienen esquilmando y chupando la sangre desde los tiempos de Cortés; un papamóvil lindamente acompañado por Ríos Mont como representante del dinero, de la masacre indiscriminada de los años ochenta (hoy presidente del Congreso y aspirante a la Presidencia en las nuevas elecciones). Esperpéntico. Banderitas, emblemas, aplausos, ojos húmedos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Por la tarde, mientras me cortaba el pelo, miraba en la televisión los preparativos en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en Méjico, lugar a donde se desplazaría aquella tarde el Papa viajero, santuario donde los devotos siguen arrastrándose décadas tras décadas de rodillas por el empedrado hasta los mismísimos pies de la virgen, junto al altar mayor. Se mencionaban muchos millones de pesos, en esa ocasión la curia romana andaba en déficit, no habían podido encontrar promotores suficientes que sufragaran los gastos; se hablaba de negocios, el gran negocio de la bisutería y las estampitas que sigue al Papa en todas sus correrías. Era imprescindible recordar a todos los grandes promotores del culto a la personalidad del siglo XX y, con ello, claro está, el papel de los medios en la fiesta de la confusión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Realizamos buenos retratos en aquella ocasión, eran los retratos de siempre, hombres, mujeres, niños que veían pasar la vida como si ésta fuera un juego de magia y el espectáculo a donde iban les mostrara la suerte que corrían los conejitos y las palomas dentro del ancho gorro del prestidigitador de ocasión. Se trata de un pueblo ingenuamente crédulo, allí todavía un señor gordo puesto en mitad de la plaza era capaz de mantener en vilo a un gran círculo de adultos con el juego de ese conejo-servilleta que brinca solo al impulso del dedo índice de su cuidador, ese truco de toda la vida que hacía el vecino de mi suegra a mis hijos cada vez que caíamos por allí de visita.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuO05N_KxI/AAAAAAAAAek/fZbGuqmzd5M/s1600-h/Guatemala21.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuO05N_KxI/AAAAAAAAAek/fZbGuqmzd5M/s400/Guatemala21.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5015759649371007762" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Los señores del Norte y los señores de Roma van a seguir teniendo a este pueblo bajo su bota de hierro durante mucho tiempo todavía. El Papa les habla&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; de que los ángeles hacen pipí desde el cielo, mientras desde Gringolandia un feroz vigilante mira continuamente bajo la cama de Guatemala para que no se le filtre ningún socialista que pueda poner en peligro el dinero del tío Sam.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;El espectáculo de entonces, la fastuosidad vaticana, &lt;st1:personname productid="la del Estado" st="on"&gt;la  del Estado&lt;/st1:personname&gt; de gala en el aeropuerto, era indigno e irrespetuoso en un país donde el sesenta y cinco por ciento de la población vive por debajo del índice de pobreza, o donde el noventa y cinco por ciento de las mujeres indígenas son analfabetas. Un treinta y cinco por ciento de analfabetos en todo el país era un terreno abonado para una exhibición como la de aquel día.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuPnJN_K0I/AAAAAAAAAfI/HaAXJatAdaA/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 100px; height: 82px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuPnJN_K0I/AAAAAAAAAfI/HaAXJatAdaA/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5015760512659434306" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuPnJN_K0I/AAAAAAAAAfI/HaAXJatAdaA/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 100px; height: 82px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuPnJN_K0I/AAAAAAAAAfI/HaAXJatAdaA/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5015760512659434306" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-8874539156095632315?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/8874539156095632315/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=8874539156095632315' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/8874539156095632315'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/8874539156095632315'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/01/el-fasto-vaticano.html' title='el fasto vaticano'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuPnJN_K0I/AAAAAAAAAfI/HaAXJatAdaA/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-6524186248506524272</id><published>2007-01-01T13:47:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:26:10.458Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Guatemala'/><title type='text'>Esperando al Papa</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuQIJN_K1I/AAAAAAAAAfU/urLT5q-Mdc8/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 100px; height: 20px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuQIJN_K1I/AAAAAAAAAfU/urLT5q-Mdc8/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5015761079595117394" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;GUATEMALA 1&lt;/span&gt;. Dolor de tripas, sí; algo así fueron nuestros primeros días en Guatemala, quizás el humor, el ánimo de un país pueda compararse al humor que uno arrastra como alma en penitencia durante tantos días de &lt;st1:personname productid="la vida. S￳lo" st="on"&gt;la vida.  Sólo&lt;/st1:personname&gt; que hay países que parece que nunca vayan a despertar del mal sueño de un ánimo envilecido por la historia, los gringos o el pandemónium católico. Habíamos llegado a la capital sin tiempo para buscar hotel y, teniendo en cuenta la prevista llegada del Papa para el día siguiente, nuestros temores de no encontrar alojamiento hicieron que no nos demoráramos en su búsqueda; así pues, de cabeza al primero que encontramos. Hotel Guatemaya, un pasillo estrecho, un verja al fondo; se abre la verja, cuatro o cinco metros cuadrados, un cuchitril rodeado de cristales, sólo queda una habitación, cincuenta y cuatro quetzales, baño común.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt; &lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZkRM5N_KvI/AAAAAAAAAeI/Wqz0KEkv3ps/s1600-h/Guatemala5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZkRM5N_KvI/AAAAAAAAAeI/Wqz0KEkv3ps/s400/Guatemala5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5015058573269347058" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt;Tomamos la llave, subimos una escalera que se cae a trozos, echamos un vistazo al baño: paredes rotas, una cortina con mugre de muchos años; en un rincón un retrete, unos pocos chorizos flotan indolentes en la superficie amarronada de su interior; dos pilas de medio metro cuadrado, una con agua sucia hasta el borde, restos de pelos, espuma, un paño oscilando en su superficie como un iceberg. Del grifo caen lentas unas pocas gotas de agua. Giro la manilla, el mecanismo emite un su&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt;spiro, un gloglogló que se va por las tuberías como con pena. En el suelo hay un enorme charco de agua. Pasamos a &lt;st1:personname productid="la habitaci￳n. Colchas" st="on"&gt;la  habitación. Colchas&lt;/st1:personname&gt; rojas, un somier de tablas con un colchón de gomaespuma de tres o cuatro centímetros de grosor. Un letrero: no manchen las paredes; una de ellas es de cartón piedra. El ruido del tráfico de la calle viene matizado por una trayectoria que debe subir por el muro de la fachada, bajar, atravesar un patio cubierto de uralita, en cuyo fondo está encendida una televisión de colores, y filtrarse por fin por dos de los agujeros de los cristales rotos de la habitación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt;La colcha roja servirá para tomar a la mañana siguiente un par de b&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt;ellas fotografías de Berta mientras hacía desnuda sus ejercicios de gimnasia matinal. Hay poca luz; en el lienzo del visor, sobre la base roja de la colcha, se levanta el esmalte azul de la pared, las sábanas revueltas; en un lateral, cercano al eje central, el cuerpo de ella, los brazos al frente, el pecho prominente, el estómago retraído. La luz entra débil por e&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt;l lateral derecho y modela suavemente los hombros, &lt;st1:personname productid="la espalda. El" st="on"&gt;la espalda. El&lt;/st1:personname&gt; fotómetro marca un tiempo demasiado escaso, mantén la respiración, quieta, le digo. Creo haber visto esa tela roja sobre el crema de la sábana en algún lugar, quizás en David. Disparo y sigo con mis ejercicios de yoga, pero un momento después vuelvo a abrir los ojos, y en la cama opuesta, vuelvo a encontrar esa extraña mezcla de rojo, blanco y azul, con el cuerpo reconcentrado de ella en medio. Habitaciones de hotel barato, rastros de texturas y colores agolpados; el encuentro inesperado de la vista con las formas y los matices, momento ese en que la realidad se abre como una flor y nos regala la belleza de una composición.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZkRM5N_KuI/AAAAAAAAAeA/9tOSNFrUP-Y/s1600-h/Guatemala4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZkRM5N_KuI/AAAAAAAAAeA/9tOSNFrUP-Y/s400/Guatemala4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5015058573269347042" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt;Por las mañana los chorizos siguen indolentes en el mismo lugar que la noche anterior. El agua de la ducha, que ha sonado como un riachuelo cercano desde antes del amanecer, probablemente porque no había forma de cerrar la llave, deja caer una hilera de gotas ininterrumpidas cuando nos levantamos. Me siento en el lugar de todas las mañanas y el metrónomo del grifo acompaña a mi ánimo en el ir y venir de mis reflexiones. Se me encoge el estómago; pocas veces vi tanta decrepitud reunida, no pobreza, no, que eso es otra cuestión. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt;Bajaré enseguida para encont&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt;rar otro hotel por los alrededores y me encontraré en recepción gente amable y sonriente (el dia anterior habíamos preguntado por el agua; sí, hay varios baños, pueden ustedes bañarse todo lo que quieran) que me saluda desde el medio metro cuadrado del chiringuito acristalado de la recepción con la deferencia de quien cree haber cumplido con todos los requisitos para hacer que los clientes se sientan a gusto. Se me pasan por la cabeza los chicles pegados en el pavimento, el suelo que no ha debido de ver un fregona en una larga temporada, las centenares de señales de cigarrillos quemados en los muebles, una larga y negra telaraña que cuelga del techo encima de mi cama;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y les miro y me encanta que los empleados del hotel sean tan amables y considerados.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt;Tengan cuidadito, nos había advertido anoche la camarera que nos había atendido tranquila y amablemente, tengan cuidado que hay mucho criminal suelto. Saqué la navaja, la tuve la mano, caminamos por el centro de la calle que ya empezaba a vaciarse de gente y subimos a la habitación después de atravesar la estrecha reja que nos cerraba el paso. Por la mañana la calle ya es de todos, el tráfico era fluido. Recorrí algunos hoteles, en la mayoría me atendían a través de la reja que separaba la calle de &lt;st1:personname productid="la recepci￳n. Me" st="on"&gt;la recepción. Me&lt;/st1:personname&gt; muestran algunas habitaciones, un cubo oscuro sin un mísero tragaluz, no, no tienen ventanas, me dicen con la mayor naturalidad del mundo; en otro me cruzo con una mujer desnuda que lleva arrollada una toalla blanca en el cuerpo, me enseñan una habitación, sí, si tiene ventanas, me había dicho, las ventanas dan a un estrecho pasillo; enfrente cuatro servicios con las puertas abiertas de donde se escapan los olores propios de las deyecciones matinales de los clientes; casi no me da tiempo a mirar, retengo la sensación desagradable que me sube por el estómago, me cruzo con gente que se acaba de levantar, doy los buenos días amablemente, huyo, me marcho lo más deprisa que puedo con una sonrisa de cortesía anclada en mi cara. Hay hoteles mejores, algunos doblan el precio que hemos pagado la noche anterior, me hago enseñar una habitación, no mejoran en mucho a las otras, un jeroglífico de escaleras, en todos los rincones objetos abandonados, puertas de waters abiertas de par en par, la sospecha de que en alguna de las revueltas me voy a encontrar con algo inmundo e indefinible.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZkRM5N_KwI/AAAAAAAAAeQ/KVzUyfZt3Iw/s1600-h/Guatemala6.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZkRM5N_KwI/AAAAAAAAAeQ/KVzUyfZt3Iw/s400/Guatemala6.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5015058573269347074" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt;El ruido que producían los automóviles era estruendos&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt;o. Por fin logro que me enseñen algo habitable, quiero luz, le digo al encargado, mucha luz, el señor me indica una habitación: ¡vaya, puede pasar!, y, con un tono que no oculta un fondo un tanto socarrón, me dice, ve, desde aquí puede usted ver toda la calle, toda la gente que pasa. ¿No tiene otra con más luz? Me mira paciente y termina mostrándome la habitación de al lado, no se puede tener más luz, dice ahora, y va y me abre, en el achaflanado rincón de enfrente, una puerta que da a un balcón con vistas a dos calles laterales. Es una enorme sala de paredes sucias, pero me gusta; echo una rápida ojeada al baño, hay un pequeño charco en el medio, imagino enseguida que podremos limpiarlo sin problemas. ¿Agua? sí, sí y me abre el grifo para que lo compruebe. En fin, que ya teníamos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;hotel.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt;Ahora sólo quedaba descansar un poco y tomarnos la mañana tranquila a esperar la visita del Papa. Nos esperaba día de Papa, día de misa multitudinaria y, por supuesto, día grande para hacer retratos sin restricción de una muchedumbre alelada ante la voz cansina y de sonsonete del Santo Padre, que volaba desde Roma para dar el toque a sus ovejas que en los últimos años se están pasando en masa a las iglesias de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y a La Iglesia del Verbo (&lt;st1:personname productid="la de R￭os Montt" st="on"&gt;la de Ríos Montt&lt;/st1:personname&gt; que en los ochenta se cargó a miles de indígenas impunemente). Mundo de locos. Los americanos, avanzadillos ellos, temen que lo poco católico que merece la pena, los movimientos de la Teología de la Liberación, pueda estorbar su estrategia económica y social, y busca arietes que le vayan abriendo el camino, los evangelistas, ya da per tutto en Latinoamérica se convierten de esa manera en los guardadores de los intereses de la madre patria. Así que allí estaba el Papa por tercera vez, apacienta tus corderos, apacienta tus ovejas, probablemente a decirles a las masas que sigan teniendo muchos hijos, aunque sea en el cubo de &lt;st1:personname productid="la basura. Hab￭a" st="on"&gt;la basura. Había&lt;/st1:personname&gt; sido totalmente inesperada esta coincidencia con el Papa, show sociológico que desde luego no nos íbamos a perder.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuQIJN_K1I/AAAAAAAAAfU/urLT5q-Mdc8/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 100px; height: 57px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuQIJN_K1I/AAAAAAAAAfU/urLT5q-Mdc8/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5015761079595117394" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-style: normal;color:black;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-6524186248506524272?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/6524186248506524272/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=6524186248506524272' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/6524186248506524272'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/6524186248506524272'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2007/01/esperando-al-papa.html' title='Esperando al Papa'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZuQIJN_K1I/AAAAAAAAAfU/urLT5q-Mdc8/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-8442162706677681537</id><published>2006-12-29T10:06:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:25:47.991Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Venezuela'/><title type='text'>El entendimiento de lo grande</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTtcj6Y47I/AAAAAAAAAac/R9lTeFeEW1I/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTtcj6Y47I/AAAAAAAAAac/R9lTeFeEW1I/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013893360102466482" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;VENEZUELA. CANAIMA 2. &lt;/span&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;Segundo día. &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;La larga ascensión por el río durante dos días terminó bajo los mil metros de cascada después de una buena caminata que tuvo su momento más bello en la travesía y ascensión de la selva que crece a los pies del salto de agua. Una humedad relativa que se acerca al punto de saturación facilita que crezca una exuberante vegetación que acabó con mis provisiones de película; esos líquenes que no me canso de fotografiar y que aquí muestra una variedad de tonos magníficos en la suave luz de la niebla matinal. Las aguas, bajo el efecto de la descomposición vegetal, llevan en suspensión una sustancia, tanino se llama, que le da un bello aspecto de jarabe anaranjado; el suelo, donde no es un laberinto de raíces, forma una espesa alfombra de hojas que produce el efecto de estar andando encima de varios colchones de gomaespuma. El bosque chorrea humedad, los verdes son encendidos, lujuriosos. Los cientos de metros cúbicos de agua que se desploman forman sucesiones de cortinas que caen armoniosas solapándose unas a otras y jugando sus encajes con la niebla y con el fondo negro de la roca, descienden increíblemente lentos, el agua se dispersa cientos de metros más allá de la vertical formando un diluvio que riega permanentemente el bosque.
&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTpeT6Y45I/AAAAAAAAAZw/5f-jXK5gsUw/s1600-h/Canaima6.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTpeT6Y45I/AAAAAAAAAZw/5f-jXK5gsUw/s400/Canaima6.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013888992120726418" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Cascada de El Ángel, Canaima, Venezuela&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;/div&gt;&lt;span style=""&gt;
Toda la selva inmediata parece formar parte de esta cascada gigantesca, la masa principal de agua se derrumba envuelta en hilachos de niebla. La vista es fantástica. Los turistas somos una panda de extraños en este paisaje grandioso, jugamos sin penetrar el momento, nos hacemos fotos, nosotros y la cascada, nosotros y el letrero donde se &lt;st1:personname productid="la nombra. Hay" st="on"&gt;la  nombra. Hay&lt;/st1:personname&gt; algo infantil que ronda a los visitantes frente al famoso espectáculo: el documento notarial, el certificado de yo estuve allí.&lt;/span&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Cuando regresamos junto a la embarcación, el pollo a la hoguera estaba en su punto. Después sería descender el río a un velocidad que ponía a prueba los nervios cuando atravesamos los rápidos. Todo el recorrido está rodeado de selva impenetrable sobre la que se yerguen montañas y paredes espectaculares. En el campamento llueve, la torrencial lluvia de la tarde cae visto y no visto con violencia sobre los tejados de zinc.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Al final de la tarde me sumergí en la lectura, César Vallejo y Alejo Carpentier eran mis dos acompañantes de esta expedición. Aquella noche se sustituyó en el campamento el whisky por &lt;st1:personname productid="la guitarra. El" st="on"&gt;la guitarra. El&lt;/st1:personname&gt; resultado era óptimo, las voces de los venezolanos se mezclaban con los ruidos de &lt;st1:personname productid="la selva. Me" st="on"&gt;la selva. Me&lt;/st1:personname&gt; recordaba el ambiente de los refugios italianos allá por los años setenta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTpLz6Y43I/AAAAAAAAAZg/oEyTQjKuVDI/s1600-h/Canaima4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTpLz6Y43I/AAAAAAAAAZg/oEyTQjKuVDI/s400/Canaima4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013888674293146482" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTpLj6Y42I/AAAAAAAAAZY/WDrr70UG3pc/s1600-h/Canaima3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTpLj6Y42I/AAAAAAAAAZY/WDrr70UG3pc/s400/Canaima3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013888669998179170" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Cascada de El Ángel, Canaima Venezuela&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;
&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style=""&gt;Día tercero. &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;Mi cuerpo, que ese día no tenía deseos, durmió junto a la playa y escuchó a Bach mientras miraba cómo las cascadas de Camaima pintaban en el aire bellos arco iris.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Presente continuo en frecuencia de espera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Eché cuentas: dos meses y medios que habíamos salido de casa; entre la semana anterior y aquella había transcurrido un pedazo de los Andes y un trozo de selva. Ahora, la otra selva, la grande, la que baja hasta Manaus y sube hacia el Pacífico, aparecía ante mí&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;como un hermoso sueño que atravesar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Los ríos de América son lentos, no están hechos para nuestras prisas de occidentales. Ni perdidos en la selva deja de oírse el metrónomo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;tic tac tic tac&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;(las notas tienen su tic tac&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;los deseos tienen su tic tac&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;tic tac tic tac.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El viajero tiene su tic tac&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;el Amazonas es largo y tiene mucho agua&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;tic tac.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Mi vida no es un río&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;ni la muerte es un mar,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;tic tac tic tac&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;la muerte no es el mar).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;“Nunca, sino ahora, supe que existía&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;el canto cordial de la distancia”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;La necesidad del metrónomo y la distancia:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;del calor y el frío,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;del tiempo lento de los ríos,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;lentos porque hay rápidos,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;silenciosos porque un estruendo recorre palpitando&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;el corazón del agua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;La síntesis de los contrarios:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;la sangre del tiempo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;fluyendo en la calma mayestática del río dormido,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;la quilla abriendo en canal&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;el espejo sólido en que se miran&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;las nubes y los árboles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El misterio de los caminos extraviados:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Los deseos, mariposas locas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;revoloteando sobre una zapatilla color fosforito&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style="" lang="EN-GB"&gt;(it’s the colour, &lt;st1:city st="on"&gt;&lt;st1:place st="on"&gt;sais&lt;/st1:place&gt;&lt;/st1:city&gt; the japanees).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El color de unos ojos,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;La sonrisa de mi sobrina Alicia&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;el día que hizo su primera comunión,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;que entonces vi en la cara de una niña indígena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Tarde sin deseos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Rasca que te rasca (mosquitos mierderos)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;rasca que te rasca&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;de noche estrellada,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;de espera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;I’m waiting for...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;I don’t know what&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;I’m waiting, nothing more.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Aspetare.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Forse questa notte...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;quizás en el agradable balanceo de la hamaca,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;cuando llegue el silencio&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;y la noche y yo podamos hablar de tú a tú&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;como amigos en la intimidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Quizás.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTpej6Y46I/AAAAAAAAAZ4/as-BjIv6VtA/s1600-h/Canaima7.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTpej6Y46I/AAAAAAAAAZ4/as-BjIv6VtA/s400/Canaima7.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013888996415693730" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTpLT6Y41I/AAAAAAAAAZQ/OiNXNFmpzxo/s1600-h/Canaima2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTpLT6Y41I/AAAAAAAAAZQ/OiNXNFmpzxo/s400/Canaima2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013888665703211858" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;Día cuarto. &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;“Si estaba ahí era por alcanzar el entendimiento de lo grande” (Alejo Carpentier, El acoso)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt; text-align: left;"&gt;&lt;span style=""&gt;La necesidad de lo grande, de lo hermoso corre por las fibras del ser como una corriente encantada que fuera capaz de sacarnos con su llamada de los ciclos de lasa cotidianidad. Cada vez queda menos espacio para lo extraordinario, que se diluyó poco a poco en los caminos de la infancia y juventud; el mundo se estandariza necesariamente y la compañía de la seguridad que aprendimos a llevar a todas partes como condición &lt;i style=""&gt;sine qua non&lt;/i&gt;, mediatiza nuestros movimientos; también el mundo se organiza, varios millones de livingstons y stanleys recorriendo cada día el mundo de un lado para otro termina por disolver el halo mágico del misterio, la aventura se expende en sucedáneos que son a punto la justa servidumbre de nuestro arrogante dominio del mundo: aventura enlatada y descafeinada para todo aquel que disponga de unos pocos dólares.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt; text-align: left;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt; text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTpLz6Y44I/AAAAAAAAAZo/bBmjqVI3_jQ/s1600-h/Canaima5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTpLz6Y44I/AAAAAAAAAZo/bBmjqVI3_jQ/s400/Canaima5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013888674293146498" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Río Carrao, Canaima, Venezuela&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Sigue, no obstante, vigente la cita de Carpentier, el entendimiento de lo grande, si somos capaces de no banalizarlo, puede rondar tanto en las notas de una sinfonía como en el canto del anchuroso río que se deslizaba bajo la lluvia quedo y como de plata en la noche del principio de esta aventura; si somos capaces de meter nuestra carne en la carne de la naturaleza, de la selva; si somos capaces de ver, de oír, de aislarnos en los embates y el fragor del interior de la cascada del Sapo, del turismo organizado; capaces de limpiar nuestros oídos y nuestra mirada, de acercarnos al estado de gracia que exigen los ríos, las selvas, las montañas, los desiertos, para entregarnos al secreto misterio de la naturaleza. Amada por demás que no se entrega como ramera al precio de unos dólares, sino en el amoroso forcejeo de una ternura y una sensualidad sin paliativos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;Quinto día&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;. Mañana de bus. Tras varios días de agua y aire, volvíamos a rodar por &lt;st1:personname productid="la tierra. Sólo" st="on"&gt;la  tierra. Sólo&lt;/st1:personname&gt; faltaba el fuego, el espíritu que activa las otras energías primarias. Lo que está en potencia en nosotros, lo que dormita en nuestro interior, de la misma manera que lo hace el fuego en la médula de un leño, parecía que estuviera aguardando allí el momento de transformarse en espíritu del aire (¿es acaso Ariel, el personaje de La Tormenta, de Shakespeare?).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Nos faltaba el fuego, pero el fuego, como elan, como naturaleza sutil de las cosas, debe ser cosa de uno, no del paisaje, ni del viaje. Quizás pueda ponérsele en el mismo plano que ese otro concepto que de vez en cuando me asalta: gracia, estado de gracia; fuego, disposición anímica para acercarse a la realidad y penetrarla, interpretarla al calor de un empuje interior sensibilizado en el impacto con la realidad exterior. Horas de fuego igual que hay horas de tedio y hastío, periodos de sequedad, jornadas de indiferencia o abulia.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTtcj6Y47I/AAAAAAAAAac/R9lTeFeEW1I/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 100px; height: 81px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTtcj6Y47I/AAAAAAAAAac/R9lTeFeEW1I/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013893360102466482" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTtcj6Y47I/AAAAAAAAAac/R9lTeFeEW1I/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTtcj6Y47I/AAAAAAAAAac/R9lTeFeEW1I/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013893360102466482" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-8442162706677681537?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/8442162706677681537/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=8442162706677681537' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/8442162706677681537'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/8442162706677681537'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2006/12/el-entendimiento-de-lo-grande.html' title='El entendimiento de lo grande'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZTtcj6Y47I/AAAAAAAAAac/R9lTeFeEW1I/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-6629476085900489328</id><published>2006-12-28T11:35:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:25:24.342Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Venezuela'/><title type='text'>Hacia la cascada de El Ángel</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOuxj6Y4zI/AAAAAAAAAY8/cAunyPfVju0/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOuxj6Y4zI/AAAAAAAAAY8/cAunyPfVju0/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013542976670458674" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;VENEZUELA. CANAIMA. 1.&lt;/span&gt; Una ligera tiritona encima era el resultado de dos horas de navegar río arriba bajo &lt;st1:personname productid="la tormenta. El" st="on"&gt;la tormenta. El&lt;/st1:personname&gt; lugar, un campamento en algún indeterminado rincón de la selva a donde llegamos ya con la noche cerrada. La imagen de los tepuyes en negro sobre la niebla azul rasgando el contorno de las laderas, en medio de la lluvia; la embarcación abriendo un violento surco de espuma; algunos relámpagos retumbando en los costados oscuros de las montañas, eran imágenes para las páginas más nobles del álbum de los recuerdos. Un punto culminante entonces en el viaje americano que empezó en Ciudad de Méjico y terminaría en el Machu Pichu.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Primero fueron cuatro horas y media de “Cristo viene ya”, una estrecha carretera al norte de Ciudad Bolívar, con la leyenda del advenimiento de Cristo cada pocos kilómetros, en artísticos carteles de tonos azulados. En esta parte del país en donde no es fácil encontrar un libro, pude observar durante una parada de las de hacer pis a un vendedor de anacardos, mil bolívares la bolsita, leyendo ensimismado una lujosa Biblia de broche metálico encuadernada en cuero. El negocio se atendía solo, el hombre joven leía concentrado. En tiempos como los nuestros Jesús habría optado por planear en el aire del Parque Nacional de Canaima en lugar de pasearse por la superficie del lago Tiberiades. Habría sido una muy buena razón la belleza de estos lugares, aunque no estoy muy seguro de que el Evangelio abogara por razones estéticas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOshD6Y4vI/AAAAAAAAAYM/s0WrvEZdDEM/s1600-h/VENEZUELA++CANAIMA+++003xblog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOshD6Y4vI/AAAAAAAAAYM/s0WrvEZdDEM/s400/VENEZUELA++CANAIMA+++003xblog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013540494179361522" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:78%;" &gt;Canaima, Venezuela&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt; text-align: center;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;La pequeña avioneta que nos llevaba había sido estibada con sandías, dos decenas de gruesas y alargadas sandías hacían de contrapeso a los cuatro pasajeros que volábamos esa mañana. ¡Demonios, cómo se movía el aparato! ¿No recordáis cómo se hace el avión para que el nené de turno se coma la papilla? Pues así y con las tripas mirando con un ojo a los meandros achocolatados y con el otro pendiente de la cordura del piloto que hacía subir y bajar a ese trasto rozando demasiado de cerca para nuestro gusto la superficie plana de un tepui. Los árboles aparecían como repollos sobresaliendo de una inmensa caja de mercado. En la noche supimos alguien nos contó &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;del piloto. Sí hubiera conocido antes su historial, su alias el Caimán, de apellido Madriz, probablemente&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;no habría volado tan tranquilo pese a los abrazos con que nos recibió; vuelo demasiado agitado para mi estómago poco habituado a los sustos de la montaña rusa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOshT6Y4wI/AAAAAAAAAYU/PTMO2qFL1BI/s1600-h/VENEZUELA++CANAIMA+++011zblog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOshT6Y4wI/AAAAAAAAAYU/PTMO2qFL1BI/s400/VENEZUELA++CANAIMA+++011zblog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013540498474328834" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Cascada del Sapo, Canaima, Venezuela&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;La avioneta aterrizó sin novedad en Canaima no sin antes sobrevolar la laguna que enmarca la famosa colección de sus grandes cascadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Nuestro guía, Cristian, era un hombre extravertido y amante incondicional de estos parajes; un buen admirador también de todos los exploradores que se adentraron durante años en las montañas de Canaima. Antes de pegar la hebra frente a un increíble arco iris que nacía en la oscuridad aceitunada del río como un puente de juguete, poniendo su otro pie en un prominente tepui, habíamos atravesado la cascada del Sapo a pie bajo una impresionante cortina de agua. Hay momentos en que no se ve; en que el agua te tira; el fragor es ensordecedor; en algún instante llega a la cintura mientras se aguantan sus embates agarrados a una pasarela de cuerda que se sigue a tientas. Aquello imponía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Tras media hora de navegación río arriba, la embarcación remonta un peligroso rápido liberada de los pasajeros; dentro va nuestro equipaje, me acuerdo tarde del dinero y la documentación que no tuve la precaución de rescatar del macuto. Mientras tanto un camino color canela entreverado de vainilla y chocolate, sigue la orilla arraudalada del río. Esperemos que no haya que buscar el pasaporte en el légamo de los meandros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Sobre el río el cielo se ha cerrado y ha convertido las grandes montañas del fondo en un lóbrego paisaje donde alumbran los flashes de &lt;st1:personname productid="la tormenta. En" st="on"&gt;la  tormenta. En&lt;/st1:personname&gt; el lado opuesto, la sabana, el campo abierto, se estrellan contra dos tepuyes de paredes rigurosamente verticales. Presiento que me he quedado corto con mi provisión de diapositivas: los meandros, las coliflores de los árboles desde el aire, las masas de agua desplomándose, el arco ir&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;is como un raudal de luz naciendo del lecho del río. Hago unas tomas de una de las columnas del arco volando sobre un suelo de rocas y arenas de suave café con leche; después me subo a &lt;st1:personname productid="la embarcación. Comienza" st="on"&gt;la embarcación. Comienza&lt;/st1:personname&gt; a llover; es divertido, sólo llevamos el pantalón corto y el chaleco salvavidas. Sin embargo río arriba el aire se pone pastoso y como de brea. Desde la proa se suman los raudales que escinden la quilla en forma de cortina de agua que terminan cayéndonos encima empuja dos por el viento y la velocidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOshj6Y4xI/AAAAAAAAAYc/t4J_9quQNyU/s1600-h/VENEZUELA++CANAIMA+++016+pppblog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOshj6Y4xI/AAAAAAAAAYc/t4J_9quQNyU/s400/VENEZUELA++CANAIMA+++016+pppblog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013540502769296146" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt; text-align: center;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:78%;" &gt;Canaima, Venezuela&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt; text-align: center;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Apenas deja de llover. Las aguas se han vuelto inquietas con la tormenta; hacia el sur aparece el perfil de nuevas montañas cortadas a tajo sobre la profundidad del río; ancladas más allá de la oscuridad, sobresalen entre los panes de niebla que se agarran a las paredes negras próximas. Los azules se apagaron tras la cortina de agua y ahora son pura gama de grises con una línea clara que flota en el río reflejados por los huecos de luz que se abrieron como un boquete hacia el horizonte. Mientras tanto la temperatura desciende, acabo un carrete de diapositivas, miro resignado al frente, tomo algunas fotografías en blanco y negro; llueve y no me atrevo a echar mano a otro carrete de color. Cristian, nuestro guía, que ha empezado a comprenderme, para en algún momento la embarcación para facilitarme la tarea de algunas tomas. Terminamos haciendo cabriolas para poner un nuevo carrete. El perfil del barquero, sentado sobre la proa, deja una sombra sellada bellamente contra los reflejos simétricos que bailan arriba y debajo de la línea de los árboles. Muy poca luz, pero pruebo, coloco las sombras próximas contra el fondo despejado, junto a las montañas, las compongo de manera que sus formas emerjan como contrapeso de la silueta que se sostiene erguida en la proa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;La cortina de agua describe un arco a la altura de mis ojos. Hace frío. El entorno es impresionante, coincidencia plena de un momento de excepción convocado por los juegos de la tormenta, el motor rompiendo la calma del río, la noche cada vez más noche. Parece increíble estar aquí, en el medio de esta cosa compleja y bella, fría, confiados ciegamente en que un motor siga dando vueltas en medio de la oscuridad acuática, confiando en que en algún recodo el río, de la noche, aparezcan las luces de un campamento, una playa, algo que rompa la duda de que no estamos a merced del río, de la oscuridad, de la selva.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Una ráfaga de agua se nos cuela como un bofetón por encima de la borda. Con noche cerrada, en algún momento la embarcación gira a estribor y se adentra por un río menor, el Aonda; pocos metros más allá, las luces del campamento aparecen diseminadas entre los árboles de la orilla.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOshz6Y4yI/AAAAAAAAAYk/00colLXLeAw/s1600-h/canaima+rio+atardecerblog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOshz6Y4yI/AAAAAAAAAYk/00colLXLeAw/s400/canaima+rio+atardecerblog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013540507064263458" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt; text-align: center;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:78%;" &gt;Canaima, Venezuela&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;La tertulia se prolongaría por mucho tiempo después de &lt;st1:personname productid="la cena. Cristian" st="on"&gt;la cena.  Cristian&lt;/st1:personname&gt; disertaba en inglés delante de su grupo sobre el programa para el día siguiente; lo hacía con manos, ojos, cabeza, con el cuerpo entero; se encontraba en su medio, el rey del mambo. Al rato hace un apartado con nosotros y, aunque le decimos que sí hemos entendido, inicia una nueva charla (socorro!) que poco a poco fue subiendo de tono de tono y se ramificaría hasta el infinito fuera del tema que le había traído a conversar con nosotros. Era incapaz de estarse quieto, subrayaba las palabras, les ponía una tilde de metro y medio de ancho. Todo era extraordinario en sus relatos: un ermitaño lituano de los años cuarenta, que vivió sólo aquí y que él conoció de niño; un topógrafo alemán que midió el tepui que corona el centro de Canaima (setecientos cincuenta kilómetros cuadrados), también solo; algún piloto que se tiraba desde el borde superior de la cascada del Angel y remontaba el vuelo a unos pocos metros del suelo; un duelo entre un piloto de helicóptero y un paracaidista que se rifaban a ver quien era capaz de descender más rápido, uno con el motor apagado y el otro con el paracaídas recogido. Cosas así. Hay que decir que entre historia e historia se llenaba un medio de whisky con hielo. Llegó a formar un numeroso corro a su&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;alrededor mientras seguía indefinidamente metiendo su imaginación en la maquinaria de sus palabras. Me miraba de continuo. Habíamos intercambiado algunos puntos de vista sobre escalada e historias relacionadas con la filosofía de la aventura al principio de la tarde y parecía haberse encontrado con un interlocutor que sabía que le va a comprender. No me soltaba. A última hora era incapaz de terminar los temas, se perdía, el whisky había encendido su facundia intempestiva.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;En algún momento logré evadirme de &lt;st1:personname productid="la conversación. Cristian" st="on"&gt;la conversación. Cristian&lt;/st1:personname&gt; cambió entonces de audiencia, se fue a jugar al dominó con un grupo cercano. Me trajeron una vela. Me ocupé entonces de mis anotaciones de este primer día de aproximación a la cascada de El Ángel. En la mesa de al lado se oía ininterrumpidamente la voz de nuestro guía y el golpeteo desmesurado de las fichas de dominó contra la mesa, mientras más allá la selva, envuelta en una oscuridad betunosa desprendía ruidos de animales y rumor de agua.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOuxj6Y4zI/AAAAAAAAAY8/cAunyPfVju0/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 100px; height: 88px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOuxj6Y4zI/AAAAAAAAAY8/cAunyPfVju0/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013542976670458674" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOuxj6Y4zI/AAAAAAAAAY8/cAunyPfVju0/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 100px; height: 53px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOuxj6Y4zI/AAAAAAAAAY8/cAunyPfVju0/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013542976670458674" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-6629476085900489328?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/6629476085900489328/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=6629476085900489328' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/6629476085900489328'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/6629476085900489328'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2006/12/hacia-la-cascada-de-el-ngel.html' title='Hacia la cascada de El Ángel'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZOuxj6Y4zI/AAAAAAAAAY8/cAunyPfVju0/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-8154332979955280312</id><published>2006-12-27T15:14:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:25:01.640Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mauritania'/><title type='text'>Las dunas de Chinguetti</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKTsz6Y4uI/AAAAAAAAAYA/7iWHC0M4xic/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 148px; height: 29px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKTsz6Y4uI/AAAAAAAAAYA/7iWHC0M4xic/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013231733275419362" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;MAURITANIA. &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;Llovía. Bendita lluvia en mitad del calor de Chinguetti. Llevaba cuatro días viajando ininterrumpidamente. Por fin podía despertarme plácidamente en la terraza cubierta de un albergue donde todo había sido lavado por la lluvia de &lt;st1:personname productid="la noche. Tras" st="on"&gt;la noche. Tras&lt;/st1:personname&gt; dejarme el tren en un páramo de arena salpicado por unas pocas casas misérrimas, tomé un todoterreno a Atar y otro desde allí a Chinguetti. Me encontraba en uno de los parajes más bellos del desierto mauritano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKSBD6Y4sI/AAAAAAAAAXE/T8aTFW0zPYE/s1600-h/Mauritania+49.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKSBD6Y4sI/AAAAAAAAAXE/T8aTFW0zPYE/s400/Mauritania+49.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013229882144514754" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;En la segunda noche la brisa me trae el gemido continuado de un hombre, un orgasmo que, como la voz del almohacín, se propagaba a los cuatro vientos por encima de las casas de barro del pueblo a modo de doloroso reclamo. Era un lamento a veces desgarrador, tan dilatado, tan sin fin, que al rato pensé que no habría hombre que pudiera resistir aquella infernal orgía. &lt;st1:personname st="on"&gt;Lu&lt;/st1:personname&gt;ego especulé con la posibilidad de que se tratara de uno de esos burritos tan usados en todos los países árabes. Sea lo que fuere, la tibieza de la noche era muy propicia para los ejercicios del amor. Reinaba un silencio y una oscuridad absoluta, sólo el gemido semihumano del burrito rompía la tensa quietud del oasis.&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;A la mañana siguiente el encargado del hotel atendió sonriente a mis preguntas sobre el misterio de la noche anterior. Había que viajar, parece, para distinguir los suspiros de un camello enamorado, con los de un hombre, o peor, con los de un humilde burrito, simpático y despreocupado que probablemente lo que quiere es dormir la noche entera de un tirón después del duro trabajo de &lt;st1:personname productid="la jornada. As￭" st="on"&gt;la jornada. Así&lt;/st1:personname&gt; que aquello era llantina de camello o camella; estaban en temporada baja y debían de aburrirse en sus corrales, por lo que pasaban la noche clamando por lo que claman todos los bichos vivientes de este planeta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El desierto, infinitamente dilatado, lleno de calor, con un horizonte ancho como el mar, estaba ahí temprano para mi gozo en una mañana en que la lluvia de la noche había bañado la arena oscureciendo débilmente el manto rubio de las dunas. A los pocos minutos de abandonar Chinguetti sólo el paisaje marino de la arena se extendía a mi alrededor. La superficie, endurecida por el agua, sostenía bien el paso. Era agradable caminar viendo perderse entre las dunas la silueta del camello precedida por el hombre de la túnica azul que lo llevaba de la brida.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKSQT6Y4tI/AAAAAAAAAXM/vnJkK_Y7M7I/s1600-h/Mauritania+53.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKSQT6Y4tI/AAAAAAAAAXM/vnJkK_Y7M7I/s400/Mauritania+53.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013230144137519826" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKSAj6Y4oI/AAAAAAAAAWk/kQ5yqSBI_rw/s1600-h/Mauritania+23.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKSAj6Y4oI/AAAAAAAAAWk/kQ5yqSBI_rw/s400/Mauritania+23.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013229873554580098" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El desierto siempre fue para mí un tema pictórico de extrema belleza; cuando empezamos a internarnos en las dunas mi cámara busca enseguida las curvas, las ondulaciones, los matices, los graciosos y leves rizos en que se transforman los taludes de arena. En esta ocasión ayudaba la luz, una luz difusa que bajaba de un cielo color añil surcado de nubes azules, un cielo muy especial. A esta hora caminar entre las dunas era una actividad agradable que tenía mucho parecido a un paseo por las salas, pongamos por caso, del Museo de Arte abstracto de Cuenca. Todo el desierto era un museo. Junto a las dunas, en largas depresiones, aparecían extensas superficies pedregosas salpicadas de tonalidad esmeralda que alternaban con variados matices de siena y color tabaco. Junto al delicado azulado marino de algunas depresiones llenas de cantos rodados, algo que recordaba a Zobel, aparecían extensiones de ocres que eran a su vez reminiscencias del trabajo de Antoni Tapies. La colección de texturas, muy extensa ya, que recogía desde tiempo atrás con mi cámara fotográfica, se vio notablemente incrementada por la conjunción de una maravillosa luz nacida de la tormenta de la noche sobre la superficie lavada del desierto. Algún día montaré una exposición con ella, haré un libro, algo que aísle los líquenes y las texturas pétreas o vegetales de su entorno para poder así apreciar la menuda belleza que encierra lo pequeño, esas manchas que pueblan las rocas de una buena parte del mundo.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKRXj6Y4nI/AAAAAAAAAWc/WVN7i2PPq88/s1600-h/Mauritania+10.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKRXj6Y4nI/AAAAAAAAAWc/WVN7i2PPq88/s400/Mauritania+10.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013229169179943538" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKSAz6Y4qI/AAAAAAAAAW0/skEjaE9QWx0/s1600-h/Mauritania+45.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKSAz6Y4qI/AAAAAAAAAW0/skEjaE9QWx0/s400/Mauritania+45.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013229877849547426" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;En los diez días anteriores no había hecho más de veinte o treinta tomas, mientras que en media hora de desierto terminé con una buena remesa de carretes. Sumido en mi entusiasmo fotográfico perdí los rastros del camello en el suelo duro de una depresión, así que me tocó andar de un lado para otro, ya con un cierto temor en el cuerpo, a la búsqueda de las huellas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Llegando al oasis, a los pies de un promontorio, se abre un ancho valle salpicado de pequeñas extensiones de una roca azulina poblada por resecas acacias que salpicaban el color ambarino de la arena; mirando a través del visor de la cámara se podían recoger suaves composiciones de tonalidad pastel.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;En el oasis hubo té y siesta obligada bajo la sombra de las palmeras. Volver sería otro cantar. Hubo que caminar bajo un sol inclemente que calentaba la arena hasta abrasar los pies cuando éstos se hundían en las dunas, ahora ya blandas y difíciles de andar. En el último tramo, como a todo se le puede sacar punta y gusto llegado el caso, me vino en ganas darme una fuerte trotada en las cercanías de Cinguetti bajo el sol de fuego, algo que me sugirió la breve carrera que emprendí años ha llegando a la proximidad de la cumbre del Mont Blanc. Sentir el cuerpo hermosamente fuerte y poder experimentarlo era uno de los genuinos placeres de &lt;st1:personname productid="la vida. En" st="on"&gt;la vida. En&lt;/st1:personname&gt; esta ocasión, mis piernas, fortalecidas por mis habituales excursiones a la montaña, funcionaban bien bajo el calor extremo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Abandoné Chinguetti en la reducida caja de un Toyota donde, sentado sobre el equipaje, apenas había sitio para estirar las piernas. Mujeres con amplios y llamativos vestidos amarillos y azules, una niña, un pequeñajo en los brazos, un anciano, yo. El coche corría a ciento veinte por una pista de tierra de la que se levantaba una gran estela de polvo. Una buena velocidad para meditar y reflexionar sobre la vida, pensaba yo. Había comprobado con frecuencia que estos viajes siempre tenían cierto aire atávico. Uno llega a sentirse por encima, siempre mucho más allá de esas corrientes circunstancias locales en las que las preocupaciones cotidianas se bañan. Viajar a esa velocidad sobre la caja de un vehículo pequeño lleno de pasajeros era un significativo ejercicio de ascesis.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKSAz6Y4pI/AAAAAAAAAWs/akPXD5s4oXI/s1600-h/Mauritania+24+blanco+y+negro+mas+contraste.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKSAz6Y4pI/AAAAAAAAAWs/akPXD5s4oXI/s400/Mauritania+24+blanco+y+negro+mas+contraste.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013229877849547410" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKSBD6Y4rI/AAAAAAAAAW8/WV31CCFMROQ/s1600-h/Mauritania+48.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKSBD6Y4rI/AAAAAAAAAW8/WV31CCFMROQ/s400/Mauritania+48.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013229882144514738" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;El coche corría mucho más de lo que debiera, sabía que cualquier pequeño incidente, una rueda, un bache no visto podía hacer que todo terminara en drama, y sin embargo ahí estaba, consciente, lo quisiera o no, de la fragilidad de la vida, que era otra cosa que se aprendía cuando se llevaba una vida elemental. Era inevitable hacer la reflexión de que el hombre moderno, como los faraones del antiguo Egipto, parecía afanarse en exceso por un tiempo que no existía más que en su cabeza. La solidez de las casas que construimos, la riqueza que acumulamos sin mucha razón de ser, nuestros enormes deseos de seguridad, tantos aspectos que parecen querer espantar el hecho de nuestra simple finitud. Ver las chozas de barro, la vida del desierto, esa poca agua que irriga el palmeral, invitaba a hacer una síntesis y a considerar la vida desde su vertiente más simple. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText3" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Esos eran mis pensamientos mientras el fuerte viento de la velocidad me refrescaba el cuerpo. Bajamos una escarpada pendiente dando unos bandazos que me ponía los pelos de punta pese a mi hábito de viajero experimentado. Estabamos en las manos del Altísimo, Alá era bueno. Un par de horas más tarde comía hígado frito con cebolla, sentado a la puerta de un chiringuito. Esa noche dormiría en Nouakchott.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKTsz6Y4uI/AAAAAAAAAYA/7iWHC0M4xic/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 148px; height: 94px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKTsz6Y4uI/AAAAAAAAAYA/7iWHC0M4xic/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013231733275419362" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-8154332979955280312?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/8154332979955280312/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=8154332979955280312' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/8154332979955280312'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/8154332979955280312'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2006/12/chinguetti.html' title='Las dunas de Chinguetti'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RZKTsz6Y4uI/AAAAAAAAAYA/7iWHC0M4xic/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-8033671845084041424</id><published>2006-12-24T17:01:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:24:41.565Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mauritania'/><title type='text'>El tren del desierto</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RY60wz6Y4PI/AAAAAAAAASU/hPkMgNvZCSY/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RY60wz6Y4PI/AAAAAAAAASU/hPkMgNvZCSY/s320/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5012142185971769586" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.25pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.25pt; text-indent: 26.95pt;"&gt;
&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;MAURITANIA. &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;A unos pocos kilómetros de Nouadîbou, la primera población importante que encontré en terreno mauritano, una pequeña construcción de tres muros señalaba la estación del ferrocarril. Un desierto racheado por el viento, una vía de tren y un centenar de metros de arena ocupado por los enseres propios de la supervivencia, entre los que se movían las cabras viajeras y los niños pequeños jugando entre &lt;st1:personname productid="la impedimenta. El" st="on"&gt;la impedimenta. El&lt;/st1:personname&gt; tren, pacientemente esperado entre la una y las tres de la tarde, no paró; pasó a buena marcha sin decir ni mu, dos kilómetros y medio de tren, un orgullo para los mauritanos, el tren más largo del mundo, decían. Transporta mineral de hierro desde el interior del desierto hasta la costa, en Nouadîbou. Quizás el de las once de la noche pare, comentaron unos pasajeros, quizás. En caso contrario habría que esperar al día siguiente o hasta el otro. Paciencia africana, me dije, a ver si aprendemos. En vista de lo cual después de comer un bocadillo, busqué un lugar en el suelo y me eché a dormir entre los hatos de los pasajeros, ocupados muchos de ellos en hacer té y en beberlo a pequeños sorbos. Los versos del Corán se iban desgranando reiterativos y monótonos desde un altoparlante con excesivos decibelios encima. Busqué mis tapones de cera, me los coloqué y, minutos después quedé dormido como un bendito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RY6zJT6Y4KI/AAAAAAAAARY/b6UUlJdeDfA/s1600-h/Mauritania+01+blog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RY6zJT6Y4KI/AAAAAAAAARY/b6UUlJdeDfA/s400/Mauritania+01+blog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5012140407855308962" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Cuando me desperté, mis vecinos, unos beduinos que habían arrimado arena junto a la manta donde yacían para prender unos puñados de carbón, consumían las últimas brasas de un fuego de campaña en cuya picorota la tetera era el centro de atención. Los ritos del té exigían continuos trasvases entre los vasos y la tetera; lo escancian sobre los recipientes como si de sidra se tratara; da una espuma abundante como &lt;st1:personname productid="la cerveza. Un" st="on"&gt;la cerveza. Un&lt;/st1:personname&gt; té dulzón a la menta que quita la sed y hace que la tarde sea un agradable paseo de charla y mirar las dunas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Atardecía. De repente todos los hombres, un centenar acaso, se agruparon en dos largas filas mirando a La Meca e iniciaron sus oraciones sobre la arena con la luz extinguiéndose en el horizonte. Esperaban en la oscuridad la llegada del monstruo de hierro. Aparecieron las estrellas y una débil tira de luna se posaba por encima de los hombres de La Meca que se reclinaban y postraban su cuerpo ante la benignidad del Altísimo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;En la espera ondulada de la tarde&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;arrastra el viento su cabello rubio&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;y ardiente sobre la arena.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;En la espera ondulada de la tarde&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;versos del Corán&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;sombras postradas hacia La Meca&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;cruzan la arena.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;En la espera ondulada de la tarde&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;bajo un cuarto de luna&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;y alguna estrella&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;una larga fila de hombres&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;eleva sus plegarias al Altísimo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;en este tiempo de espera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Al fin, cerca de las doce de la noche el ojo de luz de cíclope del monstruo apareció en la nada de la oscuridad iluminando la masa de pasajeros y sus bultos de color con un poderoso chorro de luz. Transcurrieron varios minutos antes de que la cabecera del tren, dos kilómetros más allá, se detuviera. Después fue orientarse a tientas en la avalancha de los pasajeros, una lucha entre la multitud por conseguir trepar a una de las dos únicas puertas del vagón. Un señor gordo empujaba del culo a su fondona señora esposa, que arremetía la escalada con un peque en el brazo derecho, mientras con el izquierdo trataba de alcanzar un asidero para alzarse sobre el primer escalón, ya ocupado por cuatro o cinco personas. Una lucha desigual en la que ganaban las mujeres, que no se cortaban un pelo en meter sus abundantes cuerpos entre el pelotón que pujaba por alcanzar &lt;st1:personname productid="la puerta. Mientras" st="on"&gt;la puerta. &lt;/st1:personname&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;st1:personname productid="la puerta. Mientras" st="on"&gt;Mientras&lt;/st1:personname&gt; tanto los paquetes pasaban por encima de los pasajeros izados por los que ya habían llegado arriba. Me aposté en medio de la muchedumbre, pero la presión de la masa me podía; el pelotón se movía elástico de un lado para otro como el extremo de una salchicha que sobresaliera del pan a punto de salir disparada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RY6zJT6Y4LI/AAAAAAAAARg/PiPA4R8Ahfw/s1600-h/Mauritania+02+blog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RY6zJT6Y4LI/AAAAAAAAARg/PiPA4R8Ahfw/s400/Mauritania+02+blog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5012140407855308978" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;En ésa estaba cuando divisé en la oscuridad el gorro de un policía asomando por la otra puerta. Dejé de forcejear en la primera y abriéndome paso con mi equipaje, se lancé hacia el gorro que asomaba entre la gente.&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;-&lt;span style="" lang="EN-GB"&gt;¡Premier classe, couchette! &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;¡Premier classe, couchette!&lt;/span&gt;-&lt;span style=""&gt; grité al poli que aparecía junto a la puerta; lo repetía insistentemente convencido de que era el santo y seña necesario para arrogarme el derecho de una litera por encima de centenares de viajeros nativos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RY6zJj6Y4MI/AAAAAAAAARo/aXWYVsR9urU/s1600-h/Mauritania+06+blog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RY6zJj6Y4MI/AAAAAAAAARo/aXWYVsR9urU/s400/Mauritania+06+blog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5012140412150276290" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Me daban ganas de reír pensando en lo que podía ser eso que allí llamaban primera clase. El policía me indicó una puerta al fondo que no había visto hasta ahora. También allí había mogollón de gente, aunque una multitud menos salvaje que la del otro extremo, que lo único que pretendía era ganar un lugar en la superficie diáfana de un vagón de ganado para poder ir sentados. Según me encaramaban a las escaleras me sacudió un hedor a orines que se masticaba. No había ninguna luz en este monstruo de hierro, así que con la linterna en la mano me abrió paso. Torcí a la derecha y me encontré con el estrecho pasillo de un tren convencional, pero con un uso tras de sí de un par de milenios; tampoco el vagón debió ver una escoba en ese tiempo. En los dos primeros compartimentos faltaban algunas de las literas, en ellos se habían instalado ya sendos campamentos en donde los enseres y las personas forman un revoltijo extremadamente colorista a la luz de &lt;st1:personname productid="la linterna. Atravesando" st="on"&gt;la linterna. Atravesando&lt;/st1:personname&gt; dificultosamente entre la gente y sus bártulos con el macuto puesto, terminé asomando la cabeza en un habitáculo en el que parecían estar esperándome. Me señalaron gentilmente la litera de arriba. Se masticaba la arena en el aire, el polvo alfombraba espesamente la superficie de las literas, a las couchettes se le salían los muelles por las tripas, el suelo estaba ocupado por atajos y bultos de todo tipo y condición. Alumbré con la linterna mi litera del gallinero y lo que vi me dio un tanto grima; pero sólo duró unos segundos. El muchacho de enfrente me ofreció enseguida un paquete de klinex a modo de instrumento de limpieza. &lt;st1:personname st="on"&gt;&lt;i style=""&gt;Mer&lt;/i&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;i style=""&gt;çi&lt;/i&gt;, dije, e intenté corresponder a mi compañero con una agradecida sonrisa. Me acomodé. Uufff, &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;había tenido suerte a fin de cuentas. Pasajero de primera clase aunque fuera subido en el palo de un gallinero... estaba en el desierto africano, la cosa no daba para más. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Unos metros más allá de mi compartimento, una masa humana de doscientas o trescientas personas buscaba todavía un trozo de suelo para colocar sus posaderas y sus pertenencias, en un espacio que recordaba los atestados vagones de refugiados o prisioneros de guerra. Cuando a la mañana siguiente bajé a hacer unas fotos de esta segunda clase, tendría alguna dificultad. ¡&lt;i style=""&gt;Monsieur&lt;/i&gt;!, me dijeron desde el fondo, moviendo sig&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;nificativamente las manos, &lt;i style=""&gt;rien de photos&lt;/i&gt;. Pobres pero dignos, mostraban sin dar lugar a dudas su negación a ser fotografiados. Una masa de hombres, mujeres y niños llenaría al completo el suelo. Los vestidos de las mujeres eran una extraña fiesta de color en aquel apelotonamiento humano.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RY6zJj6Y4NI/AAAAAAAAARw/BfpIxqsc3l4/s1600-h/Mauritania+07+blog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RY6zJj6Y4NI/AAAAAAAAARw/BfpIxqsc3l4/s400/Mauritania+07+blog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5012140412150276306" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;
&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Los muelles se hincaban en los riñones. El vagón, a la cola del convoy, daba continuos bandazos, los pasajeros, un decir, hablaron a gritos durante toda la noche... pero no se podía pedir más, me sentía agradablemente instalado para atravesar esos quinientos kilómetros de desierto nocturno. Además, muy previsor yo, no olvidé mi orinal de campaña. Nada más dificultoso que imaginarse dos, tres veces atravesando en la oscuridad por encima del gentío y sus enseres, para dar con el agujero negro de los orines y las deyecciones, que ya me había golpeado la nariz con su aviso de averno tenebroso nada más alcanzar el estribo de la puerta del vagón. Así que con mi botella de agua y mi pipiómetro al lado, contento ya, me dispuse a dormir. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Y dormí como bendito, pese a los muelles y a los bandazos, dentro de la oscuridad neta de ese monstruo que atravesaba la noche del desierto como un fantasma de hierro.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RY6zKD6Y4OI/AAAAAAAAAR4/HdVAgiKIu10/s1600-h/Mauritania+08+blog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RY6zKD6Y4OI/AAAAAAAAAR4/HdVAgiKIu10/s400/Mauritania+08+blog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5012140420740210914" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;Por la mañana, en el patio de butacas, se hacía té, un desayuno improvisado sobre una cocinilla de carbón que se repartía religiosamente entre todos los pasajeros. El té se alternaba con el líquido espeso de una sopa color pardo que bailaba en un barreñillo; el recipiente pasa de unas manos a otras, diez, doce personas. Tras el fresco de la noche, en el ático, el calor empezaba a subir alarmantemente después de las nueve. Me &lt;/span&gt;dirigía a Choum siguiendo el límite fronterizo con Marruecos, un trazado recto dibujado sobre el mapa con un tiralíneas.&lt;/p&gt;
&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 26.95pt;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;span style=""&gt;


&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-8033671845084041424?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/8033671845084041424/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=8033671845084041424' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/8033671845084041424'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/8033671845084041424'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2006/12/el-tren-del-desierto.html' title='El tren del desierto'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RY60wz6Y4PI/AAAAAAAAASU/hPkMgNvZCSY/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-3837709516179261276</id><published>2006-12-20T14:05:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:24:12.912Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='China'/><title type='text'>Changchug fin de trayecto</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYlG7z6Y3mI/AAAAAAAAAL4/Nj_nFPfgz04/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYlG7z6Y3mI/AAAAAAAAAL4/Nj_nFPfgz04/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5010614053787721314" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;TRANSIBERIANO 5. Epílogo. &lt;/span&gt; Diluviaba desde la noche anterior. Por la mañana nos habíamos encontrado con que la ducha no funcionaba. El hotel estaba vacío. Nos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;trasladaron a una suite de un lujo decadente. Baño, sauna, aire acondicionado, salón, vídeo... no faltaba nada. Nos echamos a patear la calle; era un mundo de contrastes esta ciudad; altas vallas y complicados sistemas de reconducción de los peatones pretendían dirigir a los viandantes hacia los pasos a distintos niveles que cruzaban las calles; pero eran los restos de un intento fallido; los responsables municipales debieron desistir enseguida ante la pertinaz costumbre de la población de cruzar la calzada por el primer lugar a mano. Las vallas y los pasos lucían en la calle como una antigualla que recordara un carácter poco dado a doblegarse ante las ordenanzas, centradas en esta parte de Asia, a diferencia de los países occidentales, en organizar el tráfico de los peatones, mucho más que el de los vehículos. Sopesaba lo que podrían ser estas ciudades en el momento en que los chinos pudieran sustituir las bicicletas por un módico utilitario; no habrá entonces ciudad que resista la presión de ese hormiguero humano.
&lt;/span&gt;
&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYlFPT6Y3jI/AAAAAAAAALU/LxY-FzJMb8U/s1600-h/China+Kunming+ciudades+nocturnas+137blog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYlFPT6Y3jI/AAAAAAAAALU/LxY-FzJMb8U/s400/China+Kunming+ciudades+nocturnas+137blog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5010612189771914802" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Un diluvio monzónico nos sorprendió camino del hotel. Hacía un calor delirante; desnudarse y caminar por una barroca suite cargada de largos cortinajes de oscuro terciopelo desgastado, de tapices con representaciones de amanerados floripondios, de esponjosa moquetas color vino burdeos, era tan exótico como imaginarse de Adán en algún salón decimonónico&lt;/span&gt;&lt;span class="MsoCommentReference"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="MsoCommentReference"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;!--[if !supportAnnotations]--&gt;&lt;a class="msocomanchor" id="_anchor_1" onmouseover="msoCommentShow('_anchor_1','_com_1')" onmouseout="msoCommentHide('_com_1')" href="http://www2.blogger.com/post-create.g?blogID=5631396815969272397#_msocom_1" language="JavaScript" name="_msoanchor_1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="display: none;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;. Todo parecía estar dispuesto para inventar algún tipo de diablura. De entre sus muchas excentricidades sobresalía, sin lugar a dudas, una sauna que en seguida me sugirió la posibilidad de algún acto ritual. Era placentero llegar del hervor de la calle y tumbarse desnudo en el ambiente tibio del aire acondicionado y, contemplando ese lujo de puterío, dejarse acariciar por la suavidad de las moquetas, el satén de las colchas, la blandura de los sillones. Me llevé las manos allí abajo; me gustaban, así, llenos de calor; nada más suave que ellos, me decía, y recordaba mis siestas, siempre desnu&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;do por la casa a partir de mitad de mayo; una constante cada primavera que recordaba con placer. En la mano izquierda sostenía el cuaderno del diario, en él aparecían tres o cuatro páginas de árida teoría en torno a ese medio mundo por el que empezábamos a transitar. Repasaba aquellas líneas cuando descubrí una cierta agitación entre mis piernas, retiré el libro; en la punta había una humedad de rocío, una gota brillante asomaba la naricilla en la parte más prominente de mi volcancito. Me llevé la humedad a los labios, me gustaba, era una humedad que se hacía lágrima cuando la ternura y las caricias se congregaban alrededor de mi cuerpo; una hermosa lágrima afloraba entonces, brillante y cristalina, en el medio de su cumbre. La lágrima era viscosa y transparente, reflejaba en su esfera el rectángulo de luz de la ventana, la oscuridad huidiza del fondo de &lt;st1:personname productid="la habitaci￳n. Las" st="on"&gt;la habitación. Las&lt;/st1:personname&gt; lágrimas salían a poquitos y yo las iba recogiendo con la yema del dedo y me las iba llevando a &lt;st1:personname productid="la lengua. A" st="on"&gt;la  lengua. A&lt;/st1:personname&gt; mi volcancito también le gustaba eso, era evidente, se ponía contento, se alzaba un poco y quedaba estirado mirando para arriba como niño que se empinara sobre las puntas de sus pies para mirar más de cerca la cara de papá o mamá.&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Los años habían matizado mi sexualidad hasta convertirla en un pozo de ternura. ¡Qué lástima esa guerra contra el sexo en la que tanto empeño habían puesto siempre popes y moralistas trasnochados! Neuróticos empeñados a fondo en reducirlo, expoliarlo y encerrarlo en una cama bajo cuatro paredes. Ellos, “protegiéndonos” desde el nacimiento de los llamados “estragos” del sexo. El Señor nos coja confesaos...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Continuaba diluviando, más fuerte incluso ahora; se oía el grueso chapoteo lejano. Junto a la cama había una gran ventana, la vista desde ella era fea: fachadas interiores con escaleras de incendios, chatarra, suciedad. Habíamos encontrado el ambiente y el momento preciso para esas labores tranquilas de escribir, leer o darle tiempo al cuerpo para expresarse. Era grato pararse y dejar sedimentar las impresiones, descubrir lo que el presente dejó pasar inadvertido, recrear paisajes o rostros. Y así llegaba el recuerdo de Li Piao; Li Piao sentada en la madrugada en el pasillo del tren, esperando, aguardando a que llegara esa oportunidad que se esfumaba poco a poco con la claridad del alba; Li Piao enfrente sonriendo sin paliativos, ella misma sorprendida, quizás, de ese descaro en una curiosa mezcla de sentimientos que necesitaban recomponerse como las piezas de un puzzle, quieta y sin saber qué hacer (¡es tan limitado un compartimento de tren!)... y el tren acercándose a su destino, irremisiblemente acabando con todas las posibilidades a cada instante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Y como otras tantas veces el tenue calor entre las piernas volvió. En esta ocasión apenas toqué a Li Piao, miré en su lugar a los ojos de la china menuda que encontramos en la frontera; llevaba un gracioso peinado cortado como a tro&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;mpicones. Miré en sus ojos curiosos y vivaces. Y así se me fue un trozo más de tarde entre caricias y miradas. Al final, cuando ya la luz entraba muy tenue en la habitación,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;mi volcancito se convulsionó y organizó una improvisada hecatombe de fuegos artificiales. &lt;st1:personname st="on"&gt;Lu&lt;/st1:personname&gt;ego todo volvió a su sitio. Me doblegaba sumisamente a lo que la tarde y &lt;/span&gt;&lt;span class="MsoCommentReference"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;!--[if !supportAnnotations]--&gt;&lt;a class="msocomanchor" id="_anchor_2" onmouseover="msoCommentShow('_anchor_2','_com_2')" onmouseout="msoCommentHide('_com_2')" href="http://www2.blogger.com/post-create.g?blogID=5631396815969272397#_msocom_2" language="JavaScript" name="_msoanchor_2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="display: none;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;el ánimo me traían. Pensé brevemente en &lt;i style=""&gt;El amante&lt;/i&gt;, de la Duras, amor apenas más allá de la adolescencia, impregnando su cuerpo con la temprana fuerza de la energía primera; el agua convirtiéndose en torrente, remansándose, fluyendo, volviéndose a derrumbar, adaptándose a la pendiente, a la suavidad de las flores, rodeando los cantos y suavizando las aristas; el viento doblando y meciendo el trigo y la cebada, suave y amorosamente; el sol despertando el alma de las cosas. El deseo de conducir mi intimidad a un alejado rincón de mí mismo me fue encerrando de nuevo en los límites de mi cuerpo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;
&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYlFPj6Y3kI/AAAAAAAAALc/xI6pt1UT2cY/s1600-h/china+ddblog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYlFPj6Y3kI/AAAAAAAAALc/xI6pt1UT2cY/s400/china+ddblog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5010612194066882114" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Imposible saber por donde andaban los pensamientos de Berta. Era su día de cumpleaños, pero ninguno de los dos hacíamos ganas para salir a celebrarlo. Al final de la&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;tarde ella debió de considerar que iba a &lt;/span&gt;&lt;span class="MsoCommentReference"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;!--[if !supportAnnotations]--&gt;&lt;a class="msocomanchor" id="_anchor_3" onmouseover="msoCommentShow('_anchor_3','_com_3')" onmouseout="msoCommentHide('_com_3')" href="http://www2.blogger.com/post-create.g?blogID=5631396815969272397#_msocom_3" language="JavaScript" name="_msoanchor_3"&gt;&lt;/a&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="display: none;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;ser difícil sacarme de mi estado de aislamiento y decidió vestirse para ir a por algo de cena; cena de cumpleaños, aunque yo hubiera caído tardiamente en la cuenta de ello. Un rato después oí el resbalón de &lt;st1:personname productid="la puerta. Hice" st="on"&gt;la puerta.  Hice&lt;/st1:personname&gt; un esfuerzo por trasladarme a la otra realidad de la habitación, me agradaba esa intimidad personal que habíamos empezado a disfrutar ambos, amparados en la necesidad de hacer compatible la soledad en este viaje compartido que se prolongaría durante meses. Hoy, mientras la tarde se iba pasito a pasito, ella, al tanto de todo lo que sucedía en el barroco espacio de la habitación, escribía y escribía; imposible no mirar, no ver, no oír. Sucedía de tanto en tanto; mientras uno alimentaba su fuego interior otro podía actuar de testigo mudo de los rumbos que iba tomando &lt;st1:personname productid="la tarde. La" st="on"&gt;la tarde. La&lt;/st1:personname&gt; última vez que tuve conciencia de que estaba allí, sobre el satén rojo de la colcha de la cama en el que un dragón echaba lenguas de fuego amarillo, la luz final del día entraba ya mortecina por la ventana; a ella la tarde se le había ido pasando lentamente entre algunas notas y las páginas de &lt;i style=""&gt;Demonios&lt;/i&gt;, que compartíamos en aquellos días. Dostoievski, desmesurado siempre, sacándoles el alma a sus personajes a cada página; ese Stepan Trofimovich, como un niño entre los dedos de su patrona. Ahora ella se había escurrido misterio&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;samente hacia la calle sin previo aviso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Quince minutos más tarde, los nudillos de Berta golpeaban en la puerta de &lt;st1:personname productid="la suite. Irrumpi￳" st="on"&gt;la suite. Irrumpió&lt;/st1:personname&gt; en la habitación con un pastel en alto cantando el cumpleaños feliz. Caí de golpe en &lt;st1:personname productid="la cuenta. Espera" st="on"&gt;la cuenta. Espera&lt;/st1:personname&gt;, espera, le dije y salí disparado a por la cámara fotográfica. Besos de cumpleaños y sesión obligada de fotos: orgullo de mujer madura, sonrisa pícara apuntando hacia la desnudez del fotógrafo, sensibles los pezones bajo la camiseta verde. Mi volcancito presidió la cena de cumpleaños echado sobre la bandeja como un perrazo a los pies de su amo. Frente a nosotros una mezcla colorista de verduras y oreja de cerdo y un plato de ternera en lajas bañada en una salsa indescifrablemente exquisita. Todo acompañado de cerveza. Mangos de postre. Puse un collar anaranjado a mi volcancito para hacerle participar en el ágape, pero el fruto resbalaba sin remedio y se precipitaba hacia la bandeja de poliuretano. Continuamos la celebración en &lt;st1:personname productid="la cama. Mi" st="on"&gt;la cama. Mi&lt;/st1:personname&gt; chica estaba muy seria y muy tierna. ¡Feliz cumpleaños!, dijo, y alzó un vaso de cerveza en alto.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Después el día se fue terminando entre sorbo y sorbo de té frío.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYlFnj6Y3lI/AAAAAAAAALk/9i1lrLOAEvU/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 232px; height: 93px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYlFnj6Y3lI/AAAAAAAAALk/9i1lrLOAEvU/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5010612606383742546" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div style=""&gt;&lt;!--[if !supportAnnotations]--&gt;  &lt;hr class="msocomoff" align="left"  width="33%" style="font-size:78%;"&gt;  &lt;!--[endif]--&gt;  &lt;div style=""&gt;&lt;!--[if !supportAnnotations]--&gt;  &lt;div id="_com_1" class="msocomtxt" language="JavaScript" onmouseover="msoCommentShow('_anchor_1','_com_1')" onmouseout="msoCommentHide('_com_1')"&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;!--[if !supportAnnotations]--&gt;&lt;a name="_msocom_1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p class="MsoCommentText"&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;span style="'mso-element:field-begin'"&gt;&lt;/span&gt;PAGE \# &amp;quot;'Página: '#'&lt;br /&gt;'&amp;quot;&lt;span class="MsoCommentReference"&gt;&lt;span style="';font-size:8.0pt';"&gt;&lt;span style="'mso-spacerun:yes'"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;span style="'mso-element:field-end'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;span class="MsoCommentReference"&gt;&lt;span style="font-size:8;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=""&gt;&lt;div id="_com_3" class="msocomtxt" language="JavaScript" onmouseover="msoCommentShow('_anchor_3','_com_3')" onmouseout="msoCommentHide('_com_3')"&gt;&lt;p class="MsoCommentText"&gt;
&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--[if !supportAnnotations]--&gt;&lt;/div&gt;  &lt;!--[endif]--&gt;&lt;/div&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-3837709516179261276?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/3837709516179261276/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=3837709516179261276' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3837709516179261276'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3837709516179261276'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2006/12/changchug-fin-de-trayecto.html' title='Changchug fin de trayecto'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYlG7z6Y3mI/AAAAAAAAAL4/Nj_nFPfgz04/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-3653939196495898210</id><published>2006-12-19T10:29:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:23:53.514Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='China'/><title type='text'>Manchuria</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;TRANSIBERIANO 4. &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;Los dos chinos del compartimento demoraron aquella noche en acostarse, era evidente que preparaban algún lance con la chinita de ojos parlanchines. Sus largos parlamentos no parecían tener otro objeto que entretener las horas que les separaba de la noche avanzada, aquella en que sólo el traqueteo suave de la máquina de hierro, como una sonaja guardaba en su interior el sueño profundo de los pasajeros. Me producían envidia aquellos escarceos; miraba a mi timidez con rechifla, como quien tiene que aguantar la cercanía de un acompañante poco simpático para la ocasión y se dedica a hostigarlo con palabras irónicas; luego volvía la cabeza hacia el paisaje y me decía que no debía ser el destino de los tímidos participar en estos juegos que requieren algo más que sobreentendidos y miradas furtivas. ¿Tú qué sabes lo que quiere la chinita, bromeaba yo con Berta durante la cena, a lo mejor va en busca de un occidental estrábico como yo?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYe_rT6Y3dI/AAAAAAAAAKM/bLVSbiAmXqc/s1600-h/China+ciudades+Shenyang+105blog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYe_rT6Y3dI/AAAAAAAAAKM/bLVSbiAmXqc/s400/China+ciudades+Shenyang+105blog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5010183861273419218" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Ella se reía, le excitaba esa mirada cruzada que había descubierto aquella tarde entre Li Piao y yo, el único eslabón hasta ahora que bailaba en mis expectativas y que conseguía que mi sistema nervioso sufriera un cierto estremecimiento cada vez que lo recordaba. Apenas había durado el corto fragmento de unas décimas de segundo, pero no había duda, la medio sonrisa de Li Piao había dejado una ventana abierta; sólo tendría que encontrar &lt;st1:personname productid="la ocasi￳n. Si" st="on"&gt;la ocasión. Si&lt;/st1:personname&gt; es que había tiempo. La velocidad del tren se me antojaba excesiva, probablemente no quedaba más que unas horas por medio; después todo habría sido un sueño. Era medianoche, Li Piao daba conversación a Han, el pasajero gordinflón de la litera superior, y a otros dos más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;A mí me había levantado dolor de cabeza la estúpida partida de ajedrez de después de la cena, así que allí andaba sin hacer nada mirando de hito en hito a esta mujer menuda. Ahora hablaban de cosas serias, su aspecto se había vuelto adusto y circunspecto. A las dos de &lt;st1:personname productid="la ma￱ana Berta" st="on"&gt;la mañana Berta&lt;/st1:personname&gt; todavía leía; yo hacía guardia en la litera de enfrente esperando el desarrollo de los acontecimientos. Movimientos en la retaguardia, el mundo de los sobreentendidos trataba de abrirse paso entre el follaje. El suave traqueteo acompañaba las miradas y los gestos. Cuarto menguante en el cielo, viajábamos envueltos en un apacible balanceo. Berta y yo éramos los únicos ocupantes del compartimento. La luz de la cabecera caía directamente sobre un libro abandonado; entró Han, echó un rápido vistazo al interior: se le puso una sonrisa boba en los labios al comprobar que estaba despierto; cogió la cazadora, hacía frío en el pasillo. Fuera, frente a la puerta,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;se oía el susurro de una voz de mujer. Me incorporé ligeramente&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y le indiqué por señas que podía llamar a su amiga, pero le señalé mi propia litera de manera que no cupiera la menor duda sobre la poca gratuidad de mi ofrecimiento. Han me miró escéptico, entendió rápidamente. Se le fue la cara de broma, movió la cabeza negativamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;La conversación en el pasillo se prologó durante horas en el silencio de &lt;st1:personname productid="la noche. Al" st="on"&gt;la noche. Al&lt;/st1:personname&gt; compartimento llegaba sólo el hilo fino de la voz de un hombre y una mujer. Li Piao y Han aguantaban impertérritos el frío nocturno del corredor. Me pareció estar haciendo guardia en vano. Dos veces más se abrió la puerta del compartimento, la luz procedente del exterior me sacudió en ambas ocasiones en los ojos. Han volvía a echar un vistazo rápido para comprobar si estábamos dormidos. Veía mis ojos, mi gesto invitando a su amiga, volvía a cerrar. Nada. Yo no estaba dispuesto a ceder, si Li Piao entraba, tendrían que compartirla. No sabía cómo, pero eso no importaba de momento. Mi excitación yacía paciente junto a la decidida resolución de &lt;st1:personname productid="la espera. Mi" st="on"&gt;la espera. Mi&lt;/st1:personname&gt; cuerpo había empezado a exudar una ternura perturbadora, el aire estaba saturado de mujer; tenso por la expectativa, podía sentir todo aquello entrando por las ventanas de la nariz con la misma intensidad con que la madreselva era capaz de inundar de fragancia los recuerdos de un pedazo de adolescencia. ¿Y el nombre de aquello? ¿Cuál sería su nombre? ¿Cómo se llamaba eso que llenaba el compartimento con el deseo del cuerpo de Li Piao? Una rendija de luz osciló indecisa en la oscuridad, dos manos que no estaban de acuerdo parecían ejercer una presión contraria sobre el pomo; terminé por levantarme guiado por la luz que se filtraba por &lt;st1:personname productid="la rendija. La" st="on"&gt;la rendija.  La&lt;/st1:personname&gt; puerta quedó libre, la abrí con una resolución que no me reconocía. Enfrente, Li Piao pretendía hacer creer que miraba el paisaje, una primera luz del amanecer que asomaba lívida tras los cristales como cargada con el peso de &lt;st1:personname productid="la indolencia. Hac￭a" st="on"&gt;la  indolencia. Hacía&lt;/st1:personname&gt; frío, ambos guardaban silencio. La tomé del brazo, la invité a pasar al compartimento, la atraje ligeramente hacia dentro, intenté animarla con el gesto. Después supe que habría tenido que ser más resuelto, pero entonces no fui capaz. Li Piao señalaba los extremos del pasillo, como si las puertas dormidas del vagón tuvieran ojos con que ver. Yo sabía que estas situaciones se resuelven de una manera más expeditiva, pero no pude hacer otra cosa. Solté su brazo, Li Piao me dio &lt;st1:personname productid="la espalda. La" st="on"&gt;la espalda. La&lt;/st1:personname&gt; suerte estaba echada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYe_rj6Y3eI/AAAAAAAAAKU/jsUNA1BukeE/s1600-h/china+nblog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYe_rj6Y3eI/AAAAAAAAAKU/jsUNA1BukeE/s400/china+nblog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5010183865568386530" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;
&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Transcurrieron algunos minutos de silencio. El calor me fue arropando definitivamente después de que a una larga espera siguiera el ruido cercano de una puerta que se abría y volvía a cerrarse, después de que se produjera un silencio definitivo en el pasillo. Era la señal de que las circunstancias habían apostado por una noche de soledad; me tend&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;í en la cama, mis sentidos se relajaron, se concentraron sobre mi cuerpo, la espera había concluido. Eran las tres de &lt;st1:personname productid="la ma￱ana. Mi" st="on"&gt;la mañana. Mi&lt;/st1:personname&gt; anhelo quedó a merced del balanceo del tren; tendido anhelante en la oscuridad, escrutaba el camino de las sensaciones que llegaban con su vaivén de olas hasta mi piel. Todavía transcurrió una hora de apacible suavidad. Desde la cama levanté una punta del visillo, un campo verde e inundado se extendía hasta el horizonte. El tren aminoraba la marcha y pasaba lentamente frente a un grupo de peones camineros desarrapados y sucios, que miraban indiferentes el paso del comboy. Apareció un letrero: kilómetro 6579.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;A la siguiente mañana a Shasha no le dio tiempo a pasar el aspirador. Entraba y salía en los compartimentos haciendo balance de la ropa de cama de los pasajeros que bajaban en Harbin; repartía los billetes a los que descendían en la siguiente estación, consultaba una larga lista e iba de un lado para otro con aspecto de persona apurada y cumplidora. Por la mañana, ya sin la intranquilidad de la noche por medio, Li Piao pareció reconciliada con nosotros; se presentó en el compartimento como una buena vecina que se despide en el momento previo a iniciar unas largas vacaciones. En esos instantes cualquier nadería había de servir a la fuerza para hacer evidente una familiaridad que no habíamos sido capaces de alcanzar en días previos. Ahora Li Piao se sentó junto a mí, amparada, eso sí, en la compañía de Han y del otro chino; tenía un aspecto relajado, sonreía. Me miraba pero no quitaba ojo a Berta, pendiente de ella como quien no está segura del terreno que pisa. Mesurar los gestos, mirar fijo, espiar lo que viene. Observar, disfrutar de la proximidad, vivir el chisporroteo eléctrico que resultaba del roce de un brazo, el muslo. Tomé el diccionario de chino; luego miré los piñoncitos de mi chinita —casi como los de un conejito frente a una zanahoria—; todavía —¡gran atrevimiento!— osé pasarle la yema del dedo por la sien; ella sonrió levemente. Sacarle la música al cuerpo; eso fue en la&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;noche anterior. Lo de ahora era cosa de los ojos, de estética, de mujer, de ternura. Harbin. Poco después la despedida fue un desmañado beso en la mejilla y un bye bye en un pasillo atestado de pasajeros que llegaban a su destino. La verdad es que se me llenó el cuerpo de ternura después de que Li Piao descendiera del tren en aquella ciudad de Manchuria.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Todo estaba mojado, discurría un paisaje gris inundado por el agua y el barro. Había, sin embargo, una luz suave y agradable. Harbin quedaba atrás. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYe_QD6Y3cI/AAAAAAAAAKE/huj42wVQ7Lk/s1600-h/china+bicisblog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYe_QD6Y3cI/AAAAAAAAAKE/huj42wVQ7Lk/s400/china+bicisblog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5010183393121983938" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;Por fin había hablado Berta con Shasha. Fue en el andén de Harbin  después de despedirnos de Han, Li Piao y del resto de los compañeros de viaje. Shasha la había sorprendido con una enorme y hermosa sonrisa cuando Berta, muy insegura por el resultado de su gestión, le hizo comprender que quería hacerle una fotografía en su chiringuito; Shasha se demoró algunos minutos antes de aparecer de nuevo en la puerta de su compartimento, ella lo miró encantado, allí estaba, peinado, con corbata, guapísimo, presidiendo con cara de satisfacción las puertas de su feudo. Enseguida comenzó a retirar todo lo que había sobre &lt;st1:personname productid="la mesa. Despu￩s" st="on"&gt;la mesa. Después&lt;/st1:personname&gt; posó sonriente, sentado frente a su mesa de trabajo, con cara de ferroviario responsab&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;le. Berta tuvo que reír tras el objetivo de la cámara para arrancarle una sonrisa. Justo ant&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;es de llegar a Changchung pasó por enésima vez el aspirador al vagón. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Una hora más tarde nos despedíamos con un saludo respetuoso y formal, Shasha nos tendió la&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; mano, sonrió y alzó levemente el brazo en señal de despedida. El tren se puso de inmediato en marcha.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;


&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYe_rj6Y3fI/AAAAAAAAAKc/GtTUlZXbRTs/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYe_rj6Y3fI/AAAAAAAAAKc/GtTUlZXbRTs/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5010183865568386546" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-3653939196495898210?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/3653939196495898210/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=3653939196495898210' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3653939196495898210'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3653939196495898210'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2006/12/manchuria.html' title='Manchuria'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYe_rT6Y3dI/AAAAAAAAAKM/bLVSbiAmXqc/s72-c/China+ciudades+Shenyang+105blog.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-4901061042225474740</id><published>2006-12-18T22:25:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:23:27.314Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rusia'/><title type='text'>Al norte de Mongolia</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYcc5T6Y3bI/AAAAAAAAAJ4/ivDS9GWoCY8/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYcc5T6Y3bI/AAAAAAAAAJ4/ivDS9GWoCY8/s200/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5010004881396260274" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;

&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p style="font-family: trebuchet ms;"&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;EN EL TRANSIBERIANO 3.&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;Ahí estaba de nuevo Shasha pasando el aspirador. Muy serio él, muy ruso. Miguita a miguita, concentrándose en su trabajo. Los chinos, aunque fueran comunistas, no tenían nada que ver con el Shasha de Berta, lo tiraban todo por ahí, eran sucios y desordenados; en cambio su Shasha no dejaba miguita sin recoger, era atento, apagaba el cigarro cuando salía de su chiringuito&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; aunque sólo fuera a abrirle a ella la puerta del baño; su Shasha utilizaba la calculadora concienzudamente y cobraba cuatro rublos con veinte céntimos por el agua mineral, y no cinco como hacía su compañero de bigote caucasiano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYcW7j6Y3YI/AAAAAAAAAJU/rmLDSICk14I/s1600-h/Li+Piao+retratojpgblog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYcW7j6Y3YI/AAAAAAAAAJU/rmLDSICk14I/s400/Li+Piao+retratojpgblog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5009998322981199234" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;Li Piao&lt;/span&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;El día había comenzado enarbolando en el asta la bandera blanca. Mi mente trabajaba despacio, con excesiva pesadez aquella mañana; fui consciente después de recorrer algunas páginas del libro de Bataille. Su &lt;i style=""&gt;Teoría de la religión &lt;/i&gt;se me atragantaba y yo no parecía dispuesto a trabajar en aquel texto como si de &lt;st1:personname productid="la Piedra Roseta" st="on"&gt;la Piedra Roseta&lt;/st1:personname&gt; se tratara; me rendía a la evidencia de que no sería capaz de digerir aquella obra. La figura de la chinita había vuelto a aparecer en el hueco de la ventana que daba al pasillo, sola, seria, demasiado aparentemente concentrada en el paisaje que se movía afuera. Li Piao, se llamaba; rondaba al chino gordinflón que dormía en la litera superior de mi compartimento. Yo no me había fijado en ella hasta la tarde anterior, tenía una dentadura perfecta, su rostro sonreía sin proponérselo; su aspecto oriental, su rostro ovalado y oscuro, el carmín de sus labios subrayando una mirada que más tenía de mujer del sur que de las tierras sept&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;entrionales de China, componían un exótico y placentero cuadro en la mañana de viaje; tenía la misma pose que aquella muchacha de azul frente al mar de Cadaqués, de Dalí. No reprimí el intento de imaginarla con menos ropas de las que llevaba, miraba su cuerpo pequeño, como de niña, la masa clara de la espalda sostenida por unas piernas fuertes y bien moldeadas. Li Piao se apoyaba negligentemente contra la barandilla y hacía que miraba distraídamente el paisaje; sólo unas rápidas ojeada hacia el compartimento, que yo había sorprendido fugazmente en ella, ponían al descubierto su interés por saber en qué momento el chino grandote bajaba de la litera o salía a hacer una excursión por el exterior. Volví al libro de Bataille, eché un vistazo a las páginas que me quedaban por leer&lt;/span&gt;&lt;span class="MsoCommentReference"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;!--[if !supportAnnotations]--&gt;&lt;a class="msocomanchor" id="_anchor_1" onmouseover="msoCommentShow('_anchor_1','_com_1')" onmouseout="msoCommentHide('_com_1')" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5631396815969272397#_msocom_1" language="JavaScript" name="_msoanchor_1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="display: none;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;. No eran muchas, pero no, aun así no continuaría, quizás debería asimilar la idea de que yo pertenecía a esa categoría de disminuidos a los que estaba vedada la comprensión de determinados textos. Ya me había sucedido con Hegel el año anterior.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Mientras tanto, Berta estudiaba sus lecciones de chino; llevaba ya no m&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;enos de cuatro horas pronunciando muy quedamente la grafía de ese idioma. Era las tres de la tarde y el sol que entraba por la ventana recordaba aquel otro de invierno, una caricia para acompañar &lt;st1:personname productid="la digesti￳n. El" st="on"&gt;la digestión.  El&lt;/st1:personname&gt; tren corría a la altura del norte de Mongolia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;La cercanía de Li Piao se hacía cada vez más notoria, en algún momento sentí un ligero desasosiego, lenguaje sin palabras, atisbos de aproximación, ¿cómo encontrarse con el otro, tocarlo, mirarlo? Las voces adquirían una calidad cristalina y magnética.  Llegaban los sonidos como el roce de una sonrisa, ritmo de baile, paisajes lentos como recorriendo con la vista una partitura; así la vida, música, música de muchas voces que sonó, quién sabe, tantas veces, que está en el aire en frecuencias todavía inaudibles esperando a despertar los sentidos agazapados, dormidos. Encontrarse una mañana con un buen pedazo de ternura entre las manos, y volverse como loco en medio de ella; y convertir esa ternura en el motor de nuestra creatividad, las cuerdas de un instrumento que habla y canta en las manos. El campo se adornaba con pequeñas nubes blancas, un rayo de sol. Belleza fugaz. Li Piao pasó y l&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;evantó, deslizó desenfadadamente, un dedo por el borde de la litera de arriba; en su cara había una sonrisa espléndida, pero la litera estaba vacía. El chino de arriba había salido. Se le deshizo la sonrisa en la boca, siguió pasillo adelante. Llegó el chino gordinflón, se distrajo con un mapa y salió de nuevo; se apostó frente a la ventanilla del pasillo, ella estaba un metro más allá pero la oportunidad había pasado, las fuerzas que tuvo que reunir &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;para acercarse a la litera no volvieron. Allí se encontraban uno al lado del otro separados por dos míseros metros de distancia. ¿Cómo entrar ahí, meter el cazo diría yo más gráficamente, en ese plato que se estaba cocinando a fuego lento desde el día anterior frente a mis narices? Demasiados obstáculos para mi timidez, parecía decir mi mirada llena de escepticismo; sin embargo en esta ocasión, sin saber muy bien por qué, me sentí más decidido a hacer cualquier cosa si llegaba el momento propicio. Los kilómetros iban pasando y el fin del viaje se aproximaba con excesiva rapidez. El cuerpo de Li Piao empezaba a convertirse en el motivo suficiente para un viaje en tren que yo no dudaría en prolongar hasta ver en qué paraba mi capacidad de decisión junto a la reacción de la chinita de ojos oscuros y mirada risueña.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYcW7z6Y3ZI/AAAAAAAAAJc/NywnPdcsRe4/s1600-h/aprendiendojpgblog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYcW7z6Y3ZI/AAAAAAAAAJc/NywnPdcsRe4/s400/aprendiendojpgblog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5009998327276166546" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Los días primeros no había notado su presencia en los pasillos, pero desde la tarde anterior su presencia se había hecho ostentosa frente a la ventanilla de nuestro compartimento. Li Piao no lee, no juega, deja pasar ominosamente el tiempo si hacer hada. Atravesamos junto al lago Baikal, el paisaje era ahora de lomas arboladas y grandes prados alpinos con masas de abedules dispersos hacia el horizonte. Desfilaba un ancho río frente a &lt;st1:personname productid="la ventanilla. Record￩" st="on"&gt;la  ventanilla. Recordé&lt;/st1:personname&gt; una película, &lt;i style=""&gt;El imperio de los sentidos&lt;/i&gt;; no había reparado hasta ahora en la fuerza de la palabra imperio. De una manera u otra vivimos bajo los auspicios de algún imperio, me decía. Pensaba oscuramente en aquella película, la muerte en un pozo, la exuberancia de la naturaleza, el sexo, los sentidos. Las pasiones tenían una importancia primera en ese reino de los excesos, la vida  palidecía ante el magnífico fuego primero. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent3" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;El tren se había detenido en la frontera china. Adelantamos los relojes cinco horas y volvimos así a la normalidad horaria. Una larga y tediosa mañana para sortear los trámites burocráticos. Los vagones quedaron varados en una vía muerta; un empleado se había llevado los pasaportes, pasaban las horas y los corrillos de pasajeros parecían reuniones en la plaza del pueblo; un par de turistas paseaban luciendo su indumentaria de calzones cortos y chaqueta de matar tigres. Nadie daba ninguna explicación. Nuestras indagaciones en pos del paradero de los pasaportes fueron infructuosas. Misterio. Quién sabía las horas que podría durar aquello... ¿Estarían en manos seguras nuestra documentación? Los chinos se habían esfumado; un largo edificio se alzaba paralelo al andén de la estación; en su interior corría un largo pasillo al que asomaban puertas tras las cuales parecía que se escondiera algún misterio incomprensible. Quizás transcurrieron tres, cuatro horas. El tren hizo alguna maniobra, retrocedió algunos cientos de metros, cambió de vía, se aproximó hasta los galpones de la estación y volvió a pararse. Todo volvió a &lt;st1:personname productid="la calma. Nos" st="on"&gt;la calma. Nos&lt;/st1:personname&gt; sentamos en un escalón junto a la vía, una muchacha de ojos saltarines se dirigió a nosotros con el consabido &lt;i style=""&gt;where are you from&lt;/i&gt;. Trabajaba en una agencia de viajes en alguna ciudad de Manchuria. Las cosas en China eran así, no teníamos que preocuparnos, nos dijo, cuando le expresamos nuestra preocupación por el paradero de los pasaportes. Una hora después el tren volvía a ponerse en marcha.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;Más allá de la frontera, la grisura de las estaciones rusas fue sustituida por coloristas edificaciones y chiringuitos por donde trajinaba gente animada. Consultamos los horarios de los trenes, ¡ni una palabra en cristiano! Empezaba a confirmarse la sospecha de que el galimatías del idioma podría convertir aquel viaje en un &lt;i style=""&gt;via crucis&lt;/i&gt;. Berta hacía días que había comenzado a hacer sus pinitos con el chino, practicaba el idioma con un grupo de hombres que se pasaban divertidos el diccionario chino-español intentando seguir el hilo de conversaciones rudimentarias. Ella se afanaba en reproducir las inflexiones tonales de algunos vocablos corrientes. La vida cotidiana se había construido sobre la base de unos pocos actos en los que también tenía cabida parte de la comunidad china de los compartimentos vecinos. Berta encontraba maestros pacientes y divertidos que le ayudaban a descifrar las palabras comunes; había empezado a construir fonéticamente un pequeño elenco de frases útiles.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYcXvT6Y3aI/AAAAAAAAAJs/222OtiT7oP8/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYcXvT6Y3aI/AAAAAAAAAJs/222OtiT7oP8/s200/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5009999212039429538" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style=""&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div style=""&gt;&lt;!--[if !supportAnnotations]--&gt;  &lt;hr class="msocomoff" align="left" size="1" width="33%"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-4901061042225474740?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/4901061042225474740/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=4901061042225474740' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/4901061042225474740'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/4901061042225474740'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2006/12/al-norte-de-mongolia.html' title='Al norte de Mongolia'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYcc5T6Y3bI/AAAAAAAAAJ4/ivDS9GWoCY8/s72-c/blanco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-7774831579035255604</id><published>2006-12-18T10:17:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:23:06.377Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rusia'/><title type='text'>Atravesando la taiga</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 1cm; text-align: left;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;
EN EL TRANSIBERIANO. 2. &lt;/span&gt;A la mañana siguiente el paisaje fue más abierto; las masas de abedules se alternaban con los prados, abundaban los pequeños pueblos; se veían motocicletas con sidecar, algunas vacas, un camión destartalado; asomaba también &lt;st1:personname productid="la marisma. La" st="on"&gt;la marisma. La&lt;/st1:personname&gt; irrupción sistemática de lo útil afeaba el paisaje; se maltrata al campo sembrándolo de cemento, torretas, vallas, herrumbre. La historia de este país estaba escrita en las fachadas de las casas de sus pu&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;eblos, la llevaban los hombres y las mujeres reflejadas en sus rostros y en su indumentaria; en la mirada de los niños era posible encontrar todos los desafueros de las últimas décadas, las circunstancias que habían hecho que esto fuera lo que es y no otra cosa. &lt;/span&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 1cm; text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYZsvj6Y3VI/AAAAAAAAAIw/6gTMb6JGrOo/s1600-h/Siashia+blog+retrato.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYZsvj6Y3VI/AAAAAAAAAIw/6gTMb6JGrOo/s400/Siashia+blog+retrato.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5009811199846047058" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;Shasha
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 1cm; text-align: left;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;Mientras tanto, los pensamientos de mi compañera, Berta, parecían navegar por mares de aguas más cál&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;idas, había levantado los ojos del libro y los paseaba por la mañana del campo. Se abrieron las puertas del compartimento y el encargado de servicio del vagón, previo un leve movimiento de cabeza a modo de saludo, se dispuso a dejar en perfecto orden los pocos metros cuadrados del habitáculo. Los otros pasajeros, dos chinos de apetitos sexuales soliviantados por el nada que hacer durante todo el día, perseguían desde la mañana a la noche a dos hembras de su misma nacionalidad en el otro extremo del vagón; con lo que la tranquilidad del lugar era poco menos que total; los chinos, siempre de parranda, sólo aparecían para comer o dormir. El encargado, de uniforme, barría la moqueta, enderezaba los pliegues de los visillos, amontonaba cuidadosamente las mantas en un rincón, recogía los envases vacíos; todo ello con una primorosa meticulosidad. Era un hombre tímido; pese a ostentar la autoridad del lugar, además de la de ser revisor, mozo, ayuda de cámara, no poder evitar desprenderse de una humilde sonrisa que inducía al interlocutor a dirigirse a él con una cortesía impostada y deferente. El rubio intenso de rastrojo castellano iluminado por el último sol del crepúsculo de su cabello, y el azul suave de mar de sus ojos plantados en su cara regordeta de buena persona, habían llamado la atención de Berta desde el mismo momento que pisara el compartimento para revisar la ropa de cama. Ahora, cada vez que se cruzaba con él, no le quitaba ojo; a su chiringuito, un compartimento en la cabecera del vagón, acudía cuando la sed apremiaba o cuando las bolsitas de té se le acababan, o cuando simplemente tenía ganas de mirar su rostro bonachón y regordeto. La tienda-bar, un cuchitril no más grande de dos metros cuadrados, era el reino de Shasha, que así se llamaba este hombre para todo que aquella mañana empujaba con un cepillo las miguitas del suelo hacia el corredor. A ella le encantaba su sonrisa, su aire displicente y modesto, la manera cortés de abrirle la puerta del servicio; apreciaba incluso cuando pasaba el aspirador por el suelo del vagón, la soltura y la meticulosidad con la que lo deslizaba por los alféizares. Con toda seguridad, pensaba yo, a Berta no podía estar dejándole de &lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;pasar por la cabeza la idea de encontrarse cuerpo a cuerpo, como diría Aute, con aquel Shasha. ¿Qué sucedería &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Symbol;color:black;"  &gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;le confesaría ella en algún momento&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Symbol;color:black;"  &gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;si en una ocasión en que le estoy comprando chocolate, mientras se aclara con las cuentas (¡qué torpe es el pobre con el dinero!), le doy un empujón, cierro la puerta y me lo meriendo ahí mismo? Lo mismo me deportan por agresión a un funcionario. Y Berta, con el libro en las manos y la sonrisa tonta de una idea feliz en los labios, se lo comía con los ojos entre bromas y serios. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 1cm; text-align: left;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;La taiga, siempre igual, pasaba sin pausa; prados, pequeños manojos de diminutas flores blancas y amarillas aparecían de vez en cuando, como un descanso para la vista en el desfilar uniforme de los bosques de abedules, los pinos, los abetos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 1cm; text-align: left;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;La cena: pollo frito, sopa deshidratada instantánea, yogur de grosella y té. De vez en cuando el tren atravesaba una estación en penumbras. Hacia una hora que habíamos salido de Novosibrisk; la capital de Siberia se tendía a la orilla del río Obi. Cerca de la una de la madrugada, dos horas después de haber comenzado una partida de ajedrez, intentaba sacudirme de encima la amenaza inminente de un jaque mate. Tras un largo forcejeo, al que siguió un intenso contraataque, me fue posible convertir la amenaza en victoria, valiéndome del subterfugio de darle a comer a las negras un alfíl que parecía andar en el limbo de las filas del contrario. Era un recurso demasiado fácil que había descubierto no hacía mucho; los programadores de la máquina con la que jugaba habían diseñado un programa que no resistía la tentación de indigestarse con una pieza mayor aunque ello les pusiera en situación de un jaque mate en no menos de cuatro o cinco movimientos. Aunque mi yo quedaba halagado cuando la señal roja del jaque mate comenzaba a parpadear sobre el tablero, no dejaba de ser una victoria contaminada por el fácil recurso del engaño.&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 1cm; text-align: left;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;Estaba tan absorto concentrado en la partida de ajedrez, que la luz de la madrugada se había ido disolviendo hasta quedar en un mero hilacho de claridad sobre el horizonte, sin que llegara a apercibirme de una oscuridad en la que apenas podían rescatarse ya las forma de las fichas de ajedrez. El vagón vivía un extraordinario silencio. Desfilaban las siluetas de los abetos, el bosque oscuro; percutía leve la cadencia sobre los raíles; la suavidad de la temperatura era como un perfume filtrándose en &lt;st1:personname productid="la oscuridad. Arrellanado" st="on"&gt;la oscuridad. Arrellanado&lt;/st1:personname&gt; sobre el asiento, con la cabeza vuelta hacia la ventana, recordé una noche en Laponia en la que leía &lt;i style=""&gt;La Isla del Tesoro &lt;/i&gt;frente al foco de la linterna mientras fuera la luz de medianoche del Ártico remontaba el camino de &lt;st1:personname productid="la ma￱ana. Toda" st="on"&gt;la mañana. Toda&lt;/st1:personname&gt; la familia pernoctaba en la pequeña furgoneta. Fue una madrugada mágica que flotaba con intensidad sobre la maraña de &lt;st1:personname productid="la memoria. Apenas" st="on"&gt;la memoria. Apenas&lt;/st1:personname&gt; acaba de despedirse el día cuando ya la luz del sol se alzaba leve envuelta en el traqueteo reiterado de la mañana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 1cm; text-align: left;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYZsvz6Y3WI/AAAAAAAAAI4/HTKOR54aGh0/s1600-h/chinos+blog.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYZsvz6Y3WI/AAAAAAAAAI4/HTKOR54aGh0/s400/chinos+blog.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5009811204141014370" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:black;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;Compañeros de viaje&lt;/span&gt;
&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 1cm; text-align: left;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;Las huertas habían irrumpido frente a la ventanilla engastadas en un paisaje de prados entreverados de arbustos. Consciente de que los otros pasajeros no tardarían en levantarse, traté de dormir; sin embargo la luz se me colaba ya por los párpados. Me cubrí con la manta la cabeza, dormité; me ahogaba, retiré la manta, me volteé, me puse boca abajo; intenté aislarme de los ruidos del compartimento. Fue inútil, siguieron minutos de ajetreo, el tren entero parecía ponerse en movimiento, los pasajeros de arriba discutían, sus risas traspasaban mis oídos; momentos después sentí en el cuello unas salpicaduras, el chino de la litera superior rociaba con su sopa mi cabeza, los sorbidos que hacía para engullir los espaguetis traspasaban el grosor del colchón y penetraban en mis tímpanos como un gargarismo estrambótico producido por una profunda cueva marina. El sueño tiraba de mí con fuerza. En el compartimento no debía de haber ya menos de cinco o seis chinos esa mañana, todos sorbiendo sus respectivas sopas de espaguetis y hablando a voz en grito. Del pasillo llegaban otras voces; el traqueteo me afianzaba sobre el colchón. Quedé transpuesto, me reencontré con un par de sueños de horas antes. Tan pronto en uno cargaba con los esquís sobre los prados de la Pala de San Martino, en las Dolomitas italianas, en la hierba del verano, como me enfrentaba en otro a una pecosa jovencita de aspecto chino-finés de largas trenzas pelirrojas cayéndole por &lt;st1:personname productid="la espalda. En" st="on"&gt;la espalda. En&lt;/st1:personname&gt; esas circunstancias se me ocurrió que podía hacer una excursión. Le miré la cara a la chino-finesa, su rostro inexpresivo no me decía mucho, pero se puso unas bragas negras y entonces me gustó algo más. El sol de mediodía se colaba por las sábanas, un chino me dio un rodillazo mientras las gotas de sopa volvían a caerme desde arriba en el cogote. No entendía por qué coño había traído los esquís a la Pala de San Martino. Como me seguía un grupo de excursionistas disimulé estar buscando algo junto al camino para dejarles pasar, tenía que descifrar ese absurdo en seguida. Estaba dentro de un calor confortable, quizás el chino terminará sentándose en el borde de mi litera, pensé. Volví a los ojos indiferentes de la chino-finesa, imaginé alguna de esas curvas sugerentes que a veces me encontraba en los caminos del deseo; me topé con una en la que sí parecía haber fuerza suficiente para empezar, se elevaba ondulante y atractiva, quizás un tanto indefinida, pero era eficaz, me calentaba el cuerpo. Cerré los ojos con fuerza intentando huir de los sorbidos del chino, el calor me llegaba ahora más arriba y se filtraba por algún lugar de la espina dorsal. Intenté recuperar algunos otros sueños de la noche pero no fui capaz, sólo recordaba el lechoso y largo amanecer sobre los abedules, el tren en silencio, los últimos movimientos del alfil y la reina negros acorralando mi rey en el rincón izquierdo, la sensación de impotencia, la esperanza de un descuido que me permitiera hincar el diente en la yugular de las blancas por un movimiento de mi reina hasta el escaque A4, el punto definitivo que convertiría mi derrota en victoria. Los sueños se habían desvanecido y tenía que apencar con lo único que me quedaba: la muñeca finesa; pero la muñeca chino-finesa no tenía deseos y sus bragas negras eran postizas. Sólo los guarros y aparatosos sorbidos del chino volvieron a sacarme del estancamiento. Oficio de voyeur, juego delicado de los sonidos y combinaciones, fondo de conversaciones, chapoteo delicado en la concavidad oscura de &lt;st1:personname productid="la noche. Los" st="on"&gt;la noche. Los&lt;/st1:personname&gt; puños cerrados, tensos los músculos, la suave lentitud de las imágenes. Tierra de nadie, tiempo de espera, el páramo, el bosque, la luz ahora tenue filtrada por una capa de nubes ligeras; el chino, mi finesa, Berta recogiendo la cama, el revisor en el compartimento de al lado pidiendo el pasaporte. En fin. La evidencia del nuevo día estaba allí, me rendí, tuve que levantarme.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 1cm; text-align: left;"&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 1cm; text-align: left;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYZyLD6Y3XI/AAAAAAAAAJI/PSvrEStmI48/s1600-h/blanco.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYZyLD6Y3XI/AAAAAAAAAJI/PSvrEStmI48/s400/blanco.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5009817169850588530" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;  +&lt;/span&gt; &lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;+&lt;/span&gt; &lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;+&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-7774831579035255604?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/7774831579035255604/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=7774831579035255604' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/7774831579035255604'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/7774831579035255604'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2006/12/oficio-de-voyeur.html' title='Atravesando la taiga'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYZsvj6Y3VI/AAAAAAAAAIw/6gTMb6JGrOo/s72-c/Siashia+blog+retrato.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-5973574305080208264</id><published>2006-12-15T11:35:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:22:36.474Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rusia'/><title type='text'>En el Transiberiano</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-right: 2.25pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;MOSCÚ, PRIMERA ENTREGA&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;. Mi carrera matinal de hoy tuvo el recuerdo recurrente de las líneas que había recibido la noche anterior de mi amiga Marga. Mañana te hablaré &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;de la glucosamina y la condroitina, &lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;decía en el asunto del mensaje. Y es que dos años atrás los traumatólogos, después de observar la resonancia de mi rótula izquierda, me desahuciaron para las actividades de la montaña, tampoco podría correr más, me dijeron. Fue demasiado para mi ánimo, me brotaban las lágrimas cua&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;ndo, paseando por la Casa de Campo, me cruzaba con animosos corredores; suponía abandonar mi&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;s travesías por l&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;os Alpes y Pirineos, mis paseos por la Pedriza, y en particular ese maravilloso reto que había empezado a ser para mí en los últimos cinco años correr en primavera el Maratón de Madrid. Ahora como mucho aspiro a participar en &lt;st1:personname productid="la San Silvestre" st="on"&gt;la San Silvestre&lt;/st1:personname&gt;, de ahí esta asiduidad última de correr a diario todas las mañanas, siempre cuidadosamente con un ojo en el camino y otro en mi rodilla. Marga, que es osteópata, me dice que es posible que vuelva a correr maratones. Que los hados la oigan.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYKeKoxFAgI/AAAAAAAAAG0/zb38JCXZakE/s1600-h/Mosc%C3%BA+blog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYKeKoxFAgI/AAAAAAAAAG0/zb38JCXZakE/s400/Mosc%C3%BA+blog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5008739641168560642" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-right: 2.25pt; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;En Moscú también corría todas las mañanas, los cinco o seis días que permanecimos allí. Recuerdo que hacía un calor insoportable entonces. El día que nos despedimos de Valentina y su marido, los dueños de la casa en donde nos habíamos hospedados, hubo un acto sencillo que nos conmovió; nos pidieron que nos sentáramos con ellos alrededor de una pequella mesa y les acompañáramos en silencio. Permanecimos así durante algunos minutos. Esa f&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;ue su despedida. Su silencio nos deseaba largo y venturoso viaje, seis meses de vagabundear por Asia. Una hora después tomábamos posesión de nuestro compartimento en el Transiberiano. El recorrido hasta Manchuria nos llevaría una semana.&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt; &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-right: 2.25pt; text-indent: 26.95pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;El calor en el interior del compartimento era insoportable; alguna incomprensible ordenanza parecía prescribir el hermetismo de puertas y ventanas. Un enigma, después de todo estábamos en Rusia y no era cosa de ponerse exigentes; de momento esperar y sudar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 1cm;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;El misterio del legendario tren estaba a punto de desmoronarse, aquello se &lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;parecía mucho a los viejos expresos de los años setenta en los que hacía, al principio de las vacaciones de verano, el recorrido Madrid-Port Bou camino de Italia. Únicamente lo diferenciaba el empeño claustrofóbico con que las autoridades ferroviarias mantenían cerradas a cal y canto puertas y ventanas bajo el inclemente sol de la hora de la siesta en un día en que la capital moscovita era arrasada por una ola de calor capaz de acabar con una voluntad de hierro. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 1cm;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYKeKIxFAfI/AAAAAAAAAGs/05P7qlakepA/s1600-h/Valentina++blog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYKeKIxFAfI/AAAAAAAAAGs/05P7qlakepA/s400/Valentina++blog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5008739632578626034" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;l tren dio un tironcito y se puso en marcha. Recordé las tantas veces que había soñado con ese viaje exótico a través de la taiga, cómo entonces mi imaginación dibujaba las largas horas de tren acompañadas de lectura, de mirar el paisaje plano de &lt;st1:personname productid="la estepa. Ahora" st="on"&gt;la estepa. Ahora&lt;/st1:personname&gt; los tiempos del romanticismo habían mermado mi capacidad de asombro y observaba con curiosidad las expectativas de entonces como si aquello hubiera sido soñado por otra persona. Recordaba mi primer largo viaje en tren por la las orillas del Ganges, una apacible tarde cayendo dorado el sol al fondo, el tren semivacío, los campos pasando apacibles junto a &lt;st1:personname productid="la ventanilla. Desde" st="on"&gt;la ventanilla. Desde&lt;/st1:personname&gt; aquel viaje solitario habían transcurrido no menos de quince años, el tiempo suficiente para que nuestros hijos se hicieran mayores y pudiéramos pensar en estrenar la autonomía que se nos había venido encima con su emancipación. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 1cm;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;La temperatura descendió  algo con el movimiento. El tren corrió enseguida por un larguísimo corredor abierto en el bosque, uniforme, igual por cientos de kilómetros. De vez en cuando aparecían en los claros unas pocas casas de madera con tejado de latón oscurecido por los años. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent3"  style="text-align: justify;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;Había tr&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;anscurrido la primera noche, se dormía bien en el tren, el suave traqueteo era como el balanceo de una cuna. La temperatura se mantenía en un punto que hacía agradable la estancia en el compartimento. Mi cuerpo disfrutaba de una admirable tonicidad, y parte de ella se la debía a esa pequeña habitación en la que viajábamos y en la que no faltaban esos detalles que siempre eran de agradecer: una mesa para trabajar junto a una gran ventana, la estantería para los libros, el diván para sestear o leer, la despensa bajo el asiento... Nada faltaba en estos tres metros cuadrados. El tren paraba a horas precisas en lugares donde era posible comprar comida; el agua caliente estaba siempre disponible para acompañar el traqueteo con un té; todas las necesidades parecían cubiertas. Ser lector a tiempo pleno me producía un alivio inesperado.&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent3"  style="text-align: justify;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;Hacía dos años que la muerte de mi madre me había situado en el umbral de un tiempo distinto, y ahora no sabía muy bien qué era lo que tenía que hacer conmigo mismo; muchos de mis proyectos últimos mostraban ese algo de incertidumbre que produce encontrarse delante un pedazo de vida con la convicción de que es el momento de hacer con ella lo que a uno le viene en gana. Entonces, la circunstancia de la muerte de mi madre nos había impelido a emprender un largo viaje al que nosotros nombramos humorísticamente como de reconocimiento, algo así como querer comprobar que efectivamente la tierra daba vueltas o que el estrecho Magallanes no había sufrido grandes percances desde la primera circunnavegación de &lt;st1:personname productid="la Tierra. La" st="on"&gt;la  Tierra. La&lt;/st1:personname&gt; sólida estructura del planeta podría confirmar plenamente los efímeros apresuramientos de nuestras vidas; la perspectiva alumbrada por centenares de horas de viaje quitaría marras a&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt; los pomposos interrogantes con que la orquestación social y la educación habían llenado desde la infancia nuestros cerebros deseosos siempre de trascendencia y culo calentito junto al radiador los meses de invierno. Era el momento de echarse a la vida con los puesto. En aquellas fechas tomamos unos meses de vacaciones y volamos hacia la Patagonia, tierra mítica hasta entonces en cuyo bor&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;de occidental se levantan los Andes con la mole granítica del Fitz Roy presidiendo todos los sueños imposibles de una juventud que definitivamente se había esfumado. Regresamos cuatro meses después; tras los primeros momentos de euforia, pasadas las largas tardes de ver las espléndidas diapositivas del viaje, la aglutinación de los recuerdos en torno a las montañas heladas del archipiélago chileno, los magníficos colores del desierto de Atacama, el mundo idílico surcado de flamencos de los alrededores del Parinacota coronado de sus nieves perpetuas, en fin, la selva del río Beni en Bolivia, los valles del Inti-Illimani y los Jungas... pasado todo eso, entrados de nuevo en la vida cotidiana, en el trabajo, parecía como si los días se transformaran, en aproxima&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;ciones desganadas y cautelosas, hacia la verdad inconfundible del tiempo que se pudre entre las manos, que yo aceptaba con muy mala gana y que parecía sobrellevar con la esperanza de obtener unos pocos réditos, unos pocos proyectos con que alimentar el futuro. En fin, me horrorizaba la comodidad en la que me veía naufragar en esa tierra de nadie que era la llegada a los cincuenta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" face="trebuchet ms" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYKeKoxFAhI/AAAAAAAAAG8/o2z9SzjYFFY/s1600-h/trans+blog.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYKeKoxFAhI/AAAAAAAAAG8/o2z9SzjYFFY/s400/trans+blog.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5008739641168560658" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;Atra&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;vesamos un apacible valle salpicado de casas de madera que se reflejaban en las aguas del río. Atardecía.  Un hilo de neblina cubría las laderas. El tren se balanceaba suavemente con el traqueteo acostumbrado. Acabábamos de dejar atrás los Urales, los dos chinos del compartimento se habían dormido y la débil luz a la cabecera de mi litera alumbraba las primeras páginas de &lt;i style=""&gt;Un héroe de nuestro tiempo&lt;/i&gt;, de Lermontov. El silencio del vagón y las sombras de los abedules pasando ligeras más allá del cristal de la ventana del compartimento invitaban a dejar vagar los pensamientos de aquí para allá. Estábamos en Asia, me decía; pero la idea no me sugería nada en especial, me sentía a gusto, relajado, había disfrutado de un ocio inusitado durante todo el día; ocio que había entretenido en leer y en jugar al ajedrez. Sólo cabía estirarse en la litera entre las sábanas y procurar un sueño relajado. Una apacible manera de atravesar Siberia. Eché una ojeada a la ventana, una medio luna iba y venía por encima de los árboles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm; font-family: trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;La imagen de los pueblos decrépitos que atravesábamos a lo largo del día me servía en esos momentos de reflexión, era inevitable colocar aquella imagen junto a la demencia con que los gobiernos rusos habían gastado durante décadas las rentas de su patrimonio económico y humano en colocarse con EE.UU. a la cabeza del mundo en poderío militar, a la vez que destinaba cantidades irrisorias a sanidad o a la educación; gastaron miles de millones en ejércitos por todo el mundo. Me irritaba la constatación de estos anacronismos; recordé el grito aquel de “Me han robado la vida”, que relataba Carlos Taibo en &lt;i style=""&gt;C&lt;span style=""&gt;risis y cambio en la Europa del Este&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="MsoCommentReference"&gt;&lt;span style=";font-size:8;color:black;"  &gt;&lt;!--[if !supportAnnotations]--&gt;&lt;a class="msocomanchor" id="_anchor_1" onmouseover="msoCommentShow('_anchor_1','_com_1')" onmouseout="msoCommentHide('_com_1')" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5631396815969272397#_msocom_1" language="JavaScript" name="_msoanchor_1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="display: none;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;, y que repitió demencialmente una mujer durante tiempo, a la vuelta de un corto viaje a Alemania. El extremo contraste entre ambos países era demoledor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" face="trebuchet ms" style="text-align: justify; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;Estos caminos de tierra, de rodadas profundas en el barro, los bosques, las aldeas, eran el paisaje de los relatos de Pushkin, Chejov, Gogol, Babel. La nieve, las charreteras de sus militares, los caballos, las posadas, desfilaban por mi memoria con su procesión de lecturas acumuladas. Sin embargo, desde el tren, lo que veía eran aldeanos rudimentarios, casas de madera en condiciones míseras; era difícil imaginar en ese cielo plano los apasionantes personajes de Dostoievski, incluso la enorme dimensión de los espacios en Boris Pasternak y Tolstoi quedaban menguadas en esa reiteración de un paisaje que se repetía a sí mismo por centenares de kilómetros. No, no me gustaban los tejados de cinc, esa invasión de lo feo en el mundo era una plaga de mal gusto. Las afueras de algunas ciudades parecían una colección de contenedores. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1cm; font-family: trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;(Fin de la primera entrega)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 1cm; color: rgb(255, 255, 255);font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style=""&gt;entenares de kilómetros. No, no me gustaban los tejados de cinc, esa invasión de lo feo en el mundo era una plaga de mal gusto. Las afueras de algunas ciudades parecían una colección de contenedores. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;  &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 1cm; color: rgb(255, 255, 255);font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style=""&gt;(Fin de la primera entrega)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div  style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;hr class="msocomoff" align="left"  width="33%" style="font-size:78%;"&gt;  &lt;!--[endif]--&gt;  &lt;div style=""&gt;&lt;!--[if !supportAnnotations]--&gt;  &lt;div id="_com_1" class="msocomtxt" language="JavaScript" onmouseover="msoCommentShow('_anchor_1','_com_1')" onmouseout="msoCommentHide('_com_1')"&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;!--[if !supportAnnotations]--&gt;&lt;a name="_msocom_1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[if !supportAnnotations]--&gt;&lt;/div&gt;  &lt;!--[endif]--&gt;&lt;/div&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-5973574305080208264?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/5973574305080208264/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=5973574305080208264' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/5973574305080208264'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/5973574305080208264'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2006/12/en-el-transiberiano.html' title='En el Transiberiano'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYKeKoxFAgI/AAAAAAAAAG0/zb38JCXZakE/s72-c/Mosc%C3%BA+blog.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-4697026647030723872</id><published>2006-12-14T18:25:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:22:16.605Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Argentina'/><title type='text'>De la mano de Borges y Poe</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-right: 2.25pt; text-indent: 1cm;font-family:trebuchet ms;"&gt;  &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-right: 2.25pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;.&lt;/span&gt;
&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;.&lt;/span&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-right: 2.25pt;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;BARILOCHE, ARGENTINA.&lt;/span&gt; Me levanto, me doy una carrera de media hora —el campo está hermoso en esta mañana ya de invierno—, y un rato después me encuentro sentado frente a la ventana de mi cabaña dispuesto a tomar la decisión de ver a dónde viajo hoy. Antes, mientras hacía reiki, ya me había visto en una madrugada en un rincón de los Andes. Alenté mientras desayunaba mis sensaciones de a&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;quellos días.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.25pt; text-indent: 1cm; font-family: trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En Bariloche terminaba definitivamente el otoño, nuestra primavera de Madrid. Repaso mis anotaciones. También en mi cabaña hace frío; dejo el ordenador y busco el sol que entra ya hasta el fondo de la habitación; me siento en un sillón, ahora ya bañado por la luz matinal, y leo mis notas de entonces. Hacía un frío del carajo en la buhardilla donde dormíamos con la ventana abierta —un capricho que llenaba el cuerpo de rocío y los ojos del brillo de las estrellas—. Un rústico cuarto de baño revestido de madera, el cálido chorro de la ducha, la nieve cayendo despaciosa tras el ventanuco frente a la ducha.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYGYh4xFAcI/AAAAAAAAAGE/GvfO30-IrqU/s1600-h/2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYGYh4xFAcI/AAAAAAAAAGE/GvfO30-IrqU/s400/2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5008451968554041794" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYGYhYxFAbI/AAAAAAAAAF8/pQWQbn_0YJM/s1600-h/1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYGYhYxFAbI/AAAAAAAAAF8/pQWQbn_0YJM/s400/1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5008451959964107186" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 1cm;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 1cm;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span lang="EN-GB"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 1cm;font-family:trebuchet ms;"&gt;  &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 1cm;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;color:black;"  &gt;Por fin, frente a unas tostadas y un té humeante, junto a la estufa de leña de nuestra buhardilla barilochana, podía, descansado, echar la vista atrás. Habíamos viajado durante doce horas continuadas desde el Parque Nacional de Lihue Calel, en la Pampa; distancias increíblemente dilatadas para las que costaba encontrar autobuses que las atravesaran durante el día, con la consecuencia de sólo poder admirar el paisaje en las horas del amanecer y del crepúsculo. Autobuses cómodos como para vivir en ellos, en los que no falta nada y en donde uno se aposentaba como para pasar el resto de sus días en él, soñando, durmiendo o leyendo, como fue mi caso en una gran parte del recorrido. En aquella ocasión era Borges, su relato &lt;i style=""&gt;Pierre Menard, autor del Quijote&lt;/i&gt;. La energía que gasta Borges para inducirnos a aceptar “su realidad” en parecidas condiciones de igualdad que eso otro que llamamos, tan seguros nosotros, curiosamente, también realidad, es bastante superior a aquella de que hace empleo García Márquez, que apenas se molesta en montar el escenario y simplemente nos hace observar que en aquel momento Melquiades atraviesa con su alfombra voladora por el hueco de &lt;st1:personname productid="la ventana. Sin" st="on"&gt;la ventana. Sin&lt;/st1:personname&gt; embargo a ambos terminamos creyéndoles, quizás porque su realidad está más fundamentada que la nuestra, que sólo es cosa de mirar y palpar, como Santo Tomás, mientras que la de ellos se tiene en pie por obra y gracia de un sofisticado mecanismo que aprovecha de la especial característica de nuestro cerebro para interesarse por un relato bien trabado. Pierre Menard escribe el Quijote, y la única diferencia entre él, Cervantes, y cualquiera otro que publique en volúmenes las etapas de su labor es que él resuelve en todo caso perderlas. La creación es una especie de sortilegio que empieza y termina como un fuego fatuo en los límites de nuestro cerebro. En cualquier caso Pierre Menard no puede imaginar el universo sin la interjección de Edgar Allan Poe:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 72pt; text-indent: 1cm; text-align: left;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;color:black;"  &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span  lang="EN-GB" style="color:black;"&gt;Ah, bear in mind this garden was enchanted!&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-size:100%;color:black;"  lang="EN-GB" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 1cm;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Nuestra sed de encantamiento es tal, que desearíamos recluirnos en ese jardín y no salir de él más que &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;para atender a las pedestres cuestiones de la vida práctica. A fin de cuentas, el jardín encantado de nuestra imaginación, aun nutriéndose del mundo externo, tiene la enorme ventaja a su favor de ser nuestro en lo que atañe a su organización y expresión; una creación propia, que por el hecho de serlo alimenta y calma nuestra sed de ser.&lt;i style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 1cm;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Antes de llegar a Bariloche, el autobús había rodado sobre el paisaje desértico de la Patagonia, para entrar más tarde en el Valle Encantado (valles y jardines: ¡acogednos!), en cuyo fondo, el río, acompañado por las masas de los sauces dorados corría encajonado entre farallones de color miel. Llegamos definitivamente a Bariloche cuando caía el regalo de una nieve blanda y navideña, la primera nevada del año.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" face="trebuchet ms" style="margin-right: 2.25pt; text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYGYh4xFAdI/AAAAAAAAAGM/8YW8zpzmnZk/s1600-h/3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYGYh4xFAdI/AAAAAAAAAGM/8YW8zpzmnZk/s400/3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5008451968554041810" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYGYiIxFAeI/AAAAAAAAAGU/CViyEoPzlqY/s1600-h/4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYGYiIxFAeI/AAAAAAAAAGU/CViyEoPzlqY/s400/4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5008451972849009122" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En el hotel buhardilla nos encontramos con Jim, un joven californiano que daba la vuelta al mundo en bicicleta; charlamos hasta caernos muertos de sueño. Las cuatro de la mañana. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 1cm;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La nevada de la noche había dejado el regalo de un hermoso manto blanco en la ciudad y sus alrededores. Como no era cosa de arredrarse, nos abrigamos, metimos unas cuantas cosas en una pequeña mochila y nos fuimos camino de las montañas a dar una vuelta. Una vuelta que se convertiría en una marcha de seis horas a través de la nieve valle del Challhuaco arriba hasta llegar al refugio de Neumeyer, un edificio de madera con dos de sus fachadas cubiertas por una enorme cristalera. Estábamos en medio del Parque Nacional de Nahuel Huapi, un paraíso sembrado de montañas nevadas y lagos de ensueño.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 1cm;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El final de la tarde transcurrió entre mate y mate al calor de la estufa donde se secaban humeantes nuestras botas; al estudiante californiano se sumó un fotógrafo argentino; la tertulia se prolongo nuevamente hasta entrada la madrugada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" face="trebuchet ms" style="text-indent: 1cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Al día siguiente aprovecharíamos un día de sol para pasear por el bosque de Llao Llao. Arrayanes, ñires, un ejemplar de amancay. La luz llegaba débilmente hasta los arrayanes, pero aún así ello no impediría hacer alguna excelente toma de ese rincón de ensueño.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 1cm; font-family: trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De aquellos días recuerdo esa curiosa necesidad de contar cada noche en largos correos a nuestros hijos las cosas tontas que pasaban a lo largo del día: ese brillo de la mañana sobre las laderas nevadas, las nubes que cabalgaban alargadas sobre el fondo quebrado del lago, la nieve sedosa y mórbida graciosamente asentada sobre las ramas y las rocas.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style=";font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"  &gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;De aquellos días recuerdo esa curiosa necesidad de contar cada noche en largos correos a nuestros hijos las cosas tontas que pasaban a lo largo del día: ese brillo de la mañana sobre las laderas nevadas, las nubes que cabalgaban alargadas sobre el fondo quebrado del lago, la nieve sedosa y mórbida graciosamente asentada sobre las ramas y las rocas.&lt;/span&gt;
&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;..&lt;/span&gt;
&lt;/span&gt;
&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-4697026647030723872?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/4697026647030723872/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=4697026647030723872' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/4697026647030723872'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/4697026647030723872'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2006/12/bariloche.html' title='De la mano de Borges y Poe'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RYGYh4xFAcI/AAAAAAAAAGE/GvfO30-IrqU/s72-c/2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-3276916278908625131</id><published>2006-12-13T11:34:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:21:53.711Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Irlanda'/><title type='text'>Recuperar el pasado.</title><content type='html'>&lt;span style=";font-family:trebuchet ms;font-size:100%;"  &gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:100%;" &gt;IRLANDA Y PESSOA&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:100%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Es necesario poder rescatar de la memoria, o incluso de lo que ya ni siquiera está en la memoria, y que acaso sí dejamos escrito en algún lado, un viejo cuaderno, un disco duro, o si no reflejado en algunas instantáneas, porque llegarán días, intensos momentos que van a depender de que tengamos a mano un buen trozo de pasado que mirar y redescubrir; hechos y circunstancias con que congratularnos y pasar la tarde como quien lo hace junto a su enamorada; algo que va a depender de que tengamos a mano un buen trozo de nuestra propia existencia. Enamorados de nosotros mismos, viviéndonos en la intensidad del presente con los réditos de nuestra propia existencia pasada. Y es que nuestra atareada vida, la falta de conciencia con que vivimos, necesita de ese &lt;i&gt;feet back&lt;/i&gt; sin cuya concurrencia nos estaremos perdiendo el gusto de apreciar lo que somos y hemos vivido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RX_mMIxFAWI/AAAAAAAAAFA/0_aIxunVgv4/s1600-h/Irlanda+Cong+.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5007974406845432162" style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RX_mMIxFAWI/AAAAAAAAAFA/0_aIxunVgv4/s400/Irlanda+Cong+.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;No es que sea partidario de conservar, ese desván repleto de trastos que no sirven para nada, esa cantidad de objetos que guardamos “por si acaso”; no, no es el caso, se trata de recuperar la densa plenitud que recorrió en algún momento nuestro organismo, las vivencias que dieron consistencia a lo que somos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Por ello deberíamos caminar dos paso hacia adelante y uno para atrás, a fin de ir recogiendo de nosotros mismos las instancias y las iluminaciones que no fuimos capaces de digerir en su momento. La conciencia del yo abastecida por la propia autoconciencia del pasado que no fue suficientemente tenido en cuenta; profundización en nuestro ser diacrónico para llegar a un mayor entendimiento de nuestra realidad.&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RX_mkYxFAXI/AAAAAAAAAFI/VfncgvBldiE/s1600-h/1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5007974823457259890" style="margin: 0px auto 10px; display: block; cursor: pointer; text-align: center;" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RX_mkYxFAXI/AAAAAAAAAFI/VfncgvBldiE/s400/1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RX_mkoxFAYI/AAAAAAAAAFQ/xm9D7GN0GDY/s1600-h/Irlanda+Kilrash.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5007974827752227202" style="margin: 0px auto 10px; display: block; cursor: pointer; text-align: center;" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RX_mkoxFAYI/AAAAAAAAAFQ/xm9D7GN0GDY/s400/Irlanda+Kilrash.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Algo de esto tiene el ejercicio de estas páginas, y a ello me dedico hurgando en los libros. Hoy, por ejemplo, leo a mi hijo menor, Mario, en una lejana correspondencia, un día que viajábamos por Irlanda y recibía de él correos sin pies ni cabeza, y que ahora, después de años, miro de otra manera reconociendo que tenía toda la razón de un santo. Esto leía en un correo: “No entendéis nada, chicos (nosotros, sus padres. Respondía en su carta a nuestro requerimiento de que no fuera tan críptico, y tratara de ser más ordenado en su escritura),&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; yo no escribo filosofía, no escribo poesía, no escribo relato, ni siquiera escribo para entenderlo. Cuando escribo de esa manera es porque me entra un yuyu de escritura no pensada. Voy andando, el estómago me oprime, llego a la sala de informática, espero impaciente a que se encienda el ordenador, y una vez puedo empezar escribo a una velocidad que no me permite pensar demasiado en lo que digo. Escribo para desahogarme”. Era eso, por entonces corría por su interior tan salvaje corriente que su escritura no podía corresponder más que a la fuerza del vivir, sin tener apenas en cuenta el contenido de esa misma vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A veces no necesitaremos recordar hechos concretos, bastará reconocer la fuerza de que estábamos imbuidos. Esa es la esencia de nuestra realidad buscada: recuperar no tanto los hechos como las emociones y las sensaciones. Ejercicio nada fácil que requiere no tanto hacer algo en concreto como “ponerse en condiciones de”. Ponerse en “condiciones de” y esperar pacientemente, tirando del hilo, despacio pero teniendo firme la presa, tirante el sedal para que no se nos escape la pesca. ¿No sucede así con esas sensaciones que se nos acercan inesperadamente trayéndonos un trozo de emoción, una erección, un recuerdo grato, una intuición con&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; la que haremos un poema o fabricaremos una carta para un amigo? ¿No son esos maravillosos regalos de la naturaleza los que hay que aprovechar?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Quizás uno de los beneficios más notorios del hecho de viajar sea esta recurrente posibilidad de cerrar los ojos y encontrarse en el otoño de Killarney, Ballyburnion, Cong, Westport, Dublín, Cork en un esplendido mes de noviembre, rodeado, por demás, a cada momento, por la gente amable que habita esta isla. Pessoa, que era un pesimista iluminado, decía que “la verdadera experiencia consiste en restringir el contacto con la realidad y aumentar el análisis de ese contacto”. A Pessoa le gustaba atesorar sensaciones, es lo mejor que tenemos, decía; pero Pessoa apenas se movió de Lisboa; restringir la experiencia nos empobrece. Su &lt;i&gt;Libro del desasosiego&lt;/i&gt; habría sido todavía más luminoso si hubiera podido vivir en Irlanda una larga temporada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;
&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-3276916278908625131?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/3276916278908625131/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=3276916278908625131' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3276916278908625131'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5631396815969272397/posts/default/3276916278908625131'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/2006/12/recuperar-el-pasado.html' title='Recuperar el pasado.'/><author><name>Alberto de la Madrid</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/TDsu0Qs2zOI/AAAAAAAAmpE/moA3q_GMJCg/S220/Albertoww.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RX_mMIxFAWI/AAAAAAAAAFA/0_aIxunVgv4/s72-c/Irlanda+Cong+.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5631396815969272397.post-7549195848756016410</id><published>2006-12-11T12:47:00.001Z</published><updated>2008-04-13T18:21:27.313Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Irlanda'/><title type='text'>De la luz y la ceguera</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: left;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;IRLANDA.&lt;/span&gt; También allí era &lt;a href="http://elchorrillo.blogspot.com/"&gt;otoño&lt;/a&gt;. Tras un viaje de medio año que, comenzado en Moscú, atravesado Siberia y China, y, visitados los lugares notables de Bangla Desh, India, Nepal e Irán, terminó, tras un vuelo entre la isla de Bahrein, en el Golfo Pérsico, y las tierras irlandesas, dejándonos en medio de un otoño espléndido, en donde nos esperaba &lt;st1:personname st="on"&gt;Guille&lt;/st1:personname&gt;, nuestro hijo mayor. Con él y sus amigos Maru y Alberto recorreríamos este país de gente amable y tierras nervadas, entonces, por el esplendor de los colores que preceden al invierno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RX1T15v1HYI/AAAAAAAAADo/SFEsKC1pSZY/s1600-h/Irlanda+copia.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RX1T15v1HYI/AAAAAAAAADo/SFEsKC1pSZY/s400/Irlanda+copia.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5007250546205465986" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-right: -1.5pt; text-align: left;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Allá no sorprendió una mañana esta carretera enlucida por el agua que la tormenta había dejado tras de sí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-right: -1.5pt; text-align: left;font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y se hizo la luz, y la luz habitó entre nosotros. Y la luz tapizaba las carreteras de Irlanda; el asfalto, un rayo luminoso de otoño que culebreaba por el medio de la mañana co&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;mo buscando al final de sus ond&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;ulaciones un trozo de mar brillante en donde zambullir esta repentina efervescencia de lúmenes bailoteando sobre su superficie rugosa y oscura, ronroneaba bajo los neumáticos. Era grato embarcarse en la mañana sobre cuatro ruedas y salir a la caza de la luz, la luz sedosa, la luz dura, la luz despertando desde el asfalto y escurriéndose hacia los bosques para instalarse en las ramas &lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RX2C4Zv1HZI/AAAAAAAAAD0/4h0Xc8O0_B8/s1600-h/Irlanda+Dingle+fachadas+colores+texturas+0159aaa.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RX2C4Zv1HZI/AAAAAAAAAD0/4h0Xc8O0_B8/s400/Irlanda+Dingle+fachadas+colores+texturas+0159aaa.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5007302266201644434" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;desnudas;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; la luz dibujando &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;sombras espectrales rigurosamente oscuras sobre la mancha neu&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;tra del cielo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p  style="text-align: left;font-family:trebuchet ms;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Recordaba&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;i style=""&gt;Ensayo sobre la ceguera&lt;/i&gt;; Saramago convirtió la ceguera en una sobreabundancia de luz, la luz desapareció sobre los ojos del mundo para hacerse un mar de leche indistinto. Es una idea imposible, tan imposible como que Vivaldo, —el personaje &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RX2C45v1HaI/AAAAAAAAAD8/Zv7gW3I1B4g/s1600-h/Irlanda+Dingle+colores+0160a.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_pYO216L2NYs/RX2C45v1HaI/AAAAAAAAAD8/Zv7gW3I1B4g/s400/Irlanda+Dingle+colores+0160a.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5007302274791579042" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;de &lt;i style=""&gt;A&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i&gt;nother Country&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, en la novela de Baldwin, que leía en estos días—, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;se pase una &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;noche en la cama de Eric. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La luz debe iluminar para ser luz, debe matizar las ondulaciones de asfalto que&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; yo apreté, unas sobre otras, con mi zoom para aproximar lo lejano y jugar con las distancias; la luz debe poder jugar en la superficie de sales de plata al ritmo que se le marque. No, la luz no puede ser ciega. Saramago debió de equivocarse al pintarla como fondo por donde &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;se mueven todos sus ciegos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5631396815969272397-7549195848756016410?l=elchorrilloworld.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elchorrilloworld.blogspot.com/feeds/7549195848756016410/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5631396815969272397&amp;postID=7549195848756016410' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/f
